Un descubrimiento sorprendente podría cambiar lo que sabemos de nuestros orígenes. Investigadores han analizado el cráneo de una niña que vivió hace más de 100 mil años en la cueva de Skhul, en Israel, y los resultados son desconcertantes: su anatomía muestra una mezcla de rasgos de Homo sapiens y de neandertales.
Los escáneres revelaron que la bóveda craneal es típica de los humanos modernos, pero su mandíbula y estructuras internas, como el oído y algunos vasos cerebrales, recuerdan claramente a los neandertales. Este “mosaico” de características ha llevado a los científicos a pensar que podría tratarse de uno de los híbridos más antiguos jamás encontrados, una niña nacida de la unión entre dos especies que convivieron durante miles de años.
Aunque aún no se cuenta con análisis genéticos que lo confirmen, la evidencia encaja con lo que ya sabemos: los Homo sapiens y los neandertales no solo compartieron territorio, sino también descendencia. Hoy en día, los estudios genómicos demuestran que entre un 2 % y un 4 % del ADN de los humanos modernos fuera de África proviene de los neandertales, una huella biológica que todavía llevamos en nuestras células.
La región donde se halló este cráneo, el Levante mediterráneo, fue un auténtico puente entre poblaciones antiguas. Allí se cruzaron culturas, costumbres y genes. Si esta hipótesis se confirma, estaríamos ante una prueba tangible de que nuestra especie no surgió de un solo linaje puro, sino de una fusión de encuentros y mezclas que definieron lo que somos hoy.
Este hallazgo nos recuerda que la historia humana es mucho más compleja de lo que creemos. Somos herederos de un pasado compartido con otras especies, y este cráneo infantil, silencioso pero revelador, podría ser una de las pruebas más antiguas de esa unión.
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