MALVINAS: EL CASO JOSÉ MARÍA PINEDO Y LA OCUPACIÓN BRITÁNICA SIN COMBATE
POR Revisionismo Historico Argentino
SOBERANÍA EJERCIDA Y UN ESCENARIO FRÁGIL
Al iniciarse la década de 1830, la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no era una mera declaración formal. Desde Buenos Aires se ejercía autoridad efectiva, con funcionarios designados, población estable, producción ganadera y presencia militar. La Comandancia Política y Militar creada en 1829, bajo Luis Vernet, había consolidado esa situación, aunque la agresión norteamericana de la corbeta Lexington en 1831 dejó a la colonia seriamente debilitada.
Frente a ese escenario, el gobierno de Juan Manuel de Rosas resolvió restablecer el orden institucional en las islas. En septiembre de 1832 se designó gobernador interino al mayor de artillería José Francisco Mestivier y se dispuso su traslado a bordo de la goleta de guerra Sarandí, comandada por el teniente coronel de marina José María Pinedo.
LAS ÓRDENES ESCRITAS Y EL DEBER MILITAR
Las instrucciones impartidas a Pinedo no fueron ambiguas. Estaban firmadas por el ministro de Guerra y Marina, Juan Ramón Balcarce, y establecían que debía conducirse con prudencia frente a buques extranjeros, pero que, en caso de agresión, debía resistir aun frente a fuerzas superiores, sin rendirse y sin abandonar las islas sin orden expresa.
El propio texto de las órdenes señalaba que, si era atacado violentamente, debía defenderse “con el mayor valor”, y que jamás podía retirarse de las Malvinas sin autorización competente. Estas directivas no dejaron margen para interpretaciones posteriores basadas en la conveniencia o la oportunidad política.
EL COLAPSO INTERNO EN PUERTO SOLEDAD
Mientras la Sarandí realizaba tareas de patrullaje, se produjo en Puerto Soledad un motín encabezado por parte de la guarnición. El gobernador Mestivier fue asesinado, en circunstancias brutales, mientras su esposa daba a luz. El responsable directo fue el soldado Manuel Sáenz Valiente, acompañado por otros seis soldados.
La autoridad militar en tierra, el teniente primero José Gomila, no sólo no sofocó el motín sino que quedó comprometido por su conducta posterior. El propio Pinedo dejaría constancia en su declaración de que, al regresar, encontró la colonia en completo desorden y con parte de la tropa implicada en la rebelión.
Con ayuda de marinos franceses y peones de la isla, Pinedo logró detener a los insurrectos y enviar a los responsables a Buenos Aires para ser juzgados. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho y la autoridad argentina se encontraba debilitada ante cualquier intento externo.
LA LLEGADA DE LA CLIO Y LA NOTIFICACIÓN BRITÁNICA
El 2 de enero de 1833 arribó a Puerto Soledad la corbeta británica Clio, al mando del capitán John James Onslow. El propio Onslow dejaría constancia por escrito, en su parte elevado al Almirantazgo, de que su misión consistía en “reafirmar los derechos de Su Majestad sobre las Islas y proceder al reemplazo de las autoridades existentes.
Pinedo fue notificado formalmente de que debía arriar la bandera argentina y evacuar la plaza en el plazo de veinticuatro horas. Ante esta intimación, el comandante argentino presentó una protesta verbal y escrita, señalando que las islas pertenecían a la República Argentina y que no existía estado de guerra entre ambas naciones.
LA DECISIÓN DE NO RESISTIR
Pinedo reunió a sus oficiales y ordenó cargar los cañones de la Sarandí. Sin embargo, según declaró luego ante el consejo de guerra, la resistencia no se concretó debido a que la mayoría de su tripulación era de origen británico y se negó a combatir contra una nave de su propia bandera. Esta situación no fue excepcional ni fortuita. En 1833 la Marina argentina carecía de marineros propios en número suficiente y dependía, como desde los tiempos de la Independencia, de personal extranjero contratado en los puertos del Atlántico, especialmente británico, por su experiencia técnica y disponibilidad.
El servicio de estos marinos en buques extranjeros no estaba prohibido por el Reino Unido, siempre que no combatieran contra fuerzas de la Corona. El límite apareció cuando la Sarandí quedó frente a la corbeta Clio. Los tripulantes ingleses sabían que, de abrir fuego y ser capturados, podían ser juzgados como traidores y ejecutados. Esta circunstancia fue confirmada por el cirujano del buque, John Clark, quien declaró que los marineros extranjeros se negaron a acudir a los cañones por temor a ser ahorcados si combatían contra fuerzas británicas.
Aun así, la responsabilidad última de la decisión recayó en el comandante del buque. Pinedo conocía de antemano la composición de su dotación y había aceptado el mando en esas condiciones. Pese a contar con órdenes escritas que lo obligaban a resistir, optó por no forzar la situación ni cumplirlas. El 3 de enero de 1833, la bandera argentina fue arriada y entregada doblada a Pinedo, quien la recibió desde la Sarandí mientras se izaba el pabellón británico en tierra.
PINEDO Y SU FALTA GRAVE A LA OBEDIENCIA DEBIDA
Pinedo no estaba ante una disyuntiva entre obedecer órdenes imposibles y preservar a su tripulación, sino ante la obligación de cumplir un mandato estatal aun en condiciones adversas. Las órdenes que había recibido le imponían resistir una agresión y no abandonar las islas sin autorización expresa. Esa obligación no desaparecía por la composición de la dotación, que el propio comandante conocía y había aceptado al asumir el mando.
La negativa de parte de la tripulación extranjera a combatir no anulaba la orden, sino que planteaba un problema de disciplina interna que debía ser resuelto por el comandante. Aun con medios limitados, Pinedo conservaba la facultad de imponer autoridad, emplear a los oficiales y marineros leales, y ejecutar una resistencia defensiva, aunque fuera breve o simbólica. Resistir no significaba vencer ni sostener un combate prolongado, sino afirmar la soberanía y obligar al agresor a emplear la fuerza.
Incluso en el supuesto de una resistencia materialmente mínima, Pinedo podía negarse a arriar la bandera bajo intimidación y forzar a que la ocupación se realizara por la violencia directa del ocupante. Ese acto, habitual en la práctica militar de la época, habría transformado la evacuación en un hecho de guerra y dejado constancia inequívoca del incumplimiento británico del derecho vigente.
Al optar por no resistir y sustituir la orden recibida por una evaluación personal de conveniencia basada en la renuencia de su tripulación, Pinedo se apartó del deber militar que le había sido impuesto. La imposibilidad alegada no fue absoluta, sino el resultado de una decisión. Por eso, la pérdida de la plaza no puede explicarse únicamente por las circunstancias, sino por la renuncia del comandante a ejecutar, aun de manera limitada, la misión que se le había confiado.
*obediencia debida, en su sentido clásico.
Las órdenes que recibió Pinedo eran legítimas y claras: resistir una agresión y no abandonar las islas sin autorización. No le exigían iniciar una guerra, sino cumplir un deber defensivo. Por lo tanto, no tenía margen para reemplazar esa orden por su propio criterio, aun con una tripulación renuente.
La obediencia debida operaba hacia arriba: Pinedo debía obedecer al Estado, y la tripulación a su comandante. Al no resistir, no actuó amparado por la obediencia debida, sino que incumplió una orden legítima.
DOCUMENTOS Y TESTIMONIOS POSTERIORES
En su informe al gobierno de Buenos Aires, Pinedo sostuvo que carecía de instrucciones para iniciar hostilidades contra una potencia en paz con la República y que su situación material hacía imposible la resistencia. Estas afirmaciones fueron cuestionadas durante el proceso judicial, ya que las órdenes escritas demostraban lo contrario.
Por su parte, el capitán Onslow informó al Almirantazgo que la ocupación se realizó “sin oposición armada” y que la autoridad argentina se retiró voluntariamente. El cónsul británico Woodbine Parish, en su correspondencia privada, celebró el hecho como una recuperación pacífica de un territorio que Inglaterra nunca había dejado de considerar propio.
Rosas, en comunicaciones diplomáticas posteriores, calificó el episodio como un acto de fuerza ilegítimo y dejó constancia de que la Argentina nunca consintió la ocupación. La protesta formal presentada en 1833 marcó el inicio del reclamo diplomático ininterrumpido que llega hasta la actualidad.
EL CONSEJO DE GUERRA Y LA SANCIÓN
El consejo de guerra fue implacable con los responsables del motín, que fueron fusilados tras un proceso ejemplar. Sin embargo, la sanción aplicada a Pinedo fue leve. Se lo suspendió por cuatro meses, se lo apartó transitoriamente de la Marina y luego se lo reincorporó ante la necesidad de oficiales.
El contraste entre la severidad aplicada a los subalternos y la indulgencia con el comandante refleja una lógica institucional que privilegió el linaje, los vínculos y la trayectoria previa por sobre el resultado concreto de los hechos.
MEMORIA OFICIAL Y CONSTRUCCIÓN DEL RELATO
Con el paso del tiempo, la historiografía oficial fue atenuando la responsabilidad de Pinedo. Su conducta fue presentada como prudente y justificada por las circunstancias, mientras se omitía el contenido preciso de las órdenes recibidas y el hecho central de que la soberanía fue abandonada sin combate.
La Armada argentina llegó incluso a homenajearlo dando su nombre a unidades navales, consolidando una versión edulcorada del episodio. De este modo, la ocupación británica de 1833 quedó desligada de responsabilidades individuales y convertida en un hecho casi inevitable.
UNA USURPACIÓN SIN BATALLA
Las Malvinas no se perdieron en una guerra. Se perdieron en una decisión. No hubo derrota militar, sino retirada. La ocupación británica se consolidó a partir de la inacción de quien tenía órdenes precisas de resistir y no lo hizo.
Ese acto, consumado sin disparar un solo tiro, marcó el inicio de una usurpación que aún perdura y explica por qué la cuestión Malvinas no es sólo un problema diplomático, sino también un debate pendiente sobre responsabilidad, memoria y soberanía.
SI TE GUSTO EL TEXTO PODES COLABORAR CON EL AUTOR 👇
MERCADO PAGO 👇
zanni.damian
Gracias!
FUENTES
Rosa, José María. Historia Argentina.
Chávez, Fermín. Rosas y la política exterior argentina.
Rivera, Enrique. La usurpación de las Islas Malvinas. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1983.
Galasso, Norberto. Juan Manuel de Rosas.
Halperín Donghi, Tulio. Historia contemporánea de América Latina.
Escudé, Carlos. La política exterior argentina.