El último esclavo que abrazó el futuro
En 1963, el fotógrafo Richard Avedon detuvo el tiempo con una imagen que parece un puente entre dos mundos. Frente a su lente estaba William Casby, un hombre nacido en 1857, cuando la esclavitud aún era una herida abierta en Estados Unidos. Tenía 106 años.
Su piel curtida por más de un siglo guardaba memorias de campos y cadenas, pero en sus manos sostenía a su tataranieta, Cherri Stamps McCray, un símbolo frágil y luminoso de lo que estaba por venir. El anciano que había nacido esclavo abrazaba al futuro de su familia libre. En esa mirada serena, en ese gesto de ternura, se cruzaban el dolor y la esperanza, la memoria y la vida que continuaba.
William Casby vivió aún siete años más, hasta 1970, alcanzando los 113 años. Fue testigo de cómo el mundo que lo vio nacer encadenado se transformaba poco a poco, y dejó a su descendencia la certeza de haber sobrevivido.
Hoy, sus bisnietos y tataranietos siguen recordando al hombre que nació en la esclavitud y murió viendo florecer la libertad, como si su vida misma fuera la encarnación de un país que aún busca redención.
De Retro Magazine, en la red
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