ANEURISMA AÓRTICO: LA DILATACIÓN SILENCIOSA DE LA ARTERIA PRINCIPAL DEL CUERPO
El aneurisma aórtico es una dilatación anormal y progresiva de la aorta, la arteria más grande del organismo encargada de transportar la sangre desde el corazón hacia todo el cuerpo. Este ensanchamiento ocurre cuando la pared de la aorta pierde resistencia y elasticidad, volviéndose frágil y susceptible a romperse. Su peligro radica en que suele desarrollarse de forma silenciosa, sin síntomas evidentes, hasta alcanzar un tamaño crítico en el que la rotura puede provocar una hemorragia interna masiva y la muerte en cuestión de minutos. Los aneurismas pueden localizarse en la aorta torácica o en la aorta abdominal, siendo estos últimos los más frecuentes.
Las causas del aneurisma aórtico son multifactoriales y combinan predisposición genética con factores adquiridos. La hipertensión arterial crónica, la aterosclerosis, el tabaquismo y la edad avanzada son los principales responsables del debilitamiento de la pared arterial. También existen condiciones hereditarias como el síndrome de Marfan, el síndrome de Ehlers-Danlos o la bicuspidia aórtica que predisponen a su formación a edades más tempranas. En muchos casos, la combinación de hábitos poco saludables y factores genéticos acelera el deterioro de la aorta, aumentando el riesgo de dilatación y ruptura.
Los síntomas dependen de la localización y el tamaño del aneurisma. La mayoría son asintomáticos y se detectan de manera incidental en estudios de imagen realizados por otras causas. Cuando aparecen molestias, estas incluyen dolor abdominal persistente, sensación de masa pulsátil en el abdomen, dolor torácico u opresión en el pecho y, en casos de ruptura, dolor súbito e intenso acompañado de hipotensión y pérdida de conciencia, lo que constituye una emergencia vital.
El diagnóstico se realiza mediante ecografía abdominal, tomografía computarizada o resonancia magnética, que permiten medir el diámetro de la aorta y evaluar el riesgo de complicaciones. El tratamiento depende del tamaño y la evolución del aneurisma: los menores de cinco centímetros suelen vigilarse con controles periódicos y cambios en el estilo de vida, mientras que los más grandes o de crecimiento rápido requieren intervención quirúrgica, ya sea mediante cirugía abierta o técnicas endovasculares con la colocación de una prótesis. El control estricto de la presión arterial, la suspensión del tabaco y una dieta saludable son medidas clave para prevenir su progresión.
En síntesis, el aneurisma aórtico es una amenaza silenciosa que puede permanecer oculta hasta volverse mortal. Su detección temprana a través de chequeos en personas de riesgo, junto con la modificación de hábitos y el acceso a tratamientos oportunos, marcan la diferencia entre una vida preservada y una tragedia súbita. Cuidar la salud cardiovascular no solo protege al corazón, sino también a la arteria principal que sostiene la vida.
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