LA MATANZA DE CAÑADA DE GÓMEZ
Por Revisionismo Historico Argentino
El 22 de noviembre de 1861 ocurrió en las inmediaciones de Cañada de Gómez uno de los episodios más crudos del tramo final de las guerras civiles argentinas. En esa fecha, fuerzas porteñas vinculadas al gobierno de Buenos Aires y dirigidas por el general uruguayo Venancio Flores atacaron por sorpresa a un contingente de tropas federales pertenecientes a la ya disuelta Confederación Argentina. El hecho tuvo lugar en un contexto de profunda inestabilidad política y militar, cuando aún no se habían cerrado las consecuencias de la batalla de Pavón.
La acción se produjo cuando el país se encontraba en plena transición entre dos proyectos de organización nacional: el de la Confederación, con sede política en Paraná y puerto en Rosario, y el del Estado de Buenos Aires, decidido a imponer su hegemonía sobre el conjunto del territorio. Cañada de Gómez quedó así inscripta como uno de los episodios decisivos de ese proceso.
EL ESCENARIO POSTERIOR A PAVÓN
La batalla de Pavón, librada el 17 de septiembre de 1861, había dejado un panorama ambiguo. Desde el punto de vista estrictamente militar, las fuerzas de la Confederación se habían desempeñado con eficacia. Sin embargo, la decisión de Justo José de Urquiza de retirarse del campo de batalla con su caballería y su reserva alteró de manera definitiva el curso de los acontecimientos.
La retirada entrerriana dejó sin conducción efectiva a gran parte del ejército confederal. A partir de ese momento, Bartolomé Mitre pudo reorganizar sus fuerzas, recuperar la iniciativa y avanzar políticamente sobre las provincias. El repliegue de Urquiza, cuya motivación fue objeto de debates desde entonces, marcó un punto de inflexión que condicionó todo lo que vendría después.
LA DISPERSIÓN DE LAS FUERZAS FEDERALES
Tras Pavón, numerosas unidades federales quedaron dispersas por el interior del país. No se trataba de tropas formalmente derrotadas, sino de contingentes expectantes, a la espera de órdenes que nunca llegarían. Una de esas divisiones, comandada por el general Benjamín Virasoro —ex gobernador de Corrientes y veterano de las guerras civiles— se estableció a mediados de noviembre en las cercanías de Cañada de Gómez, a unos setenta y cinco kilómetros de Rosario.
Los hombres de Virasoro se encontraban cansados, mal abastecidos y desmoralizados por la incertidumbre. La falta de definiciones políticas y militares los dejó en una situación de extrema vulnerabilidad, característica del período posterior a Pavón.
EL AVANCE PORTEÑO Y LA TOMA DE ROSARIO
Mientras tanto, Mitre avanzaba con decisión. Tras asegurarse que el ejército entrerriano no intervendría, ingresó el 4 de octubre en Rosario, la ciudad puerto de la Confederación. Allí tomó control de la aduana y de sus fondos, que serían utilizados para financiar la campaña militar posterior.
Ese hecho tuvo una importancia estratégica central: privó al antiguo gobierno confederal de recursos económicos y permitió sostener el avance sobre el interior. A partir de entonces, la ofensiva porteña adquirió un carácter sistemático.
EL CAMPAMENTO DE CAÑADA DE GÓMEZ
En los días previos al 22 de noviembre, la división de Virasoro permanecía acampada en las inmediaciones de la cañada. No había señales de un ataque inminente. Diversos testimonios coinciden en señalar que el campamento carecía de defensas adecuadas y que sus hombres no esperaban una acción nocturna.
La incertidumbre sobre el rol futuro de Urquiza era general. Muchos soldados confiaban aún en una reorganización de las fuerzas federales o en una orden que nunca llegaría. Esa espera resultó fatal.
EL ATAQUE NOCTURNO
En la madrugada del 22 de noviembre, las tropas porteñas cruzaron el río Carcarañá en silencio. Venancio Flores había dispuesto un ataque nocturno, dividiendo sus fuerzas para ejecutar un movimiento envolvente. La operación fue comunicada a Mitre, quien consideraba necesaria una acción contundente que afirmara el nuevo orden político.
El ataque sorprendió a los federales mientras dormían. No se produjo un enfrentamiento prolongado ni una batalla en sentido clásico. La acción derivó rápidamente en una matanza. Al amanecer, alrededor de trescientos soldados federales habían muerto, muchos de ellos sin haber tenido oportunidad de empuñar sus armas. Las bajas del lado atacante fueron mínimas.
LOS PRISIONEROS Y LA CONTINUIDAD DE LA CAMPAÑA
Además de los muertos, el episodio dejó un número considerable de prisioneros. Parte de ellos fue incorporada de manera forzosa a las fuerzas vencedoras, una práctica habitual en las guerras civiles del período. Sin embargo, numerosos desertaron poco después, lo que refuerza la idea de que la operación no buscaba sumar combatientes sino eliminar focos de resistencia.
La matanza no puso fin a las hostilidades. Por el contrario, formó parte de una campaña más amplia que continuó avanzando sobre el interior, consolidando el control político y militar del nuevo poder central.
LAS REACCIONES DE LA ÉPOCA
El ministro de Guerra del gobierno de Mitre, Juan Andrés Gelly y Obes, reconoció la magnitud del episodio en su correspondencia privada. Allí escribió que el suceso de Cañada de Gómez era uno de esos hechos de armas comunes en las guerras civiles, pero que, una vez conocidos sus resultados, “aterrorizan al vencedor”, cuando éste no pertenece “a la escuela del terrorismo”. Consignó además que las pérdidas federales superaban los trescientos muertos, frente a escasas bajas del lado vencedor.
Domingo Faustino Sarmiento, uno de los principales ideólogos del nuevo orden, expresó en esos años una visión profundamente crítica del gaucho y del interior. En sus escritos sostuvo que la persistencia de la guerra civil justificaba medidas extremas, reflejando una concepción del conflicto en la que la violencia era entendida como parte del camino hacia el orden y la civilización.
LOS SOBREVIVIENTES
Entre los pocos hombres que lograron escapar se encontraban José Hernández y su hermano Rafael, así como Leandro N. Alem. Años después, Rafael Hernández recordó aquellos días señalando que en los campos de Cañada de Gómez su división sobrevivía con grandes privaciones y que la derrota sufrida por sorpresa le dejó una herida que arrastraría durante toda su vida.
La experiencia de José Hernández en esas campañas fue luego transformada en literatura. El Martín Fierro fue interpretado por numerosos historiadores como una expresión del clima de persecución, violencia estatal y marginación del gaucho durante los años posteriores a Pavón.
URQUIZA DESPUÉS DE LA MATANZA
La noticia de lo ocurrido llegó rápidamente a Entre Ríos. Algunos dirigentes confederados advirtieron que la matanza podía provocar una desmoralización general si Urquiza no asumía una actitud firme. Sin embargo, el caudillo entrerriano mantuvo su decisión de no intervenir.
Para una parte importante de la historiografía, ese silencio selló definitivamente su alejamiento del proyecto federal que había encabezado durante una década. Desde entonces, su figura quedó asociada principalmente a su rol provincial, lo que alteró de manera profunda el equilibrio político nacional.
EL IMPACTO SOBRE EL FEDERALISMO
Cañada de Gómez suele ser considerada uno de los golpes finales al federalismo armado. Tras el episodio, muchas montoneras se disolvieron o evitaron enfrentamientos directos. La posibilidad de sostener ejércitos provinciales capaces de disputar el poder nacional quedó seriamente debilitada.
El impacto simbólico del hecho fue tan importante como el militar. Funcionó como una advertencia sobre el destino de quienes persistieran en la resistencia.
LA MIRADA DE LOS HISTORIADORES
José María Rosa interpretó la matanza como una consecuencia directa de Pavón y de la política aplicada para asegurar la hegemonía porteña. Fermín Chávez subrayó su carácter ejemplificador dentro del proceso de liquidación del proyecto confederal. Tulio Halperin Donghi, desde una perspectiva estructural, ubicó episodios como Cañada de Gómez dentro de una etapa en la que la construcción del Estado nacional combinó institucionalización y violencia armada.
LA MEMORIA Y EL SILENCIO
A diferencia de grandes batallas como Caseros o Pavón, Cañada de Gómez no fue incorporada plenamente al relato oficial ni al calendario conmemorativo. Para muchos historiadores, esa omisión se explica por la ausencia de épica y por la incomodidad que genera un episodio marcado por la indefensión de las víctimas.
EL CIERRE DE UN CICLO
Vista en perspectiva, la matanza de Cañada de Gómez puede entenderse como uno de los últimos actos decisivos de las guerras civiles argentinas. No fue un hecho aislado ni accidental, sino parte de un proceso más amplio de reorganización política y concentración del poder.
Su importancia histórica radica en mostrar, con particular crudeza, el costo humano del proceso de unificación nacional, tal como lo registraron los protagonistas de la época y lo analizaron los historiadores que se ocuparon del período.
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(Texo extendido con fuentes de archivos nacionales y corregido al de 2016) Gracias a Omar de Cañada de Gomez por algunos libros...gracias! Mil gracias!
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Fuentes:
José María Rosa — Historia Argentina
Fermín Chávez — Historia y revisión de la historia
Norberto Galasso — Historia de la Argentina
Arturo Jauretche — Política nacional y revisionismo histórico
Tulio Halperin Donghi — Historia contemporánea de América Latina
Vicente Fidel López — Historia de la República Argentina
Juan Bautista Alberdi — Escritos póstumos
José Hernández — Escritos políticos
Archivo General de la Nación — Fondo Guerra y Marina
Archivo General de la Nación — Correspondencia Mitre–Flores
Archivo General de la Nación — Papeles de Juan Andrés Gelly y Obes
Archivo Histórico de Entre Ríos — Fondo Urquiza
Bartolomé Mitre — Historia de Belgrano y de la independencia argentina

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