domingo, 28 de diciembre de 2025

TARTESSOS.

 



TARTESSOS.


La misteriosa civilización que se identificó con la Atlántida, y de la que cada día se descubre más.

La cultura de Tartessos existió en la Península Ibérica durante la Edad del Bronce, siglos antes de la llegada de los romanos (encontramos las primeras menciones en el siglo VI a. C.). Su origen es el primero de los muchos misterios que la rodean: se ha especulado que eran pobladores locales, pero también que pudieron llegar desde Oriente Próximo o ser herederos de los también poco conocidos pueblos del mar.

Los antiguos griegos ya hablaron de ellos: Heródoto y Estrabón describen una tierra rica y fértil, llena de metales preciosos, a orillas de un río. Se identificó con el mítico jardín de las Hespérides, un vergel custodiado por ninfas donde Heracles, Hércules para los romanos, robó manzanas doradas en una de sus doce pruebas.

El historiador romano Plinio el Viejo también habla de Tartessos, aunque de forma imprecisa, situándola en la zona de Gadir, o Cádiz, donde Heracles, en otra de sus pruebas, derrotó al gigante Gerión. No son los únicos mitos griegos relacionados con Tartessos: los textos de Platón sitúan la legendaria Atlántida más allá de las columnas de Hércules, es decir, más allá del estrecho de Gibraltar, lo que ha dado lugar a especulaciones sobre que podría referirse al sur de la Península Ibérica. Se planteó la hipótesis de que las islas y marismas que rodean la desembocadura del Guadalete, junto a Cádiz, podían ser relacionadas con la Atlántida.

En sus Diálogos Timeo y Critias, Platón describe cómo la Atlántida era poderosa y próspera hasta que, debido a su arrogancia y corrupción, fue castigada por los dioses y desapareció en un solo día y noche de infortunio, sumergida bajo el mar. Esta desaparición repentina es un elemento central del mito y ha generado teorías de todo tipo, desde interpretaciones literales hasta simbólicas.

La cultura de Tartessos, que parece haberse desvanecido entre las brumas de la historia, podría evocar la desaparecida Atlántida, pero lo cierto es que hay una explicación más sencilla: no parece que tuvieran un sistema desarrollado de escritura, por lo que sólo encontramos referencias sobre ellos a través de sus contemporáneos que sí dejaron textos escritos: griegos, romanos, y fenicios.

Precisamente los fenicios tuvieron una importancia crucial en la cultura tartésica. Este pueblo, originario del actual Líbano, comenzó su expansión por el Mediterráneo alrededor del siglo XII a.C., impulsados principalmente por motivos comerciales y por la necesidad de acceder a recursos naturales que escaseaban en su tierra natal, como metales y materias primas. Esta expansión también fue una respuesta a la presión de otros pueblos, especialmente los arameos y asirios, que competían por el control de rutas comerciales y territorios en el Levante.

Aparte de la célebre Cartago, en el norte de África, los fenicios fundaron Gadir (Cádiz) y Malaka (Málaga) en la Península. Cádiz, fundada por los fenicios en 1100 a.C., es una de las ciudades más antiguas de Europa que haya estado habitada de forma continua. Plinio el Viejo cuenta que los fenicios buscaron un lugar en la costa para fundar el asentamiento, y los adivinos buscaron el beneplácito de sus dioses leyendo las entrañas de animales sacrificados, y se descartaron varias localizaciones antes de optar por la isla en la que fue fundada.

La hipótesis aceptada actualmente es que la cultura tartésica, aunque originaria de la Península Ibérica, recibió una fuerte influencia fenicia de la recién fundada Cádiz: se han encontrado joyas y objetos de metal fenicios en los tesoros tartésicos, pero también símbolos religiosos, como es el caso del signo de la diosa madre Tanit en yacimientos de Extremadura.

El historiador alemán Adolf Schulten fue pionero en la búsqueda de Tartessos, cuando en 1922 se embarcó en una serie de excavaciones en el valle del Guadalquivir, convencido de que la mítica Tartessos podía encontrarse tomando Cádiz como punto de partida. Se basó en las referencias geográficas de los autores de la Edad Antigua y, si bien no identificó la localización exacta, encontró vestigios que indicaban un asentamiento importante, con objetos de lujo, herramientas y cerámica que sugerían una fuerte interacción con los fenicios.

Los trabajos de Schulten impulsaron a generaciones posteriores de arqueólogos e historiadores para continuar investigando y excavando en la región, llevando al descubrimiento del tesoro Aliseda en 1920, el de El Carambolo en 1958, y a los recientes descubrimientos de los enclaves de Cancho Roano en 1978 y Casas del Turuñuelo en 2015.

Éste último, actualmente en excavación, sigue resolviendo preguntas y planteando otras nuevas sobre la civilización de Tartessos, que todavía no ha desvelado todos sus secretos.

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