Un orangután se escapaba de su jaula todas las mañanas… y nadie sabía cómo lo hacía.
Los cuidadores revisaban puertas y candados una y otra vez, pero todo estaba en su lugar. Nadie entendía qué pasaba.
Hasta que un día lo descubrieron: Fu tenía escondido un pedacito de alambre en la boca. Lo sacaba, lo metía en la cerradura y abría el candado como si fuera su propia llave. Y cuando terminaba, se lo volvía a guardar entre los dientes para que nadie lo encontrara.
No era casualidad: lo hacía todos los días, con calma y con una inteligencia que dejó a todos sorprendidos.
El truco fue tan impresionante que lo nombraron miembro honorario de la Asociación Estadounidense de Primatólogos. Un reconocimiento que casi siempre es solo para científicos.
Su historia nos recuerda algo sencillo: los animales no son solo instintos. También piensan, planean y, a veces, nos dejan con la boca abierta.
Haz que llegue a alguien que cree que los animales no razonan.
Historia basada en hechos reales ocurridos en el zoológico de Omaha (Nebraska, 1960s). Adaptada con fines divulgativos y de reflexión.
Tomado de la Red
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