LA BATALLA DE PAVÓN: LA DERROTA DEL PUEBLO FEDERAL
ANTECEDENTES: DE CASEROS A LA FRACTURA NACIONAL
La Batalla de Pavón no puede comprenderse sin atender al proceso abierto tras la caída de Juan Manuel de Rosas en Caseros, en 1852. La derrota del gobernador bonaerense no resolvió el problema central de la organización nacional, sino que lo desplazó hacia una nueva disputa: la relación entre Buenos Aires y el resto de las provincias, particularmente en torno al control de la aduana y a la forma concreta del federalismo.
La sanción de la Constitución de 1853, rechazada por Buenos Aires, institucionalizó la división. Mientras la Confederación Argentina se organizaba con capital en Paraná, la provincia de Buenos Aires se mantuvo separada, controlando el principal recurso fiscal del país. Como señaló Vicente Fidel López, la Confederación nació “con forma legal, pero sin nervio económico”, una debilidad estructural que condicionó toda su existencia.
El enfrentamiento armado de Cepeda en 1859 obligó a Buenos Aires a reincorporarse formalmente mediante el Pacto de San José de Flores. A través de este acuerdo, la provincia aceptó la Constitución con reformas, pero conservó provisoriamente el manejo de la aduana y una posición de fuerza dentro del sistema político nacional. Bartolomé Mitre emergió entonces como el principal dirigente porteño, mientras que Urquiza asumía el rol de garante del orden constitucional.
Sin embargo, lejos de resolver las tensiones, el pacto dejó abiertas contradicciones fundamentales. La convivencia entre la Confederación y una Buenos Aires reticente a ceder su hegemonía económica fue frágil desde el inicio. Tulio Halperín Donghi observó que el acuerdo de 1859 creó “una unidad formal sin integración real”, anticipando un nuevo enfrentamiento.
EL CAMINO HACIA PAVÓN
Entre 1860 y 1861, el sistema político argentino se sostuvo sobre un equilibrio precario. El presidente Santiago Derqui intentó afirmarse como autoridad nacional autónoma, pero careció del respaldo necesario tanto en Buenos Aires como en el interior. Urquiza, aunque formalmente subordinado al poder nacional, conservaba un peso decisivo como caudillo y jefe militar.
La cuestión de la aduana, la representación parlamentaria porteña y el control del ejército fueron erosionando la convivencia. El asesinato del gobernador sanjuanino José Antonio Virasoro y la ejecución de Antonio Aberastain profundizaron el clima de desconfianza y violencia política. En ese contexto, Pavón no fue un accidente, sino la consecuencia lógica de un sistema incapaz de resolver sus tensiones por vías institucionales.
PAVÓN Y EL VACÍO DE PODER
La retirada de Urquiza en Pavón no solo determinó el resultado del combate, sino que produjo un vacío de poder inmediato. Al no avanzar sobre Buenos Aires ni sostener al gobierno nacional, Urquiza dejó a la Confederación sin capacidad de resistencia efectiva. La renuncia de Derqui y el receso declarado por Pedernera sellaron la disolución del orden confederal.
José María Rosa sostuvo que Pavón significó “la derrota del federalismo como proyecto político nacional”, aun cuando muchas de sus banderas permanecieran en el discurso constitucional. Desde entonces, el poder efectivo se concentró en Buenos Aires, sin necesidad de abolir formalmente la estructura federal.
EL PACTO DE FLORES COMO ANTECEDENTE Y CONTINUIDAD
El Pacto de San José de Flores adquiere, a la luz de Pavón, un nuevo significado. Lejos de ser un acuerdo transitorio, funcionó como un ensayo general del orden posterior. En él se estableció un mecanismo de conciliación formal que permitió a Buenos Aires reincorporarse sin perder su supremacía económica ni política.
Tras Pavón, ese esquema se consolidó definitivamente. La hegemonía porteña ya no necesitó pactos explícitos: se impuso como hecho consumado. Halperín Donghi señaló que Pavón transformó lo que había sido una negociación forzada en una subordinación estructural del interior.
EL PACTO DE CABALLEROS Y LA TENIDA MASÓNICA
El desenlace de Pavón no puede explicarse exclusivamente por la pericia militar de Mitre ni por la impericia de Urquiza. Existe una dimensión subterránea que la historiografía oficial suele omitir: el compromiso previo gestado en los círculos de la masonería y la diplomacia. La retirada de Urquiza, cuando sus flancos habían destrozado a la infantería porteña, responde a un acuerdo de coexistencia asimétrica.
Urquiza comprendió que una victoria militar sobre Buenos Aires era estéril sin los recursos de la Aduana. El "pacto de caballeros" consistió en el repliegue del caudillo entrerriano a su provincia, conservando su poder territorial y económico, a cambio de entregar la estructura nacional al proyecto mitrista. Esta decisión no fue una cobardía personal, sino una liquidación política: el líder del federalismo sacrificaba la Confederación para salvar su feudo, dejando al resto de las provincias a merced del centralismo.
CONSOLIDACIÓN Y VIOLENCIA: LA GUERRA DE POLICÍA
La presidencia de Mitre, iniciada en 1862, marcó el inicio de una etapa de organización estatal efectiva, pero también de disciplinamiento político. El mitrismo no procedió a una pacificación institucional, sino a una operación de castigo denominada "guerra de policía". El objetivo no era vencer a ejércitos regulares, sino extirpar la raíz social del federalismo: el gauchaje.
La represión de las montoneras, la eliminación de los caudillos provinciales y la centralización del poder militar y fiscal fueron los instrumentos del nuevo orden. Domingo Faustino Sarmiento expresó crudamente esta lógica al escribir que no debía economizarse “sangre de gauchos”. La violencia no fue un exceso aislado, sino un componente estructural del proceso de unificación. La resistencia emergió bajo el mando de Ángel Vicente "El Chacho" Peñaloza, pero esta ya no era una guerra entre iguales, sino la defensa desesperada de un modo de vida contra un ejército moderno provisto por el puerto.
LA RESISTENCIA FINAL Y EL SALDO SOCIAL
El ciclo de Pavón encontró su última gran réplica en Felipe Varela. Mientras el gobierno central destinaba los recursos a la Guerra de la Triple Alianza, las provincias del noroeste se alzaron contra lo que consideraban una tiranía extranjerizante. Varela denunció que Pavón era el triunfo de una minoría que legislaba de espaldas al destino americano. Su derrota en 1867 marcó el fin de la resistencia militar del interior.
En última instancia, Pavón representó la derrota definitiva del pueblo federal en su dimensión social. Desapareció el proyecto de una nación integrada y el modelo agroexportador se impuso sobre las ruinas de las industrias artesanales. La Argentina surgida de Pavón fue una nación con cabeza de gigante y cuerpo de enano; una unificación por absorción donde el federalismo quedó reducido a una cáscara jurídica sin correlato real de poder.
PAVÓN EN LA HISTORIA ARGENTINA
En perspectiva histórica, Pavón cerró el ciclo abierto en 1810 en torno a la forma del Estado y abrió otro, caracterizado por la primacía del poder central. Para la historiografía liberal clásica, fue el acto fundacional de la Nación organizada; para las corrientes críticas, el momento en que el federalismo quedó herido de muerte. Su legado se proyectó en la cuestión de la capital, en la organización del ejército y en las tensiones persistentes entre el centro y las periferias que aún hoy definen la identidad del país.
(Está versión es corregida de la de 2016)
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FUENTES
José María Rosa — Historia Argentina
Fermín Chávez — Civilización y barbarie
Tulio Halperín Donghi — Una nación para el desierto argentino
Norberto Galasso — Historia de la Argentina
David Rock — La Argentina autoritaria
José Luis Busaniche — Historia argentina
Bartolomé Mitre — Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina
Domingo F. Sarmiento — Recuerdos de provincia
José Hernández — Vida del Chacho
Gelly y Obes — Memorias
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