Japón, siglo XVII.
Miyamoto Musashi, el espadachín invicto, sabía que no se nace fuerte: uno se forja.
Dormía sobre suelos de madera, comía lo necesario y viajaba largas distancias a pie para fortalecer cuerpo y mente.
Musashi practicaba 鍛 (Tan):
ponerse a sí mismo bajo el fuego de la incomodidad y el martillo de la disciplina, como el acero que solo se vuelve irrompible tras ser golpeado y templado.
No entrenaba solo la espada.
Estudiaba caligrafía, pintura y estrategia militar.
Porque para él, forjar el carácter era igual de importante que afilar el acero.
Sabía que la comodidad es el óxido del espíritu.
La disciplina, su fragua.

No esperes que la vida te temple por accidente.
Búsca tú mismo el fuego, el martillo y el yunque.
La verdadera fuerza nace en el calor de las pruebas y en el filo de la incomodidad.
Tomado de la web
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