Así se creó el papel, un invento que transformó para siempre la forma en que la humanidad conserva y transmite el conocimiento. Su origen se sitúa en la China antigua, durante la dinastía Han. Antes del papel, los textos se escribían sobre bambú, seda o tablillas, materiales costosos y poco prácticos.
En el año 105 d. C., el funcionario imperial Cai Lun perfeccionó un método para fabricar papel utilizando fibras vegetales como corteza de árbol, restos de cáñamo y trapos viejos. Estas fibras se trituraban en agua hasta formar una pulpa, que luego se extendía en moldes, se prensaba y se dejaba secar. El resultado era un material ligero, flexible y resistente, ideal para la escritura.
El nuevo invento se difundió rápidamente por China y permitió un gran avance en la administración, la educación y la cultura. Siglos después, el conocimiento del papel llegó a Asia Central y al mundo islámico, donde fue mejorado y producido a mayor escala. Desde allí, la técnica se expandió a Europa durante la Edad Media.
La creación del papel facilitó la copia de libros, el desarrollo de bibliotecas y, más adelante, la aparición de la imprenta. Este invento no solo cambió la escritura, sino que impulsó la expansión del conocimiento y sentó las bases de la educación moderna.


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