Ellos no lo sabían, pero su viaje cambiaría el rumbo de la historia de manera irreversible. El que había de ser uno de los viajes más trascendentales de la historia empezó el 3 de agosto de 1492, con tres naves cargadas de provisiones, marineros y esperanzas de encontrar una nueva ruta comercial hacia Asia que cruzara el Atlántico.
Asia era el objetivo. El producto más codiciado de Asia en Occidente eran las especias, para su uso en la cocina, y eran extremadamente caras. Cristóbal Colón poseía una copia de Los Viajes de Marco Polo y lo tenía lleno de anotaciones, sobre todo en la parte en la que se habla de distancias, productos y riquezas de Asia. De todas formas, los conocimientos cartográficos sobre Oriente eran extremadamente incompletos y algunos mapas solo identificaban de manera fiable el área del Mediterráneo. En el siglo XV la cocina europea consumía el azafrán, el jengibre, la canela y el clavo. Una libra de estos productos se vendía en el Renacimiento por varios pesos de oro.
Las islas asiáticas eran ricas en especias valiosas que necesitaba Europa, como el clavo, la nuez moscada que se obtenían en las Molucas, en el Mar del Sur. El camino que debía seguirse para llegar a las Indias era una ruta hacia el este por el continente Europeo y, posteriormente, por Oriente Medio hasta llegar a la India o China. Los turcos otomanos se estaban haciendo fuertes en Constantinopla y, cuanto mayor era su poder en Oriente Medio, más difícil y caro era traer productos orientales.
Es difícil estimar en qué momento nació el proyecto de Cristóbal Colón de llegar a Cipango —el moderno Japón— y a las tierras del Gran Kan navegando hacia occidente, pero puede fecharse después de su matrimonio y antes de 1481. Probablemente tuvo conocimientos de los informes del matemático y médico florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli sobre la posibilidad de llegar a las Indias por el oeste, redactados a instancias del rey Alfonso V de Portugal, interesado en el asunto. La idea ya estaba en la mente de Colón, tan solo necesitaba financiación. Entre 1483 y 1485 Cristóbal Colón ofreció por primera vez su proyecto al rey Juan II de Portugal. Este lo consultó con tres expertos que dieron una opinión negativa, tras lo cual el monarca rechazó la oferta de Colón. Sin embargo, Juan II envió secretamente una carabela siguiendo el rumbo que Colón había indicado, pero regresó sin haber conseguido llegar a ninguna tierra nueva. La negativa portuguesa llevó a Colón a emigrar de Portugal al vecino reino de Castilla, que tras un tira y afloja en una negociación llena de altibajos decidió finalmente aceptar la propuesta de Colón.
El dinero necesario para la expedición, unos dos millones de maravedíes, fue aportado de la manera siguiente:
-La contribución principal fue de la Corona, con 1 140 000 maravedíes. El efectivo lo adelantó en Santa Fe el escribano de ración Luis de Santángel, que cobró la deuda apenas quince días después (los que transcurrieron entre el 17 de abril, cuando se firmaron las Capitulaciones y hubo de entregar el dinero, y el 5 de mayo, fecha de la orden de pago) mediante un pago del tesoro de la Cruzada en el obispado de Badajoz.
-Colón puso 500 000 maravedíes, un capital que no poseía personalmente y que alguien le debió prestar. Bartolomé de las Casas escribió que se lo prestó Martín Alonso Pinzón o alguno de sus hermanos, mientras que la historiadora Consuelo Varela ha argumentado que el prestamista pudo ser Juanoto Berardi, empresario florentino afincado en Sevilla.
-Los 360 000 maravedíes restantes corresponderían a las dos carabelas pertrechadas que la real provisión obligaba a Palos a poner a disposición de Colón.
Palos de la Frontera estaba obligada, en virtud de la citada real provisión, a suministrar dos carabelas totalmente pertrechadas, que finalmente parecen haber sido la Pinta y la Niña. La Santa María sería la nao capitana (el navío que capitaneaba la expedición). La Santa María era un barco propiedad de Juan de la Cosa, natural -posiblemente- de Santoña, en Cantabria, pero vecino del Puerto de Santa María.
Pero la marinería de la zona, que no era obligada por la real provisión, no estaba dispuesta a formar parte de la expedición con un desconocido, como lo era Colón para aquellos hombres.
Independientemente de la mayor o menor credibilidad de las ideas colombinas, los hombres de Palos difícilmente secundarían al genovés a no ser que le acompañara algún navegante respetado en la villa. Con la oposición de los vecinos y de los marineros, Colón recurre a una de las provisiones expedidas por los monarcas en la que se le concede permiso para reclutar marineros entre los encarcelados, reclutando solamente a cuatro condenados, un homicida y los tres amigos de éste que le ayudaron a huir de la cárcel.
En estas circunstancias, y gracias a la ayuda de los franciscanos del monasterio de La Rábida y a Pero Vázquez de la Frontera, viejo y respetado marino de la zona, Colón conoce a Martín Alonso Pinzón, rico armador y líder natural de la zona gracias a sus muchas navegaciones tanto por el Atlántico como por el Mediterráneo, y por los que había amasado fortuna y fama y que formará parte de la expedición.
La lista de los tripulantes del primer viaje descubridor de 1492 es tema de debate, ya que se desconoce con exactitud la tripulación completa que participó en el primer viaje descubridor. (véase la tercera imagen donde se detalla la lista de tripulantes).
Cristóbal Colón parte con tres carabelas: la Niña, la Pinta, y otra de mayor porte, la Santa María del atlántico Puerto de Palos (actual provincia de Huelva, España). Según el Diario compilado por Bartolomé de Las Casas se hicieron a la mar el 3 de agosto de 1492 mientras que la crónica de Andrés Bernáldez afirma que partieron de Palos "en septiembre" y Pedro Mártir escribió que dejaron el litoral hispano a principios de septiembre. La versión de Bartolomé de las Casas, que es la aceptada mayoritariamente por los historiadores, las naves partieron de Palos el 3 de agosto de 1492 y se dirigieron a las Canarias, donde se tuvo que arreglar el timón de la Pinta.
Las tres naves se dirigen hacia las Islas Canarias, donde se mantienen aprovisionándose hasta el 6 de septiembre, concretamente en La Gomera, donde según la Historia del Almirante (versión no corroborada por otras fuentes) visitó a la gobernadora de la isla Beatriz de Bobadilla y Ulloa, y reparó en Gran Canaria el timón de La Pinta y sustituyó sus velas triangulares originales por unas cuadradas, convirtiéndose en la carabela más rápida de la flotilla. Terminada su estancia en las islas emprendieron la travesía por el océano Atlántico en dirección oeste.
Colón pensaba que la distancia entre España y Japón sería de entre 3000 y 5000 kilómetros, cuando la distancia real es de unos 19 000 kilómetros y con un continente de por medio situado a los 6500 kilómetros. Una carabela podía recorrer de 100 a 130 kilómetros al día y, si el día era bueno, hasta 160, lo que para la Edad Media era una velocidad realmente impresionante.
El 14 de septiembre los de La Niña dicen que han visto un par de dos especies de aves. El día 16 de septiembre Colón llega al Mar de los Sargazos, poblado por una gran cantidad de algas. El 1 de octubre la tripulación ya había recorrido 5000 kilómetros y llevaba 2 meses navegando. La comida ya se pudría y el olor que había en la nave obligaba a muchos a dormir a la intemperie. El 6 de octubre Pinzón le pidió a Colón que cambiase el rumbo a suroeste pero este se negó; sin embargo dos días después aceptó. El día 10 de octubre los marineros presentaban muchas quejas, pero Colón les convenció para que esperasen diciéndoles que su propósito era llegar a las Indias. Ya habían visto vegetación en el agua y aves, lo cual indicaba que podría haber tierra cerca.
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