jueves, 8 de enero de 2026

La Toma de Álamos de 1866: El día en que cambió el rumbo del sur de Sonora

 La Toma de Álamos de 1866: El día en que cambió el rumbo del sur de Sonora



El 7 de enero de 1866, la ciudad de Álamos fue escenario de uno de los combates más intensos de la Intervención Francesa en el noroeste de México. Desde el año anterior, la región había sido disputada por republicanos juaristas e imperialistas partidarios de Maximiliano, especialmente después de la muerte del general Antonio Rosales a manos de las fuerzas del coronel José María Tranquilino “Chato” Almada en septiembre de 1865. Desde entonces, Álamos permanecía bajo control imperialista.


Antes del amanecer del 7 de enero, el general Ángel Martínez, al frente de la III Brigada Mixta de Occidente y sus célebres macheteros, lanzó un ataque sorpresivo por los rumbos de Los Cangrejos y La Colorada. El combate fue feroz: se luchó en llanos, trincheras, cerros, arroyos y finalmente en las calles del centro, muchas de ellas deshabitadas porque las familias adineradas habían huido hacia Guaymas.


Tras más de seis horas de batalla, los republicanos tomaron posiciones clave como la Loma de Guadalupe, aunque las fuerzas del Chato Almada intentaron resistir con apoyo del jefe indígena Refugio Tánori y un contingente pima. Sin embargo, un ataque por la retaguardia desde el barrio de La Capilla rompió definitivamente la defensa imperialista, provocando la huida en desbandada hacia La Aurora.


Martínez, herido pero decidido, persiguió a los fugitivos y mató de un machetazo a Antonio Anselmo Almada, hermano del Chato, creyendo haber abatido al propio jefe imperialista. Al regresar a la ciudad, su tropa cometió saqueos y destrozos: incendiaron casas, destruyeron el Parián, fundieron objetos sagrados del templo y, lo más grave para la memoria histórica, arrasaron con el archivo municipal y gran parte del archivo parroquial, dejando a Álamos sin documentos esenciales de su pasado.


Las cifras del combate fueron devastadoras: más de 180 muertos imperialistas y alrededor de 50 republicanos, además de decenas de heridos. Cerca de 250 cuerpos quedaron esparcidos desde Los Cangrejos hasta La Capilla.


Al finalizar, Martínez organizó un desfile militar con prisioneros, banderas capturadas, cañones tomados y la caballería republicana recorriendo las calles como símbolo de la victoria. Aunque la batalla aseguró el control juarista en la región, dejó también una profunda herida material y documental en la historia de Álamos.


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