Yo soy el Cáncer de Hueso… y cuando aparezco, lo hago con fuerza.
No me escondo tanto como otros.�Empiezo con un dolor sordo… intermitente…�pero luego duermo contigo y despierto contigo.
Soy persistente, agresivo, silenciosamente destructivo.�No me importa tu edad, aunque a veces prefiero los cuerpos jóvenes.�Comienzo en un hueso largo… un fémur, una tibia, tal vez un húmero.�Y desde ahí, invado.
Primero inflamo.�Luego debilito.�Después destruyo desde dentro.
Provoco hinchazón. Dolor que no se va.�Dificulto el movimiento.�Y si no me frenan… me extiendo.�A veces al pulmón, otras al corazón.�Porque no conozco fronteras.
Mis víctimas muchas veces creen que es solo un golpe mal curado, una lesión común…�Y cuando por fin alguien mira una radiografía… ya estoy bien arraigado.
Pero hay esperanza.




Soy el cáncer de hueso.�No soy un castigo. No soy un monstruo.�Solo soy una señal de que algo necesita atención.
Escucha a tu cuerpo. No ignores el dolor persistente.�Porque si me enfrentas temprano… puedes sobrevivirme.

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