lunes, 29 de septiembre de 2025

La emigración contemporánea

 La emigración contemporánea

A lo largo del siglo XIX las crisis económicas del archipiélago, así como los conflictos registrados en los habituales destinos de la emigración canaria condicionaron los flujos migratorios. Durante la primera mitad del siglo, el desplome de las exportaciones vinícolas produjo un incremento notable de las salidas hacia Cuba y Venezuela, aunque la guerra de Independencia venezolana (1810-1824) contuvo temporalmente la emigración hacia aquel país. A partir de 1875 la crisis de la cochinilla generó una nueva oleada migratoria, en este caso hacia Venezuela y Uruguay principalmente ya que Cuba sufría la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878). Tras la recuperación económica registrada en las islas a partir de 1890 con la introducción de los nuevos cultivos centrales (plátanos, tomates y papas), la emigración tendió a reducirse, aunque Cuba siguió siendo un destino privilegiado hasta 1920 debido al intenso crecimiento económico vivido en la isla.


Después de la Guerra Civil (1936-1939) la crisis económica y la represión política provocaron la reactivación del flujo migratorio, dirigido principalmente a Venezuela. Muchos isleños, apremiados por la miseria o perseguidos por sus ideas políticas, se embarcaron de forma clandestina en pequeños motoveleros, con frecuencia antiguos buques pesqueros, para cruzar el Atlántico. Pudieron ser más de 3.500 los canarios que arribaron en estas condiciones a Venezuela. Casi siempre hacinados y sin alimentos suficientes para el largo viaje. Así le ocurrió al pesquero Saturnino, cuyo viaje duró 86 días. La goleta Benahoare, en cambio, fue más afortunada y arribó a Venezuela en sólo 21 días. La nueva política migratoria adoptada por el dictador Marcos Pérez Jiménez en 1952 tuvo amplio eco en el archipiélago y solamente en los años cincuenta abandonaron las islas más de 72.000 emigrantes, en su mayoría procedentes de las islas occidentales. La expansión económica registrada entonces en Venezuela en sectores como el comercio, el transporte, la agricultura y la producción de petróleo favoreció la llegada masiva de emigrantes canarios, lo que justificaría la consideración de Venezuela como la "octava isla". Durante las décadas de 1960-70 muchos emigrantes regresaron a Canarias y destinaron sus ahorros a la compra de tierras, otros invirtieron en el sector inmobiliario, así como en la hostelería, el transporte y el comercio. Su contribución económica y experiencia profesional contribuyeron a la recuperación económica del archipiélago.

Canarias durante el siglo XIX

Cambios Políticos

El siglo XIX fue un periodo de grandes transformaciones políticas. Comenzó la centuria con el estallido de la Guerra de la Independencia y la invasión de la Península por el ejército de Napoleón. Para cubrir el vacío de poder se creó en 1808 la Junta Suprema de Canarias con sede en La Laguna. En Gran Canaria se creó a su vez el llamado Cabildo Permanente, iniciándose entonces el largo pleito que ambas islas sostuvieron por la capitalidad del archipiélago durante el siglo XIX. En representación de las islas acudieron a las Cortes de Cádiz (1810-1813) los diputados canarios Ruíz de Padrón, Pedro Gordillo, Santiago Key y Antonio Llarena. Los ecos de la guerra resonaban lejos del archipiélago, sometido sin embargo al acoso de los corsarios, pero en 1809 llegó al archipiélago un nutrido contingente de prisioneros franceses capturados en la batalla de Bailén. A su vez, algunos batallones isleños combatieron en la Península.


La implantación del estado liberal en Canarias supuso la desaparición de una gran parte de las instituciones administrativas y jurídicas del Antiguo Régimen, aunque estos cambios estuvieron condicionados por la evolución política posterior. Así, la Inquisición y el régimen señorial, presente todavía en las islas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, fueron abolidos por las Cortes de Cádiz y parcialmente restablecidos posteriormente. Asimismo, se suprimieron los antiguos Cabildos, fundados después de la conquista, y en su lugar se crearon los ayuntamientos constitucionales, origen de la actual división municipal del archipiélago. También se creó la provincia única de Canarias, estableciéndose en 1833 la sede de la Diputación Provincial en Santa Cruz de Tenerife, lo que motivó un nuevo episodio del pleito interinsular. En el ámbito religioso se produjo la división de la antigua diócesis de Canarias al crearse el obispado de Tenerife en 1819. De este modo quedaban establecidas las bases de la organización administrativa del archipiélago.

Como ocurría en el resto del estado, la actividad política estuvo controlada de modo casi exclusivo por partidos y personalidades que actuaban en representación de los grandes propietarios agrarios y la burguesía comercial. El caciquismo y el fraude electoral eran prácticas habituales. El conflicto mantenido entre Gran Canaria y Tenerife condicionaba el panorama político y las relaciones con el gobierno del estado.

Un nuevo ciclo económico

Después de la conquista las islas disfrutaron de algunas singularidades fiscales y comerciales que favorecieron en parte su desarrollo económico, pero fue a finales del siglo XVIII cuando se emprendieron distintas iniciativas destinadas a obtener un régimen de libertades comerciales que aliviara la grave crisis económica sufrida a causa del declive de las exportaciones vinícolas. Los antiguos cabildos solicitaron a la Corte la eliminación de aduanas, la liberalización del comercio de productos extranjeros, la libertad de precios, etc. De nuevo el régimen arancelario canario fue objeto de atención durante el Trienio Liberal (1820-23), destacando la intensa actividad desplegada en las Cortes por el diputado canario de origen irlandés José Murphy y Meade. A mediados de siglo, las peticiones isleñas fueron oídas y el gobierno liberal de Bravo Murillo autorizó los puertos francos en 1852, estableciéndose en Canarias un régimen arancelario de tendencia librecambista, mientras en el resto del territorio nacional prevaleció el criterio proteccionista. De una u otra forma las singularidades económicas del archipiélago se han mantenido hasta el presente.

El vino desapareció prácticamente de las exportaciones isleñas a partir de 1814 y nunca volvería a tener importancia comercial, pero hacia 1825 ya se estaban realizando las primeras experiencias con un nuevo producto destinado a alcanzar un gran éxito: la grana o cochinilla, pequeño insecto procedente de Centroamérica que crece adherido a las tuneras y con el cual se fabrica un colorante rojo de gran calidad. Su expansión en las zonas de medianías y costas de todo el archipiélago fue favorecida por las buenas condiciones climáticas, la ausencia de las plagas que afectaron a México y Honduras, grandes países productores, la implantación de los puertos francos y, sobre todo, por el fuerte incremento de la demanda inglesa. La cochinilla llegó a suponer el 90% de las exportaciones isleñas y su momento de mayor esplendor transcurrió entre 1850 y 1870. A partir de entonces la difusión de los colorantes artificiales y la inestabilidad provocada por la guerra franco-prusiana causaron su rápida y definitiva decadencia.

La caña de azúcar y el tabaco surgieron entonces como alternativas para aliviar la dura crisis económica y social, pero pronto se revelaron insuficientes. Otros cultivos como el café o el naranjo tampoco tuvieron éxito, por lo que la emigración a América y particularmente a Cuba alcanzó niveles desconocidos hasta la fecha.

La Cultura

El panorama educativo del archipiélago era desolador: hacia 1860 el índice de analfabetismo ascendía al 87%; en 1900 el nivel había bajado al 75´26%. La carencia de escuelas públicas era generalizada y el primer instituto de segunda enseñanza se funda en 1844 en La Laguna. El panorama de la enseñanza superior tampoco era mucho mejor debido a la azarosa existencia de la Universidad, carente de fondos, sometida a repetidos cierres, etc.

Como había ocurrido en el siglo XVIII, el atraso educativo no impidió el florecimiento de cierta actividad cultural protagonizada siempre por minorías instaladas en las principales ciudades del archipiélago. En 1844 se funda en Las Palmas el Gabinete Literario y dos años más tarde la Academia de Bellas Artes en Santa Cruz de Tenerife. Una de las figuras más destacadas de esta época fue Sabino Berthelot (1794-1880), científico de origen francés y autor de la Historia Natural de las Islas Canarias. Entre los investigadores locales sobresalen Gregorio Chil y Naranjo, Agustín Millares Torres o Juan Bethencourt Alfonso. A lo largo del siglo XIX el interés de la ciencia por el archipiélago no dejará de aumentar, registrándose la visita de numerosos investigadores europeos: Humboldt, Piazzi Smith, Verneau, etc.

La actividad cultural se intensifica progresivamente: en 1869 se funda el Gabinete Instructivo en Santa Cruz de Tenerife, en 1879 el Museo Canario en Las Palmas y en 1881 la Sociedad La Cosmológica en Santa Cruz de La Palma. El periodismo muestra una gran vitalidad a finales de siglo apareciendo numerosas cabeceras en las principales islas del archipiélago. La poesía regionalista (Nicolás Estévanez, José Tabares Bartlet o Antonio Zerolo, entre otros) idealizarán el paisaje insular y la cultura aborigen. En la pintura destaca durante la primera mitad del siglo el retratista y miniaturista Luis de la Cruz y Ríos, nombrado pintor de cámara de Fernando VII. Posteriormente sobresalen Nicolás Alfaro, Manuel González Méndez y Valentín Sanz. A su vez, Teobaldo Power, autor de los Cantos Canarios, fue la figura culminante de la creación musical. Durante las últimas décadas del siglo desarrolla su actividad literaria en Madrid el más universal de los escritores canarios y figura cumbre de la novela realista española: el grancanario Benito Pérez Galdós (1843-1920), adscrito a la denominada generación del 68, y autor de los Episodios Nacionales, Fortunata y Jacinta, Misericordia, etc.

Canarias - América

 

Canarias - América

Canarias, camino para las Indias

Las Islas Canarias están vinculadas a América desde el mismo momento del descubrimiento. En La Gomera hizo escala Colón durante su primer viaje, en las islas permaneció alrededor de un mes reparando sus embarcaciones, haciendo agua y aprovisionándose, antes de zarpar buscando el favor de los vientos alisios. El descubrimiento del Nuevo Mundo fue posible desde Canarias, pero América saldó si cabe esta deuda transformando a Canarias, hasta entonces extremo del mundo conocido y poco más que una posesión periférica de la Corona de Castilla, en una de las principales encrucijadas de la época. A partir de 1492 las Islas Canarias cobraron una importancia estratégica de primer orden que sería ambicionada por todas las potencias europeas rivales de Castilla, como puso de manifiesto la serie ininterrumpida de ataques navales que sufrió el archipiélago a lo largo de tres siglos.


Los principales puertos de las islas fueron escala obligada en el viaje de ida, aunque menos frecuentados en el de vuelta, que discurría por latitudes más septentrionales. Sin embargo, en Canarias embarcaban tripulantes y pasajeros, mercancías y suministros, variedades agrícolas y ganaderas que luego se aclimataron en las tierras recién descubiertas. Al mismo tiempo, en el archipiélago hacían escala los productos procedentes de las Indias, el oro y la plata, materias tintóreas como el palo de Brasil o alimentos desconocidos en Europa como el millo, las papas, el tomate y el pimiento, que revolucionaron nuestra dieta y arraigaron en las islas constituyendo en la actualidad un valioso patrimonio genético.

Después de Colón numerosos viajeros y conquistadores hicieron escala en las islas, incorporando a sus expediciones marineros, soldados y colonos originarios del archipiélago. Durante muchos años las islas fueron asiento temporal de individuos y familias procedentes de otros rincones de la corona española que aguardaban la primera oportunidad para dar el salto a las Indias. En 1502 pasa por Gran Canaria y La Gomera Juan de Ovando camino de La Española; en 1514 lo hace Pedrarias Dávila en su viaje a Panamá, cincuenta isleños se incorporan a la expedición; en 1515 hace escala en La Gomera Juan Díaz de Solís camino de los Mares del Sur; cuatro años después Magallanes se refugia en el sur de Tenerife huyendo de los portugueses durante el primer viaje que dio la vuelta al mundo; otras expediciones fueron comandadas por Francisco Pizarro, Pedro de Mendoza, Hernando de Soto, Cabeza de Vaca, etc. Entre los mismos conquistadores no faltaron isleños, como Pedro Fernández de Lugo, segundo Adelantado de Tenerife, que en 1535 obtuvo una capitulación para poblar la región de Santa Marta en Colombia y aparejó siete buques en los que embarcó varios cientos de colonos isleños.

Los canarios en América

Con aquellas expediciones la aportación de Canarias al poblamiento de América no había hecho más que empezar. A lo largo de los siglos siguientes la corriente migratoria desde el archipiélago fue continua, experimentando altibajos en razón a las coyunturas económicas vividas en las islas o los proyectos colonizadores de la Corona. El aumento demográfico registrado en Canarias y la relativa facilidad con que podía viajarse a las Indias son otras de las razones que explican el mantenimiento de la emigración a América. A lo largo de los siglos XVII y XVIII la emigración de isleños, como eran conocidos los colonos canarios en América, contribuyó a aliviar el excedente de población en las islas, al tiempo que satisfacía las demandas de emigrantes expresadas por los gobernadores de Puerto Rico, Florida, Cumaná, La Habana, etc. En contrapartida a los permisos concedidos a las islas para comerciar con algunos puertos americanos, la Corona estableció en 1678 el llamado "derecho de familias", calificado por algunos como "tributo de sangre", según el cual las islas estaban obligadas a embarcar cinco familias por cada cien toneladas de mercancías exportadas hacia América. La emigración isleña se ha dirigido tradicionalmente hacia Cuba, Venezuela y otras zonas del Caribe como Santo Domingo y Puerto Rico. El Río de la Plata y particularmente Uruguay fue otro importante destino, finalmente algunos países centroamericanos, así como ciertas regiones meridionales de los actuales Estados Unidos recibieron también destacados contingentes de emigrantes isleños.

En algunos de estos países los canarios fundaron importantes localidades. En 1693 veinticuatro familias canarias fundaron Matanzas en Cuba. Es el caso de Montevideo, fundada en 1726-29 por ochenta familias canarias procedentes de todas las islas, cuya misión consistía en poblar y defender aquellos territorios de la incursión de los portugueses, asentados en el vecino Brasil. Así ocurrió también con San Antonio de Texas, establecida en 1731 por varias familias canarias para poblar una región que, salvo algunas misiones y las tropas de guarnición, apenas contaba con colonos procedentes de la metrópoli. De nuevo en el periodo 1778-82 el rey Carlos III envió a numerosas familias de las islas a poblar el territorio de la Louissiana en los actuales Estados Unidos, con el objetivo de evitar que los ingleses accedieran al Golfo de México y amenazaran una de las principales zonas del Imperio español en América. De las localidades fundadas entonces por los canarios en el curso bajo del río Mississipi, la más importante es San Bernardo, situada actualmente en las proximidades de New Orleans. Otras poblaciones isleñas fueron fundadas en Yucatán, Puerto Rico, Santo Domingo, Costa de los Mosquitos, etc.

La huella dejada por algunas personalidades isleñas en América ha sido muy destacada. En el siglo XVI destaca la figura del lagunero José de Anchieta (1533-1597), jesuita formado en Portugal que se trasladó a Brasil, donde desplegó una intensa labor misionera. Allí se distinguió por la defensa de los indígenas dando ejemplo de pobreza. Fundó la ciudad de Sao Paulo y es conocido como el Apóstol de Brasil. Otra personalidad sobresaliente es la del hermano Pedro de Betancur (1626-1667), que desarrolló una notable labor en Guatemala en defensa de los más pobres y los indios. La iglesia ha exaltado su figura nombrándolo santo. En Chile desarrolló una actividad similar el majorero Andrés García Acosta (1800-1853). A comienzos del siglo XIX numerosos isleños desempeñaron un destacado papel en las guerras de Independencia. Algunos incluso se anticiparon, como Juan Francisco de León en 1749 dirigiendo una rebelión contra la Compañía Guipuzcoana de Caracas. En 1811 el venezolano hijo de canarios Francisco de Miranda (1750-1816) lideró el primer intento de independencia de su país. Miranda fue una de las grandes figuras americanas de su tiempo: luchó en la guerra de independencia de los Estados Unidos, fue mariscal de campo del ejército francés, viajó por toda Europa, colaboró con Bolivar, etc. José Antonio Páez y José María Vargas, primeros presidentes de Venezuela, también fueron de origen isleño. A su vez, el bando fiel a la Corona fue dirigido por generales nacidos en el archipiélago, como Domingo Monteverde y Francisco Tomás Morales. En el Río de la Plata los independentistas contaron con la figura del tinerfeño de origen irlandés Domingo Cullén. Entre los partidarios de la independencia de Cuba llegaron a figurar seis generales canarios. José Martí, padre de la independencia cubana, era asimismo hijo de canaria. Otros dirigentes de la historia reciente de Venezuela, como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, eran igualmente de ascendencia canaria.

Canarias Siglo XVIII

 

Canarias Siglo XVIII

Sociedad

El primer tercio del siglo XVIII es un periodo crítico por la larga serie de calamidades naturales que se registran en las islas: malas cosechas, langosta, erupciones, aluviones, epidemias, hambrunas, etc. Entre 1704 y 1706 se registran cuatro erupciones en Tenerife, entre ellas la de Garachico, que destruyó el puerto y la prosperidad de aquella localidad. En 1712 otra en La Palma, y entre 1730 y 1736 la larga serie de erupciones de Timanfaya en Lanzarote, que arrasó un tercio de la isla. El principal azote de los cultivos, sin embargo, lo constituyen las plagas de langosta. Como consecuencia de lo anterior y de las prolongadas sequías se desencadenan hambrunas que afectan en general a todo el archipiélago, pero muy especialmente a las islas de Lanzarote y Fuerteventura. El hambre catastrófico de 1721 produjo una mortandad superior a las 7.000 personas sólo en Gran Canaria. Por fin, el archipiélago sufrió el azote frecuente de las epidemias: peste en 1691-92, fiebre amarilla en 1703 y 1706, nuevas epidemias en 1741 y 1769, viruela en 1780 y 1799, etc. Aún así la población pasó de 105.375 habitantes en 1688 a 192.189 en 1802. La elevada tasa de natalidad (superior al 40 º/oo) explica dicho aumento demográfico.


La sociedad permaneció dividida en dos grandes bloques. El grupo dominante estaba formado por grandes propietarios ennoblecidos que residían en Las Palmas, La Orotava, La Laguna y otras localidades, así como por la burguesía comercial establecida en los principales puertos como Santa Cruz de Tenerife, el Puerto de la Cruz, etc., en su mayoría de origen extranjero (Valois, Cologan, Power o La Hanty). En cambio, la inmensa mayoría de la población constituía los grupos sociales dependientes: campesinos, artesanos, pequeños propietarios, etc. Para poder subsistir era habitual el desempeño de varios oficios a lo largo del año, pudiendo combinarse la vendimia en Tenerife, con la siega en Fuerteventura, las actividades artesanales, etc. Las jornadas de trabajo eran muy largas y los salarios generalmente escasos. La emigración a América constituía una de las pocas alternativas que restaba a buena parte de la población, especialmente a los jóvenes.

El siglo XVIII ofrece en Canarias un panorama teñido de crisis y conflictos de diversa naturaleza. El aumento de los impuestos y la ocupación de tierras por los grandes propietarios endurecieron las condiciones de vida. La tensión social se manifestó en múltiples conflictos que afectaron a la práctica totalidad del archipiélago. Entre ellos cabe citar el motín de La Laguna (1710), Lanzarote (1714), La Orotava , Agüimes y El Hierro (1718), el motín y asesinato del Intendente Cevallos en Santa Cruz de Tenerife (1720), disturbios con motivo de la moneda falsa en Santa Cruz de Tenerife (1734), motín en Fuerteventura (1736), motines en La Gomera (1743 y 1762), motín en la Aldea de San Nicolás de Tolentino (Gran Canaria) (1777), Las Palmas (1797), Arucas (1800), etc.

Economía

Resulta ostensible la decadencia en la exportación de los vinos de malvasía, que tanta prosperidad habían dado a islas como Tenerife y La Palma, debido a la pérdida de los mercados europeos y a la pésima situación del comercio con Indias. La competencia de los vinos de Madeira, Oporto y Jerez, así como el proteccionismo de Gran Bretaña provocaron el desplazamiento de los vinos canarios en el mercado inglés. Asimismo, se incrementó la inseguridad debido a la conflictiva situación internacional (Guerra de Sucesión española entre 1700 y 14, guerras napoleónicas, etc.), resultando habitual la presencia de corsarios en aguas de Canarias. Sin embargo, a partir de 1796 las exportaciones de vinos a Inglaterra experimentaron una breve recuperación durante el bloqueo de los puertos europeos impuesto por Napoleón a los buques británicos.

Al mismo tiempo que las exportaciones vinícolas sufrían un franco declive se registró una expansión de la agricultura de autoconsumo (cereales, papas, legumbres, ganadería etc.) en las zonas de medianías, especialmente en la isla de Gran Canaria, donde el cultivo de la vid había alcanzado menor desarrollo. Por fin, viejos productos de recolección como la barrilla y la orchilla, muy abundantes en Lanzarote y Fuerventura, reaparecieron como renglones comerciales y aliviaron la situación de muchas familias.

La Ilustración

El siglo XVIII fue un periodo de esplendor cultural desconocido hasta la fecha en el archipiélago. Las intensas relaciones comerciales mantenidas con los países del norte de Europa y la nutrida colonia de comerciantes extranjeros que desarrollaban su actividad en los principales puertos del archipiélago son las causas que favorecieron el arraigo de la Ilustración en las islas. Las tertulias integradas por miembros de la nobleza local, eclesiásticos y otras personalidades locales fueron los principales centros de difusión de las ideas ilustradas en el archipiélago. En La Laguna fue célebre la Tertulia de Nava, reunida en torno a Tomás de Nava y Grimón, marqués de Villanueva del Prado, en la que participaron José de Viera y Clavijo, Fernando de la Guerra y el marqués de San Andrés.

Los ilustrados promovieron también la creación de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, la introducción de nuevos cultivos, la aparición de los primeros periódicos, como el Papel Hebdomadario o El Personero, etc, la introducción de la imprenta en 1751, la fundación del Seminario Conciliar en Las Palmas en 1777 la creación del Jardín Botánico de La Orotava en 1791 o la Universidad de La Laguna en 1792.

Madrid y la corte fueron el escenario donde brillaron la mayor parte de los ilustrados canarios. Hubo personajes muy influyentes en la administración como Antonio Porlier y Sopranis, ministro de Gracia y Justicia, o Bernardo de Iriarte, miembro del Consejo de Estado. Domingo de Iriarte fue embajador de España en París Otros personajes relevantes fueron Agustin de Bethencourt, ingeniero general de puertos y caminos que en 1807 pasaría al servicio de los zares, José Clavijo y Fajardo, natural de Teguise y autor de una interesante obra científica y teatral, Tomás de Iriarte, célebre escritor y fabulista (El Burro Flautista, Los dos conejos, El pato y la serpiente...), etc.


José Viera y Clavijo (1731-1813). Sacerdote nacido en Los Realejos Fue arcediano de Fuerteventura y canónigo de Las Palmas. Su obra es muy diversa: literatura, historia, botánica, etc. Destacan Noticias sobre la historia general de las Islas Canarias, publicada entre 1772 y 1783, y el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias. Fue el principal animador de la Tertulia de Nava.

Diego Nicolás Eduardo (1733-1798). Natural de La Laguna, introdujo la arquitectura neoclásica en Canarias. Estudio en La Laguna y en la Península y, a su vuelta, a las islas fue racionero de la catedral de Canarias. Entre sus trabajos destacan la iglesia de Santiago de los Caballeros de Gáldar, la fachada de la catedral de Las Palmas y una parte de la Concepción de La Laguna.

Alonso de Nava y Grimón (1756-1832) Marqués de Villanueva del Prado. Natural de La Laguna y uno de los principales hacendados del archipiélago.

Manuel Verdugo y Albiturría (1749-1816) Natural de Las Palmas y primer canario que ostentó el obispado de Canarias. Obispo ilustrado opuesto al Santo Oficio.


Canarias Siglo XVII

 

Canarias Siglo XVII

Sociedad y administración

La expansión económica registrada en las islas durante la mayor parte del siglo XVII estimuló el incremento demográfico. Si en 1585 la población total del archipiélago podía rondar los 30-40.000 habitantes, en 1688 ascendía ya a 105.375, de los que aproximadamente la mitad residía en Tenerife.

La estructura social establecida durante la colonización se mantuvo vigente durante el siglo XVII. El grupo dominante, constituido por los grandes propietarios y la burguesía comercial, esta última de origen mayoritariamente extranjero, consolidó su poder debido al enriquecimiento producido por el auge del cultivo y las exportaciones vinícolas.

La mayor parte de la población constituía el grupo dependiente: pequeños y medianos propietarios agrícolas, jornaleros, artesanos, sirvientes, mendigos, esclavos, etc. La situación de este grupo era generalmente penosa y su suerte podía variar radicalmente de signo debido a una sequía o cualquier otra calamidad. La falta de recursos, el hambre, los abusos, la violencia ejercida por el grupo dominante daban lugar a frecuentes conflictos sociales (motines) y a un flujo migratorio constante.

La creciente complejidad social obligó a crear nuevas instituciones para garantizar el gobierno de las islas. La autoridad ejercida por los gobernadores y cabildos nombrados después de la conquista debió ser compartida con instituciones de ámbito regional como la Capitanía General establecida en 1589, aunque su funcionamiento efectivo data de 1629

 Islas del vino

Durante la segunda mitad del siglo XVI las exportaciones azucareras sufrieron la competencia del azúcar procedente de las Antillas y el cultivo entró en decadencia. Sin embargo, la economía isleña se restableció muy pronto debido a la elevada demanda registrada por los vinos canarios en los mercados del norte de Europa. La expansión de la vid benefició a buena parte del archipiélago y muy especialmente a Tenerife, centro de las exportaciones. Los vinos canarios, malvasías y vidueños, tuvieron su principal mercado en Inglaterra, Holanda, Francia y otros países europeos, pero a lo largo de los siglos XVII y XVIII también fueron enviados al imperio colonial portugués, a las Indias españolas y a las colonias británicas de Norteamérica.

Piratas y corsarios en Canarias

Desde comienzos del siglo XVI los principales puertos del archipiélago fueron una escala imprescindible en la ruta entre Europa y las colonias españolas en América. En las islas recalaba la flota de Indias en su viaje de ida, por las aguas que median entre Azores y Canarias discurrían numerosos piratas y corsarios que aguardaban su paso con ánimo de hacerse con el rico botín. Durante más de tres siglos las Islas Canarias sufrieron la amenaza de piratas y flotas enemigas que trastornaban el normal desarrollo del comercio, cuando no eran objeto de asaltos y desembarcos que asolaban poblaciones enteras.

Entre los más conocidos ataques ingleses destacan los llevados a cabo por Francis Drake contra Santa Cruz de La Palma en 1585 y Las Palmas en 1595. Al año siguiente la armada inglesa vuelve a atacar varios puertos del archipiélago. Los ataques a las islas orientales por piratas argelinos y el apresamiento de buques de cabotaje y embarcaciones pesqueras fueron episodios frecuentes. El último gran ataque sufrido por las islas es el dirigido en 1797 contra Santa Cruz de Tenerife por una flota inglesa comandada por el contraalmirante inglés Horacio Nelson.

Ante la frecuencia de los ataques y la inseguridad permanente de las islas, el rey Felipe II creó la Capitanía General y envío al archipiélago al ingeniero italiano Leonardo Torriani con el objetivo de mejorar las fortificaciones. Durante más de trescientos años, las islas fueron defendidas por las milicias canarias, constituidas por los vecinos encuadrados en regimientos, batallones y compañías con jurisdicción sobre cada una de las islas y comarcas.

Colonización de las Islas Canarias

 

Colonización de las Islas Canarias

La colonización es el periodo de la historia de Canarias que sucede a la conquista y durante el cual la cultura europea se introduce en el archipiélago en sustitución de las culturas aborígenes. Este proceso dura varias décadas en cada una de las islas, dando lugar a una nueva sociedad caracterizada por la diversidad de los elementos que la constituyen, más complejos en las islas de realengo, donde se observan ámbitos urbanos claramente cosmopolitas, y menos complejos en las de señorío. 

Concluida la conquista, la ocupación del territorio se plasma en primer lugar mediante el repartimiento de tierras y aguas entre los conquistadores, colonos, banqueros y comerciantes que han financiado la conquista, la Iglesia, los recién creados Cabildos, etc., así como entre un reducido número de aborígenes que han colaborado con los conquistadores. Las datas de tierra atrajeron pobladores andaluces, castellanos, gallegos, portugueses y de otras regiones a las islas de realengo, lo que permitió una lenta recuperación demográfica tras el desplome poblacional sufrido durante la conquista. 

El atractivo ejercido por la puesta en explotación de las islas, así como la propia ubicación del archipiélago en la ruta hacia América, favoreció la aparición de una sociedad cosmopolita en las principales localidades portuarias (Garachico, Las Palmas, Santa Cruz de La Palma) y en algunas ciudades como La Laguna. Esta diversidad demográfica, la variedad de usos y costumbres, las múltiples aportaciones lingüísticas o la temprana influencia americana configuraron desde su nacimiento la identidad de la nueva sociedad establecida en el archipiélago.

A su vez, las islas de señorío, de recursos más limitados, sufrieron los abusos de los señores y además, en el caso de las orientales, los frecuentes ataques berberiscos, por lo que registraron un acusado despoblamiento. Las capitales insulares (Teguise, Betancuria y San Sebastián) serían las principales localidades. Las protestas y motines contra los señores no tardan en surgir, como el promovido por los vecinos de Lanzarote en 1477 reclamando el traspaso de la isla a la jurisdicción real. Hacia 1585 la población de las islas de señorío rondaba los mil habitantes cada una, algo menor en Lanzarote a pesar de la repoblación con moriscos capturados en la costa africana, y superior en Fuerteventura. La Palma contaba con 5.580 habitantes, Gran Canaria con 8.545 y Tenerife, la más poblada, con 20.350.

 Actividades económicas

La colonización supuso la puesta en explotación del territorio insular mediante la introducción de las prácticas, técnicas y productos conocidos en la metrópoli. A las islas llegaron primero las especies agrícolas y ganaderas propias del ámbito peninsular y mediterráneo como las hortalizas, frutales, leguminosas, nuevos cereales y especies ganaderas como el vacuno, el equino, gallinas, conejos, etc. Después arribarían las especies americanas como el tomate, la papa o el millo. Todos ellos constituirían el sector productivo destinado al abastecimiento interior, el más importante de las islas por la superficie cultivada (en buena parte terrenos de secano ubicados en las medianías), la población activa, etc. La puesta en explotación de las islas produjo una honda transformación del paisaje isleño: deforestación, nivelación de terrenos, aprovechamientos hidráulicos, apertura de vías de comunicación, urbanización, etc.

Singular fortuna tuvo la introducción de la caña de azúcar en Gran Canaria. Traída por Pedro de Vera desde Madeira, se extendió por las zonas costeras de las islas centrales y La Palma, convirtiéndose pronto en el principal cultivo de exportación. Exigente en riego, ocupó las mejores parcelas costeras, cuya roturación requirió fuertes inversiones de capital. Embarcada en los puertos y caletas isleños por comerciantes generalmente extranjeros, el azúcar era enviado a Flandes (Amberes), Italia (Génova), Holanda, Inglaterra, alcanzando el archipiélago el sobrenombre de Islas del Azúcar. Con el cultivo de la caña, Canarias se incorporó a los circuitos económicos internacionales, más concretamente norte-europeos, en los que ha permanecido integrada, en mayor o menor medida, hasta la actualidad. Comprobada su viabilidad en el archipiélago, muy pronto la caña de azúcar sería llevada a América, confirmando así que Canarias y los otros archipiélagos atlánticos constituyeron los primeros escenarios geográficos donde habría de ensayarse el programa colonizador que después se aplicaría en América. 

Las instituciones de gobierno

La primera medida adoptada por los conquistadores después someter cada una de las islas consistía en la fundación del cabildo o ayuntamiento a semejanza de Castilla con jurisdicción sobre todo el territorio insular.  En un principio, las funciones desempeñadas por los cabildos eran muy extensas: obras públicas, abastecimiento, sanidad, defensa de la isla, hacienda, justicia, etc., contando para ello con recursos derivados de la explotación de los montes, salinas, rentas urbanas, impuestos sobre pastos, colmenares, etc. En las islas de señorío los cabildos serían simples instrumentos en manos de los señores, mientras en las de realengo estaban controlados por una elite de grandes propietarios y comerciantes, cuyos miembros ocupaban los cargos de regidores y funcionarios de más alto rango. 

Para unificar la administración del archipiélago se creó en 1526 la Real Audiencia con sede en Las Palmas. Con el propósito de mejorar la defensa de las islas ante los frecuentes ataques piráticos Felipe II creó en 1589 la Capitanía General, posteriormente suprimida ante las protestas de los cabildos y restablecida definitivamente a comienzos del siglo XVII.

La Iglesia era otra de las grandes instituciones vertebradoras de la nueva sociedad. Su poder económico e influencia social eran extraordinarios: parroquias y conventos poseían grandes extensiones de tierra, percibían el diezmo y ejercían competencias exclusivas en materia educativa y de beneficencia. 

Cultura

Junto a las manifestaciones de la cultura popular (arquitectura tradicional, folklore, artesanía, etc.) arraigarán pronto en el archipiélago los lenguajes artísticos adoptados por las elites europeas. El gótico y el mudéjar están presentes en numerosas edificaciones de las islas de señorío desde el siglo XV, pasando luego al resto del archipiélago (Catedral de Santa Ana, Casa Gadea-Mansel). Desde el norte de Europa arribarán a las islas numerosas piezas artísticas (imágenes, retablos, trípticos, etc.) de factura gótico-flamenca, como el retablo de San Juan de Telde o la Adoración de los Reyes de Taganana. 

Otras, como el Cristo de La Laguna, son de inspiración andaluza. El renacimiento se mostrará en edificios civiles como el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma o en viviendas como el Palacio de Lercaro en La Laguna. De estas fechas data el origen de los principales conjuntos monumentales del archipiélago: Santa Cruz de La Palma, Vegueta en Las Palmas y La Laguna. El autor literario más importante del siglo XVI fue el poeta Bartolomé Cairasco (1538-1610); con posterioridad surge la figura del también poeta Antonio de Viana (1578-¿)

Canarias Siglo XVII

Conquista de Canarias Redescubrimiento

 

Conquista de Canarias

Redescubrimiento

Tras la caída del Imperio Romano las Islas Canarias dejaron de ser visitadas por los navegantes y su conocimiento se perdió. Lanceloto Malocello arribó a Lanzarote hacia 1312 y dio su nombre a la isla.  Por las mismas fechas el archipiélago comenzaba a ser visitado por marinos catalanes y mallorquines y en 1351 el papa creaba el Obispado de la Fortuna con sede en Telde. De esta época datan los actuales nombres de las islas. El Redescubrimiento de las Islas Canarias fue un acontecimiento histórico de gran importancia pues supuso el inicio de la expansión geográfica europea que culminaría más tarde con la apertura de la ruta hacia las Indias Orientales y con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Conquista Señorial

La conquista de las Islas Canarias fue un largo proceso que duró casi un siglo, distinguiéndose al menos dos periodos. La primera etapa, conocida como conquista señorial, fue emprendida en 1402 por dos caballeros franceses, el normando Jean de Bethencourt y su socio Gadifer de la Salle. Primero desembarcaron en la isla de La Graciosa y posteriormente se dirigieron al sur de Lanzarote, tomando tierra en el lugar conocido como El Rubicón (actual Playa Blanca), donde fundaron la localidad de San Marcial, primer asentamiento de los europeos en territorios descubiertos hacia occidente.

A continuación se emprendió la conquista de Fuerteventura, ultimada en 1405 a pesar de las desavenencias entre Bethencourt y Gadifer, que construyen los castillos de Rico Roque y Valtarajal, hoy desaparecidos. Por las mismas fechas los normandos desembarcaron en El Hierro, cuya población había sido muy castigada por las expediciones esclavistas. Bethencourt se vale del engaño para capturar al jefe Armiche y a otros herreños, tomándolos como esclavos. Como en Fuerteventura, las crónicas hablan de la existencia de un hechicero llamado Ione que pronosticó la conquista de la isla. Algunas familias de origen europeo se establecieron en El Hierro. Finalmente, la conquista de La Gomera no fue tanto el resultado de una campaña militar como el fruto de una ocupación paulatina garantizada por los pactos contraídos con los aborígenes.  Hernán Peraza el Viejo construye la llamada Torre del Conde y consolida la presencia europea en la isla, sin embargo, la asimilación progresiva de los aborígenes no impidió frecuentes revueltas debido a los abusos cometidos por los conquistadores. La más grave la instigó Hupalupa en 1488 , saldándose con la muerte de Hernán Peraza el Joven y la dura represión subsiguiente dirigida por su viuda Beatriz de Bobadilla y el conquistador de Gran Canaria, Pedro de Vera. Esta fecha es tomada para poner fin a la conquista de la isla.

Conquista de Realengo

La rivalidad con la Corona de Portugal obligó a los Reyes Católicos a comprar a los señores de las islas, el derecho a conquistar las islas que aún no habían sido sometidas (Gran Canaria, La Palma y Tenerife).  De este modo, en 1477 se iniciaba el dominio directo de las Islas Canarias por parte de la Corona castellana. Los reyes concedieron el mando de las operaciones a Pedro de Vera. La muerte de Doramas en la batalla de Arucas y la captura del guanarteme de Gáldar, Thenesor Semidán, así como la destrucción sistemática de los recursos alimenticios de los canarios, obligó a los aborígenes a refugiarse en las zonas más inaccesibles del interior de la isla. Después de cinco años de campaña militar, en julio de 1483 se dio por concluida la conquista de la isla.

La conquista de La Palma se inició en 1492. Alonso Fernández de Lugo, que había colaborado con Pedro de Vera en Gran Canaria, desembarcó en Tazacorte e inició la penetración hacia el interior de la isla. Bajo el mando de Tanausú los aborígenes resistieron a los castellanos, que finalmente recurrieron al engaño. Atraído para parlamentar a los llanos de Aridane, el líder de la resistencia fue capturado y enviado como esclavo a la Península, muriendo en el trayecto. La conquista se dio por concluida en mayo de 1493.

La conquista de Tenerife fue emprendida por el mismo Alonso Fernández de Lugo en 1494. Ultimados los preparativos en Sevilla y Gran Canaria, los castellanos desembarcaron en la costa de Añazo, actual Santa Cruz. Esta campaña se saldó con una grave derrota en La Matanza de Acentejo, desbandada en la que el propio Lugo estuvo a punto de morir. Reorganizado el ejército y provisto de nuevos apoyos, Lugo retorna a Tenerife a finales de 1495 y traba combate con los guanches, dirigidos por Bencomo y Tinguaro, en la batalla de La Laguna, obteniendo una primera victoria gracias a la eficaz intervención de la caballería en campo abierto. Con posterioridad Lugo prosiguió su avance por el norte de la isla celebrando una segunda y definitiva victoria en el lugar conocido desde entonces como La Victoria de Acentejo. La conquista de la isla concluye en 1496 con la rendición y el bautismo de los menceyes guanches. Con la rendición de Tenerife el archipiélago quedaba plenamente incorporado a la Corona de Castilla.

Primeros pobladores: Los Guanches

 



Hace aproximadamente dos mil quinientos años zonas muy extensas del noroeste de África estaban pobladas por unos pueblos llamados bereberes, cuyos descendientes viven todavía en las zonas montañosas del actual Marruecos y otros países africanos. Las características físicas y las costumbres confirman que los guanches estaban emparentados con los antiguos bereberes. El poblamiento original de las islas, sin duda uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Canarias, es todavía un misterio que los investigadores no han logrado desvelar totalmente. Hoy en día la opinión más extendida es que no llegaron por sus propios medios sino que fueron traídos por navegantes púnicos o romanos.

La sociedad aborigen

Como ocurre en casi todos los pueblos primitivos, los guanches vivían en familias muy amplias formadas por los padres, los hijos y otros parientes. Todos ellos moraban en cuevas o cabañas próximas y colaboraban en las diferentes tareas cotidianas: procurarse el sustento, mantener el fuego encendido, fabricar utensilios, etc. A medida que fue aumentando la población, los distintos grupos humanos dividieron el territorio en amplias zonas o bandos. En las islas con abundancia de agua y pastos había más población y, por tanto, mayor número de bandos: en la época de la conquista había cuatro bandos en La Gomera, nueve en Tenerife y doce en La Palma. Sin embargo, en aquellas islas con recursos escasos como Lanzarote y El Hierro la población era menos numerosa y el territorio no se dividía. Se ignora el número de habitantes que tenía el archipiélago antes de la conquista, pero se cree que podría ascender a 80.000 personas. El nombre de muchos bandos y lugares se ha mantenido hasta hoy: Tijarafe, Tacoronte, Gáldar, Jandía, Teguise, Benchijigua, Guarazoca, etc. Cuando surgía algún problema las familias recurrían a un jefe, llamado mencey en Tenerife y guanarteme en Gran Canaria. En este caso, el jefe convocaba un consejo o tagoror al que acudían personajes con experiencia, a veces ancianos, cuya autoridad era reconocida por todos. 

Tagoror ubicado en Teno Alto, Buenavista del Norte.
Tagoror ubicado en Teno Alto, Buenavista del Norte.

En las Islas Canarias no abundan los recursos naturales. Aunque los suelos volcánicos son fértiles escasea el agua y tampoco hay minerales útiles.  Por este motivo, los aborígenes aprovechaban al máximo los recursos naturales que había en las islas. La ganadería era el principal recurso de los aborígenes. La agricultura también era conocida, sobre todo en Gran Canaria, la cebada, llamada azamotán por los antiguos canarios, se utilizaba para hacer el gofio; también plantaban trigo, habas y arvejas. La dieta era complementada con los recursos procedentes de la pesca y el marisqueo, la caza y la recolección. Los niños también participaban en todos estos trabajos aprendiendo muy pronto a ser personas útiles para la comunidad.

Con las materias primas que la naturaleza ponía a su alcance fabricaban objetos y herramientas. De las cabras obtenían pieles para confeccionar sus vestidos o tamarcos, así como huesos y cuernos para elaborar punzones y anzuelos. También fabricaban molinos de piedra para hacer gofio y con la obsidiana elaboraban unas herramientas cortantes llamadas tabonas. Tenían también bastones y lanzas de madera, vasijas de barro (gánigos), agujas de espina de pescado, cucharas de lapas, bolsas e hilos de fibras vegetales, etc. Las condiciones de vida eran bastante duras y la lucha por la supervivencia era constante.

La naturaleza les proporcionaba, asimismo, un lugar donde vivir ya que los guanches habitaban casi todo el año en cuevas naturales situadas en los barrancos por donde corría el agua. En otras ocasiones habitaban cabañas de piedra con cubierta vegetal. En Lanzarote y Fuerteventura ocupaban también las llamadas casas hondas, en realidad cuevas volcánicas que se abren al nivel del suelo. Un caso especial es el de Gran Canaria, donde abundaban las cuevas artificiales excavadas en la roca, a veces pintadas (Cueva Pintada de Gáldar), así como poblados de cabañas muy bien construidas. Esto indica que en Gran Canaria había un mayor desarrollo cultural.

Vida espiritual

 Una vez al año, cuando comenzaba el verano, hombres y mujeres y, especialmente, los jóvenes, esperaban con alegría la celebración del beñesmén. Después de las cosechas, se reunían en grandes grupos para celebrar unas fiestas y se convidaban con carnes y otros alimentos mientras bailaban y competían entre ellos saltando, corriendo y luchando. De esta manera mostraban su agradecimiento al dios supremo, llamado Achamán en Tenerife y Alcorán en Gran Canaria, por los frutos recibidos a lo largo del año. 

En cambio, todo era respeto y veneración cuando se hablaba de los muertos. Cuando el difunto había sido algún jefe u otro personaje destacado, los guanches acostumbraban a momificar el cadáver. Por último, los familiares depositaban la momia en una cueva inaccesible situada en lo alto de un risco o en la ladera de un barranco. De esta manera honraban a sus muertos y los preservaban para la eternidad. En el Museo Canario de Las Palmas y en el Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife pueden observarse varias de estas momias en muy buen estado de conservación. 



Momias expuestas en el Museo de la Naturaleza y el Hombre, Santa Cruz de Tenerife
Momias expuestas en el Museo de la N


aturaleza y el Hombre, Santa Cruz de Tenerife