Atila, el azote de Dios que hizo temblar a Roma
Los hunos eran un pueblo nómada de las estepas, expertos jinetes y arqueros que parecían invencibles en el campo de batalla 
. Bajo el mando de Atila, este pueblo se transformó en una amenaza constante para los romanos, imponiendo tributos y saqueando ciudades enteras.


Su apodo, “el azote de Dios”, reflejaba el temor que despertaba: se decía que donde pasaba su caballo no volvía a crecer la hierba
. Aunque esta frase es más leyenda que realidad, ilustra perfectamente la fama que lo rodeaba.

En el año cuatrocientos cincuenta y uno, Atila invadió la Galia, pero fue detenido en la célebre batalla de los Campos Cataláunicos, donde una coalición de romanos y visigodos frenó su avance. A pesar de la derrota, su prestigio seguía intacto. Al año siguiente marchó hacia Italia, y aunque saqueó varias ciudades, se retiró inesperadamente tras entrevistarse con el papa León I
.

La muerte de Atila en el año cuatrocientos cincuenta y tres fue repentina y misteriosa: según las crónicas, falleció en su tienda durante la noche, dejando a los hunos sin su gran líder. Sin él, el poder de su imperio se desmoronó rápidamente.




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