viernes, 8 de agosto de 2025

La foca que navega orientándose con las estrellas



   La foca que navega orientándose con las estrellas
En el vasto escenario del comportamiento animal, pocas cosas nos resultan tan fascinantes como descubrir que otras especies comparten con nosotros habilidades que creíamos exclusivamente humanas. La navegación por las estrellas ha sido, durante milenios, una hazaña atribuida al ingenio humano: desde los navegantes polinesios que surcaban el Pacífico guiados por el firmamento, hasta los grandes exploradores que trazaban rutas con sextantes y cartas celestes. Sin embargo, hoy sabemos que no estamos solos en esta práctica. Las focas comunes (Phoca vitulina), esos mamíferos marinos aparentemente despreocupados que descansan sobre rocas o se deslizan entre las olas, poseen una capacidad extraordinaria: también usan las estrellas individuales para orientarse.
Este hallazgo no es fruto de la especulación romántica, sino de experimentos controlados realizados en planetarios, donde se ha demostrado que estas focas pueden aprender a navegar utilizando patrones estelares específicos. Más aún, algunas no se conforman con seguir constelaciones generales, sino que son capaces de fijarse en estrellas individuales para mantener su rumbo. Lo que esto implica es asombroso: una criatura marina, sin acceso al lenguaje simbólico o instrumentos técnicos, puede memorizar y utilizar una cartografía celeste con una precisión que rivaliza con la de un navegante humano.
Nos obliga a replantear ideas profundamente arraigadas. ¿Hasta qué punto subestimamos la inteligencia y percepción del mundo en otras especies? ¿Qué otras habilidades aún ignoradas podrían estar presentes en los habitantes del océano? La idea de que una foca, al igual que un antiguo marino, levanta su mirada al cielo nocturno para saber dónde se encuentra y hacia dónde va, rompe las fronteras entre lo que consideramos humano y lo que consideramos "animal". Se convierte así en un símbolo viviente de esa inteligencia natural que, silenciosa y discreta, sigue manifestándose en formas que apenas comenzamos a entender.
Más allá del dato científico, hay algo poético en todo esto. Imaginar a una foca surcando las oscuras aguas del Ártico o del Atlántico Norte, guiada por la luz lejana de una estrella que también orientó a los primeros Homo sapiens, nos recuerda que el cielo ha sido, desde siempre, un mapa común a todas las especies que se atreven a mirar hacia arriba. Y quizás, en esa mirada compartida, se encuentre un puente inesperado entre nosotros y el resto de la vida en la Tierra.

Referencias:
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