sábado, 27 de diciembre de 2025

27 de diciembre de 1806 nació en Tortosa (Tarragona) Ramón Cabrera, militar conocido como «El Tigre del Maestrazgo

 



El 27 de diciembre de 1806 nació en Tortosa (Tarragona) Ramón Cabrera, militar conocido como «El Tigre del Maestrazgo», un destacado líder carlista que participó en la primera y segunda guerra carlista.


Hijo de un marino mercante, siguió la carrera eclesiástica por voluntad materna, comenzando tempranamente sus estudios religiosos, pero el obispo de Tortosa no quiso ordenarle sacerdote ante su falta de vocación religiosa, por lo que abandonó el hábito para sumarse al levantamiento carlista de 1833, en favor del pretendiente Carlos María Isidro.


Se incorporó a las tropas carlistas que habían tomado Morella. Ascendido a coronel en 1834 por el pretendiente, acabó siendo nombrado comandante general interino del Bajo Aragón, destacando en sus esfuerzos por organizar las fuerzas y la estrategia de los carlistas. Consolidó su puesto de mando en Cantavieja, donde edificó una fortificación, articuló una red de aprovisionamiento y puso en funcionamiento una fábrica de cañones y munición. La estrategia del ejército liberal fue desde sus inicios extremadamente cruel y feroz, buscando el exterminio de las guerrillas carlistas. Cabrera mantuvo durante los dos primeros años de guerra una actitud de respeto a los prisioneros que iba haciendo en diferentes acciones, a los que liberó hasta en siete ocasiones. A pesar de ello los liberales le pusieron el sobrenombre de «Tigre del Maestrazgo».


Pero en el pueblo de Burjassot ocurrió uno de los sucesos más terribles de la biografía de Ramón Cabrera. Tras tomar sus tropas la población cercana a Valencia el general preparó un festín para celebrar la victoria. En medio de la fiesta, mientras corría el vino en grandes cantidades, mandó traer a los prisioneros, y en mitad del banquete ordenó fusilar por tandas a todos los prisioneros en una orgía de sangre y vino. En represalia, el general Nogueras, con la autorización del capitán general de Cataluña, el general Espoz y Mina, ordenó fusilar a la madre de Ramón Cabrera, que estaba presa desde hacía un año y medio. Tras ello, la guerra se volvió muy sanguinaria. El fusilamiento de la madre de Ramón Cabrera encarnizó aún más la contienda en el Maestrazgo. La vorágine de sangre había nublado el discernimiento del general. 


Tomó parte en las dos mayores expediciones carlistas durante la guerra. Entre junio y noviembre de 1836 colaboró con el general Miguel Gómez Damas en la expedición que recorrió, principalmente Andalucía donde una acción directa de Cabrera permitió la ocupación de Córdoba y Extremadura, hasta su derrota en Villarrobledo. De mayo a octubre de 1837 tomó parte en la llamada Expedición Real, encabezada por el propio pretendiente Carlos V, en la que la vanguardia mandada por Cabrera llegaría a las puertas de Madrid y esperaría en vano la orden del pretendiente de atacar una capital desguarnecida.


En enero de 1838 tomó Morella, la convirtió en la capital del territorio bajo su control y en el verano siguiente la defendió con éxito frente al general Oráa. En recompensa a sus servicios, el pretendiente le nombró Conde de Morella. En el mismo año batió completamente en Maella a la mejor división del ejército liberal, conocida como la del "ramillete" al mando del general Pardiñas. No aceptó la paz de Vergara de 1839, firmado entre los generales Baldomero Espartero y Rafael Maroto, que llevó a la disolución del ejército carlista del Norte, por considerarlo una traición. Por tanto, Cabrera quedó como único general de la causa del pretendiente, y al mando de 25.000 hombres prolongó la lucha en el Maestrazgo hasta mayo de 1840, fecha en la que gravemente enfermo, Espartero, al mando de todo el ejército venido del Norte logró tomar la ciudad. El 6 de julio, tras una retirada que le llevó a atravesar Cataluña, Cabrera y seis de sus batallones que le habían seguido, cruzaron la frontera francesa. El gobierno francés, aliado del español, le mantuvo confinado en los castillos de Ham y Lille, hasta que en octubre de dicho año se le dio la libertad vigilada. Poco después Cabrera se instaló en Lyon, donde residió durante varios años, recibiendo una pensión del gobierno francés.


En 1847, se produce el levantamiento de los matiners. Ya ese año, partidas inconexas se habían levantado en apoyo de la causa carlista. Eran los prolegómenos de la segunda guerra carlista. En 1848, Cabrera, sin creer en las posibilidades de victoria, pero siguiendo las órdenes del nuevo pretendiente Carlos VI, deja su exilio, organiza la guerrilla en las montañas de Cataluña y se pone al frente de las partidas carlistas en Cataluña, Aragón y Valencia. Derrotado, se exilia de nuevo a Francia en abril de 1849, siendo confinado en Marsella. Desde allí marchó a Inglaterra donde en 1850 se casó con una rica hacendada protestante inglesa lo que le permitió llevar una vida de prosperidad, aunque continuó siempre en contacto con la causa carlista. 


No volvió a participar personalmente en insurrección alguna, pero puso a disposición de Carlos VI cuantiosas ayudas económicas. Su experiencia inglesa, su percepción de la realidad europea y la influencia de autores como Balmes, le hicieron ver con claridad la situación del carlismo en el nuevo contexto político español, lo que le llevó a alejarse paulatinamente de la estrategia insurreccional que todavía era el epicentro de la Comisión Regia Suprema del carlismo, y a enfrentarse poco a poco con la camarilla del nuevo pretendiente carlista, el autoproclamado Carlos VII.


En 1869 el pretendiente viajó personalmente a Londres para proponerle una nueva insurrección ante los sucesos del Sexenio Revolucionario, pero Cabrera, la última vieja gloria del carlismo, rechazó de plano la propuesta. Aunque fue nombrado jefe del partido carlista en 1869, el año siguiente renunció al cargo por desavenencias con Carlos VII.


La llegada de la Restauración tras el golpe del general Martínez Campos y el ascenso al trono de Alfonso XII pusieron en evidencia la cordial concordancia existente entre la actitud del antiguo caudillo carlista y el nuevo proyecto de orden social que proponía el canovismo. Alfonso XII, en visita personal a Cabrera a Wentworth, encontró numerosos puntos en común en torno a las bases políticas que debía tener la monarquía restaurada. Desengañado de Carlos VII, en 1875 reconoció al nuevo rey, que a su vez reconoció a Cabrera su graduación y título nobiliario, aunque no volvió a España, muriendo en Inglaterra en 1877.


El general liberal Rafael Horé Díaz, enemigo suyo, dijo de él:


“Parece imposible que Cabrera sea criatura humana, respecto a que cuanto alcanza la ciencia militar y la astucia de los hombres más sagaces se ha empleado para sorprenderle, pero todo lo ha hecho vano el atrevimiento del caudillo carlista”.

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