CÓMO LA ANSIEDAD ACUMULADA SE MANIFIESTA COMO MOLESTIAS FÍSICAS PERSISTENTES
La ansiedad no siempre se expresa como preocupación consciente o nerviosismo evidente. Cuando se acumula durante semanas o meses, puede manifestarse principalmente a través del cuerpo. El sistema nervioso permanece activado de forma prolongada y el organismo comienza a expresar esa tensión interna mediante molestias físicas persistentes, incluso cuando los estudios médicos no muestran alteraciones claras. El cuerpo habla cuando la ansiedad no se descarga.
La ansiedad sostenida activa de manera constante el sistema nervioso simpático, encargado de la respuesta de alerta. Esta activación mantiene elevados los niveles de adrenalina y cortisol, provocando tensión muscular continua, cambios en la respiración y alteraciones en la circulación. Los músculos no logran relajarse por completo, especialmente en cuello, hombros, mandíbula y espalda, generando dolor, rigidez y sensación de pesadez que persisten a lo largo del día.
A nivel respiratorio, la ansiedad acumulada modifica el patrón respiratorio de forma inconsciente. La respiración se vuelve más rápida y superficial, reduciendo el intercambio eficiente de oxígeno. Esta hiperventilación crónica encubierta puede provocar mareos, opresión en el pecho, sensación de falta de aire y hormigueo en extremidades. La oxigenación deficiente de los tejidos contribuye a la fatiga física y al malestar general.
La ansiedad también afecta el sistema digestivo a través del eje intestino-cerebro. El aumento del tono simpático reduce la motilidad intestinal y altera la secreción de enzimas digestivas, lo que puede causar dolor abdominal, distensión, acidez, náuseas y cambios en el tránsito intestinal. Estas molestias suelen volverse recurrentes porque el sistema digestivo permanece en estado de inhibición funcional.
En el sistema cardiovascular, la ansiedad acumulada provoca microcontracciones vasculares y variaciones en la presión arterial. Esto puede manifestarse como palpitaciones, sensación de latidos fuertes, presión en la cabeza o dolor torácico no cardíaco. Al mismo tiempo, la inflamación de bajo grado asociada al estrés crónico sensibiliza los tejidos, haciendo que estímulos normales se perciban como dolorosos.
Con el tiempo, el cuerpo aprende este estado de alerta como normal. El sistema nervioso pierde flexibilidad y le cuesta regresar a un estado de reposo, lo que perpetúa las molestias físicas incluso en ausencia de ansiedad consciente. Este fenómeno explica por qué el malestar persiste aun cuando la persona “se siente tranquila” a nivel mental.
Abordar la ansiedad acumulada implica ayudar al sistema nervioso a desactivarse de forma progresiva. La respiración profunda, el movimiento suave, el descanso reparador y la expresión emocional reducen la carga fisiológica de la ansiedad. Cuando el sistema nervioso se calma, el cuerpo deja de sostener síntomas que solo estaban cumpliendo una función de alerta.
Fuente: Psychosomatic Medicine; Neuroscience & Biobehavioral Reviews; Journal of Anxiety Disorders; Frontiers in Psychology.

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