martes, 19 de agosto de 2025

ÚLCERA HERPÉTICA CORNEAL: LA AMENAZA SILENCIOSA QUE PONE EN RIESGO LA VISIÓN




ÚLCERA HERPÉTICA CORNEAL: LA AMENAZA SILENCIOSA QUE PONE EN RIESGO LA VISIÓN
La úlcera herpética corneal es una infección ocular grave provocada por el virus herpes simple tipo 1 (VHS-1), el mismo que comúnmente causa lesiones en los labios. Cuando este virus afecta a la córnea —la capa transparente y delicada que cubre la parte frontal del ojo— puede desencadenar una inflamación progresiva que daña el tejido y deja cicatrices permanentes. Dado que la córnea es esencial para la refracción de la luz y la nitidez de la visión, cualquier lesión en su superficie puede traducirse en pérdida visual significativa e incluso ceguera si no se trata a tiempo.
El VHS-1 tiene la capacidad de permanecer en estado latente en el organismo, alojado en los ganglios nerviosos tras la primera infección. Bajo ciertas condiciones como estrés, fiebre, exposición intensa al sol, traumatismos o una disminución de las defensas inmunológicas, el virus puede reactivarse y migrar hacia el ojo, provocando lesiones recurrentes. Esta recurrencia es la principal característica de la enfermedad y explica por qué muchos pacientes presentan episodios repetidos a lo largo de su vida.
Los síntomas iniciales incluyen enrojecimiento ocular, dolor, sensación de cuerpo extraño, lagrimeo excesivo y fotofobia (molestia intensa a la luz). A medida que la infección progresa, la córnea desarrolla una úlcera con un patrón característico en forma de árbol o “dendrítico”, visible al examinar el ojo con tinciones especiales y lámpara de hendidura. En fases más avanzadas, la inflamación puede profundizarse, comprometer capas más internas de la córnea y dejar cicatrices que reducen de manera irreversible la transparencia del tejido.
El diagnóstico es principalmente clínico, basado en la exploración oftalmológica, aunque en casos atípicos pueden realizarse pruebas virológicas para confirmar la presencia del VHS-1. La identificación temprana es crucial, pues un tratamiento inadecuado, como el uso de corticoides sin control especializado, puede agravar la infección y acelerar el daño corneal.
El tratamiento se centra en el uso de antivirales tópicos o sistémicos, como el aciclovir, que limitan la replicación viral y ayudan a controlar los brotes. En algunos pacientes se prescriben tratamientos profilácticos a largo plazo para reducir la frecuencia de recurrencias. Cuando ya existen cicatrices extensas o pérdida visual severa, el trasplante de córnea puede ser la única opción para restaurar la visión, aunque el riesgo de recurrencia del virus persiste incluso en el tejido trasplantado.
La úlcera herpética corneal es un recordatorio de cómo un virus aparentemente banal, asociado a lesiones labiales comunes, puede transformarse en una amenaza silenciosa para uno de los sentidos más preciados: la vista. La clave está en la prevención de las recurrencias, el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno. Proteger los ojos significa proteger la ventana misma con la que nos relacionamos con el mundo, y entender que incluso los virus más comunes pueden tener consecuencias profundas cuando alcanzan territorios tan delicados como la córnea.
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