lunes, 18 de agosto de 2025

Japón, siglo XVII.




 Japón, siglo XVII.

Miyamoto Musashi, el espadachín invicto, sabía que no se nace fuerte: uno se forja.
Incluso después de vencer en más de 60 duelos, seguía entrenando cada día.
Dormía sobre suelos de madera, comía lo necesario y viajaba largas distancias a pie para fortalecer cuerpo y mente.
Musashi practicaba 鍛 (Tan):
ponerse a sí mismo bajo el fuego de la incomodidad y el martillo de la disciplina, como el acero que solo se vuelve irrompible tras ser golpeado y templado.
No entrenaba solo la espada.
Estudiaba caligrafía, pintura y estrategia militar.
Porque para él, forjar el carácter era igual de importante que afilar el acero.
Sabía que la comodidad es el óxido del espíritu.
La disciplina, su fragua.
💡 Enseñanza:
No esperes que la vida te temple por accidente.
Búsca tú mismo el fuego, el martillo y el yunque.
La verdadera fuerza nace en el calor de las pruebas y en el filo de la incomodidad.
Tomado de la web

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