jueves, 31 de julio de 2025

Calígula, el insomne (37-41 d. C.)

 




Calígula, el insomne (37-41 d. C.)

Más allá́ de los excéntricos caprichos por los que es recordado hoy –como pretender nombrar cónsul a su caballo preferido, Incitatus–, Calígula, sucesor de Tiberio, fue retratado por los cronistas Suetonio y Dion Casio como un auténtico psicópata criminal. Hay que decir, sin embargo, que ninguno de los dos fue coetáneo del monarca y es muy posible que sus narraciones fueran tendenciosas.  

Emperador a los veinticuatro años, Calígula padecía insomnio. Según los relatos de Suetonio, apenas lograba dormir tres horas y se pasaba las noches recorriendo los pasillos de su palacio mientras invocaba la llegada de la luz diurna. Al poco de alcanzar el poder, cayó gravemente enfermo debido, dicen, a su vida de excesos, como sus famosas bacanales, donde las mujeres sufrían todo tipo de agresiones y perversiones sexuales. Logró recuperarse, pero, cuando lo hizo, su carácter había empeorado: una de sus primeras órdenes fue la de ejecutar a una serie de personas que habían ofrecido sus vidas a los dioses si el emperador recobraba la salud –lo prometido es deuda, ¿no?–.  

Calígula se consideraba a sí mismo una deidad, y construyó tres templos en su propio honor. Veía conspiraciones por todas partes y se deleitaba contemplando la tortura y la ejecución de aquellos a quienes, de modo preventivo, decidía señalar. Ejemplo de paranoia autocumplida, murió́ apuñalado por una conspiración de senadores y pretorianos sublevados contra su tiranía.

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