SÍNTOMAS INICIALES DEL GLAUCOMA QUE MUCHAS VECES PASAN INADVERTIDOS
El glaucoma es una enfermedad ocular crónica y progresiva que daña el nervio óptico, estructura encargada de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. Se le conoce como “el ladrón silencioso de la vista” porque en sus fases iniciales no suele causar dolor ni molestias evidentes, lo que hace que muchas personas lo detecten cuando el daño visual ya es irreversible. Su causa principal está relacionada con el aumento de la presión intraocular debido a una acumulación inadecuada del humor acuoso, el líquido que circula dentro del ojo, aunque existen formas de glaucoma que pueden presentarse incluso con presión normal.
Los primeros síntomas son tan sutiles que con frecuencia pasan desapercibidos. El más característico es la pérdida gradual de la visión periférica, que avanza de manera lenta y progresiva hasta crear una “visión en túnel” en etapas avanzadas. Al inicio, las personas no suelen notarlo porque el cerebro compensa la falta de visión lateral con el ojo sano, pero con el tiempo las dificultades para ver en los costados se vuelven evidentes, especialmente al conducir o caminar por espacios concurridos. También pueden aparecer visión borrosa intermitente, dificultad para adaptarse a la oscuridad, halos de colores alrededor de las luces y dolor leve en los ojos o la cabeza que muchas veces se confunde con fatiga visual.
En casos de glaucoma agudo de ángulo cerrado, los síntomas son más bruscos y graves: dolor ocular intenso, enrojecimiento, náuseas, vómitos y pérdida súbita de la visión, lo que constituye una emergencia oftalmológica que requiere atención inmediata. Sin embargo, la mayoría de los glaucomas son crónicos y silenciosos, lo que hace que el diagnóstico temprano sea fundamental para evitar la ceguera.
La detección se realiza mediante una revisión oftalmológica completa que incluye la medición de la presión intraocular, la evaluación del nervio óptico y pruebas de campo visual. Aunque el daño causado por el glaucoma no puede revertirse, el tratamiento con colirios hipotensores, láser o cirugía puede frenar su progresión y preservar la visión restante.
En síntesis, los síntomas iniciales del glaucoma suelen ser tan discretos que pasan inadvertidos hasta que la enfermedad está avanzada. Por ello, los controles oftalmológicos regulares después de los cuarenta años, o antes en personas con antecedentes familiares, son la mejor herramienta para detectarlo a tiempo. Cuidar los ojos significa proteger no solo la visión, sino también la calidad de vida y la independencia en el futuro.
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