Antes de liderar personas, hay que haber transitado el camino.
Un liderazgo efectivo no nace del cargo, sino de la experiencia. De comprender el proceso desde dentro, de saber cómo se siente la presión en primera línea y de aprender a responder con criterio cuando las decisiones importan.
Quien aspira a liderar debe haber aprendido a ejecutar, a equivocarse y a mejorar. Solo así se desarrolla una empatía real, no teórica.
➡️ Conocer el proceso evita decisiones desconectadas de la realidad.
➡️ Haber estado “ahí abajo” construye respeto genuino.
➡️ La empatía no se enseña: se vive.
El liderazgo maduro se forma antes del reconocimiento, antes del equipo y antes de la autoridad formal. Se construye entendiendo personas, no solo resultados.
Una idea clave:
No se lidera desde la distancia.
Se lidera desde la comprensión.
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