martes, 19 de agosto de 2025

Hace más de un milenio, cuando el sol bañaba con oro las tierras sagradas de Tollan




 Hace más de un milenio, cuando el sol bañaba con oro las tierras sagradas de Tollan, la majestuosa capital de los toltecas (hoy Tula, Hidalgo), el destino quiso revelar uno de sus secretos mejor guardados a un noble de espíritu curioso: Papantzin.

🌵 Durante una caminata matutina por sus huertos de magueyes, Papantzin notó una escena peculiar. Un tlacuache, animal considerado sabio por muchas culturas mesoamericanas, descendía con destreza hasta el corazón de una planta de meyotli (maguey) y lamía con deleite un líquido brillante. Intrigado, el noble probó aquel néctar... y quedó maravillado. Su dulzura natural parecía un regalo divino.
🧪 Movido por la intuición, Papantzin recogió más savia y la almacenó. Días después, notó que el líquido había fermentado, dando paso a una bebida turbia, de sabor fuerte pero embriagador. Así nació, entre la curiosidad y el azar, el pulque, la bebida ritual por excelencia del altiplano mesoamericano.
💌 Papantzin compartió su descubrimiento con su hija, la joven Xóchitl, quien llevó una jarra de este licor hasta el rey Tecpancaltzin. Al probarla, el monarca no solo quedó embriagado por el pulque, sino también por la belleza de la doncella. En su estado alterado, le confesó su amor... y así nació una pasión destinada a cambiar el curso de un reino.
👑 Xóchitl, cautivada por el gesto del rey y por la mística bebida que los había unido, aceptó sus sentimientos. Tecpancaltzin la tomó como esposa, y de su unión nació un niño al que llamaron Meconetzin, que significa “Hijo del maguey”. Su nombre era un tributo a la planta que tejió los hilos del destino de su linaje.
💔 Pero como toda leyenda, esta también conoció su sombra. El rey, hechizado por el pulque, cayó en el exceso. Su salud se deterioró, y con su muerte, el joven Meconetzin ascendió al trono. Sin embargo, también heredó la debilidad de su padre: la devoción por la bebida sagrada. Bajo su gobierno, la disciplina se perdió, el esplendor de Tollan se apagó, y el imperio tolteca comenzó su lenta caída.
El pulque, regalo de los dioses y espejo de las pasiones humanas, fue tanto fuente de amor como de perdición. Un símbolo sagrado que aún hoy, mil años después, sigue fermentando memorias en el corazón de México.
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