EL INFARTO CEREBRAL PUEDE DEJAR SECUELAS GRAVES SI NO SE ATIENDE EN LAS PRIMERAS CUATRO HORAS Y MEDIA
El infarto cerebral, también conocido como accidente cerebrovascular isquémico, ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se bloquea, generalmente por un coágulo. Esta interrupción priva a las neuronas de oxígeno y nutrientes, provocando que comiencen a morir en cuestión de minutos. A diferencia de otros órganos, el cerebro no tiene capacidad de resistencia prolongada frente a la falta de riego sanguíneo, por lo que cada instante perdido significa millones de neuronas destruidas y funciones vitales comprometidas.
La ventana crítica para actuar es de apenas cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas. Dentro de ese lapso, los médicos pueden administrar tratamientos como los trombolíticos, fármacos que disuelven el coágulo y permiten restablecer el flujo sanguíneo, o realizar procedimientos de trombectomía mecánica en casos seleccionados. Más allá de ese tiempo, el riesgo de hemorragias y complicaciones aumenta, y las posibilidades de recuperación se reducen drásticamente.
Las secuelas de un infarto cerebral no tratado a tiempo son devastadoras. Dependiendo del área afectada, pueden incluir parálisis de un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender, pérdida de la visión, problemas de memoria, cambios emocionales y alteraciones cognitivas severas. Muchas de estas secuelas son permanentes, lo que convierte al infarto cerebral en una de las principales causas de discapacidad en adultos en todo el mundo.
Reconocer los síntomas tempranos es fundamental. La aparición súbita de debilidad o adormecimiento en la cara, el brazo o la pierna (especialmente de un lado del cuerpo), dificultad para hablar o entender, alteraciones en la visión, pérdida del equilibrio o un dolor de cabeza intenso y repentino son señales de alarma que deben motivar una búsqueda inmediata de atención médica. Cada minuto cuenta y acudir rápidamente a un hospital especia
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