ÁLVARO JOSÉ DE ALZOGARAY
EL HOMBRE QUE NO RETROCEDIÓ EN OBLIGADO
La historia argentina suele recordar fechas y batallas, pero con frecuencia deja en la penumbra a los hombres concretos que sostuvieron la soberanía cuando el país estuvo al borde de ser sometido por las grandes potencias. Álvaro José de Alzogaray fue uno de ellos. Marino de carrera, técnico competente y servidor del Estado durante más de medio siglo, su nombre quedó ligado a la defensa del Paraná en 1845, cuando la Confederación Argentina enfrentó a las mayores potencias navales del mundo.
No se trata del economista del siglo XX, sino de su bisabuelo: un oficial formado en la práctica, acostumbrado a la precariedad material y al atraso en el cobro de sus haberes, pero firme cuando la patria fue puesta a prueba.
ORÍGENES, EDUCACIÓN Y CARÁCTER
Los datos sobre su nacimiento no son unánimes. La versión más aceptada indica que nació en Santa Fe el 19 de enero de 1811, aunque otras fuentes mencionan 1809 o Buenos Aires. Fue hijo del comerciante Francisco Pascual de Alzogaray y de María Mercedes Echagüe y Andía.
Su formación fue excepcional para la época. Dominaba varios idiomas, entre ellos el inglés, y poseía sólidos conocimientos técnicos vinculados a la navegación, la artillería y la ingeniería naval. Esa preparación lo convirtió en un oficial valioso, aunque siempre ajeno al lucimiento personal.
JUNTO A GUILLERMO BROWN: LA GUERRA DEL BRASIL
Siendo aún adolescente se incorporó a la escuadra organizada para enfrentar al Imperio del Brasil. Sirvió bajo las órdenes del almirante Guillermo Brown, embarcado en la fragata 25 de Mayo, y participó en los combates navales de la guerra de 1825 a 1828.
Fue secretario, traductor y hombre de confianza de Brown, a quien asistía en la redacción y transmisión de órdenes. Llevó además un registro detallado de las operaciones de la escuadra republicana, documento que revela su carácter metódico y su concepción del servicio como deber antes que como vía de ascenso personal.
LA GUERRA GRANDE Y EL RÍO COMO ESCENARIO CENTRAL
Tras un breve paso por la infantería, regresó definitivamente a la Marina en la década de 1840. Participó activamente en la Guerra Grande, en el sitio de Montevideo y en los combates contra la escuadra riverista comandada por John Halstead Coe. Enfrentó también a las fuerzas de Giuseppe Garibaldi y tuvo actuación destacada en la recuperación de Maldonado en enero de 1844.
Estas campañas consolidaron su prestigio profesional, aunque no se tradujeron en recompensas materiales. Como tantos oficiales del período, conoció la escasez, la irregularidad en los sueldos y la vida a la intemperie, sin que ello afectara su compromiso con el servicio.
LA VUELTA DE OBLIGADO: CUMPLIR LA ORDEN HASTA EL FINAL
El 20 de noviembre de 1845, durante el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata, Álvaro José de Alzogaray fue uno de los jefes de batería emplazados en la Vuelta de Obligado, bajo el mando general de Lucio Norberto Mansilla.
La desigualdad era absoluta. Artillería antigua y escasa munición debían enfrentar a una flota moderna y poderosa. La orden era clara: resistir el avance y causar el mayor daño posible.
Durante horas, su batería sostuvo el fuego bajo un bombardeo constante. Alzogaray mantuvo su posición mientras las piezas y la munición lo permitieron, organizando a sus hombres y asegurando el cumplimiento de la misión sin gestos teatrales ni búsquedas de gloria personal. Su conducta reflejó una forma de heroísmo silencioso, característica de muchos oficiales técnicos de la época.
La jornada terminó con el paso forzado de la escuadra invasora, pero también con la demostración de que el río no se entregaba sin pelea.
UNA DERROTA MILITAR QUE SE CONVIRTIÓ EN TRIUNFO POLÍTICO
Militarmente, las potencias lograron franquear el Paraná. Políticamente, fracasaron. Los daños sufridos por los buques, la resistencia encontrada y la inviabilidad comercial de la expedición transformaron la acción en un revés diplomático para Inglaterra y Francia.
Desde su retiro en Europa, José de San Martín comprendió el alcance del episodio y dejó escrito que los argentinos no eran un pueblo fácil de someter. Obligado marcó el inicio del fin de la intervención extranjera y fortaleció la posición internacional de la Confederación.
MÁS ALLÁ DE OBLIGADO: LA GUERRA FLUVIAL CONTINÚA
Lejos de concluir allí su actuación, Alzogaray continuó participando en las acciones navales y fluviales del conflicto. Integró las fuerzas que hostigaron a la escuadra invasora en el Paraná y el Uruguay, y en 1846 tomó parte en los combates de la Angostura del Quebracho, que terminaron de quebrar la voluntad de las potencias interventoras.
Estas acciones confirmaron que la defensa de la soberanía no fue un gesto aislado, sino una política sostenida en el tiempo.
DEL ROSISMO AL SILENCIO
Tras la caída de Juan Manuel de Rosas, Alzogaray continuó sirviendo al Estado bajo la Confederación y luego bajo el orden surgido de la unificación nacional. Participó en Cepeda y Pavón y, durante la Guerra del Paraguay, cumplió funciones técnicas y administrativas esenciales para el esfuerzo bélico.
Con el paso de los años fue quedando al margen del relato oficial. Terminó su carrera lejos del combate, desempeñando tareas administrativas, como tantos oficiales formados en la etapa anterior.
Murió en Buenos Aires el 31 de julio de 1879, con el grado de coronel de marina, luego de más de cincuenta años de servicio continuo a la Nación.
MEMORIA, SOBERANÍA Y OLVIDO
La instauración del 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional no nació del consenso académico, sino del reconocimiento tardío de una gesta y de hombres como Álvaro José de Alzogaray.
La soberanía no se declama: se ejerce.
Y en el Paraná se ejerció con medios precarios, disciplina y voluntad de resistencia.
Alzogaray fue uno de esos hombres.
Sin estridencias. Sin bronce inmediato.
Pero con una vida entera puesta al servicio del país.
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