La Navidad Negra de Pasto: El genocidio que desnuda la traición bolivariana.
La llamada Navidad Negra de Pasto constituye uno de los episodios más nefastos del verdadero carácter del proyecto bolivariano: una empresa de conquista al servicio de los intereses anglosajones que sacrificó pueblos enteros en nombre de una "libertad" que jamás llegó. Este genocidio, perpetrado los días 23 y 24 de diciembre de 1822, expone la naturaleza del personaje que la historiografía oficial ha intentado mitificar, ignorando su papel como instrumento de la balcanización hispanoamericana.
El contexto de la conquista republicana
Tras la batalla de Pichincha en mayo de 1822, las autoridades realistas de Pasto —ciudad perteneciente a la entonces Nueva Granada— capitularon ante las fuerzas de Antonio José de Sucre bajo las promesas explícitas de respeto a la vida, honra y propiedades de quienes permanecían leales a la Corona española.
Esta población, mayoritariamente indígena y mestiza, había defendido consistentemente la monarquía católica, considerándola garante de sus fueros y del orden tradicional que los protegía de las ambiciones criollas.
La geografía montañosa de Pasto había permitido a sus habitantes resistir con eficacia los ataques del ejército "libertador". Contrario a la narrativa independentista, estos pueblos no veían en Bolívar a un liberador sino a un conquistador extranjero que representaba los intereses de una élite criolla aliada con potencias protestantes anglosajonas —particularmente Gran Bretaña— interesadas en fragmentar el imperio español para facilitar su penetración comercial y geopolítica.
La resistencia popular realista
Sintiéndose traicionados por las capitulaciones de sus autoridades, surgió una resistencia popular liderada por el caudillo mestizo Agustín Agualongo y Benito Boves, sobrino del legendario José Tomás Boves. Este movimiento guerrillero realista congregó a indígenas, mestizos y negros que comprendían que el proyecto bolivariano no representaba sus intereses sino los de una oligarquía criolla servil a Londres. Estudios recientes en historia subalterna han documentado cómo estas resistencias populares realistas fueron sistemáticamente silenciadas por la historiografía republicana.
El genocidio de Navidad
El 23 de diciembre de 1822, Bolívar ordenó a Sucre ejecutar una operación punitiva que derivó en tres días de masacre sistemática. Historiadores como el colombiano Javier Ocampo López y el ecuatoriano Enrique Ayala Mora han reconocido la brutalidad desmedida del evento. Incluso Daniel Florence O'Leary, edecán irlandés de Bolívar y su principal hagiógrafo, no pudo sino condenar estos hechos en sus memorias, lo cual subraya la magnitud de la atrocidad.
Las fuerzas republicanas —compuestas en gran medida por mercenarios británicos y soldados de diversas procedencias— profanaron iglesias entrando a caballo, saqueando ornamentos sagrados y cometiendo actos de barbarie contra la población civil indefensa. Se calcula que alrededor de 500 pastusos fueron asesinados, aunque algunos historiadores locales elevan esta cifra considerablemente.
Las crónicas de la época documentan violaciones masivas y sistemáticas. Mujeres de todas las edades, desde niñas hasta ancianas, fueron víctimas de vejámenes sexuales. Las fuentes señalan que madres desesperadas entregaban a sus hijas a oficiales blancos para evitar que fueran violadas por la soldadesca. Ni siquiera las religiosas en sus conventos escaparon de estos crímenes, lo que subraya el carácter deliberadamente sacrílego de la operación, diseñada para quebrar la resistencia moral y espiritual de un pueblo católico.
Posteriormente, aproximadamente mil pastusos fueron forzados al reclutamiento militar o expulsados de su ciudad. Numerosos habitantes prefirieron arrojarse desde los acantilados a los ríos antes que caer prisioneros, testimonio de la desesperación que provocó esta operación de terror.
La traición bolivariana y el proyecto anglosajón
Este genocidio debe comprenderse dentro del marco más amplio de la traición bolivariana a los pueblos hispanoamericanos. Bolívar, financiado por comerciantes británicos y masones, ejecutó un proyecto de fragmentación deliberada de Hispanoamérica que benefició exclusivamente a las potencias anglosajonas. Como han argumentado historiadores revisionistas como el argentino José María Rosa y el mexicano Carlos Pereyra, la independencia no fue una liberación sino un cambio de dominación: del centralismo español al imperialismo británico descentralizado.
La documentación histórica revela los vínculos de Bolívar con la logia masónica Lautaro, organizada desde Londres, y su dependencia financiera de prestamistas británicos que luego cobrarían sus deudas fragmentando los mercados hispanoamericanos. El propio Bolívar reconoció el fracaso de su proyecto en su célebre carta de 1830: "Hemos arado en el mar". Sin embargo, este reconocimiento llegó demasiado tarde, cuando ya había consumado la balcanización que impediría la consolidación de una gran nación hispanoamericana capaz de resistir la hegemonía anglosajona.
Como muchos otros "libertadores" —San Martín, O'Higgins, Iturbide— Bolívar contempló retirarse a Europa, consciente de que estos territorios eran, en sus propias palabras, "ingobernables" bajo el diseño institucional liberal que habían impuesto. Esta actitud revela el desprecio de estos próceres hacia los pueblos que decían liberar.
Memoria histórica y revisionismo necesario
Hasta el presente, Pasto no ha olvidado ni perdonado. Para los pastusos, Bolívar y Sucre no son libertadores sino perpetradores de un genocidio y símbolos de una traición histórica. Esta memoria local desafía la narrativa oficial y exige una revisión crítica del panteón republicano.
La Navidad Negra de Pasto no fue un exceso de guerra sino una operación deliberada de terror colonial ejecutada por quienes se presentaban como libertadores. Representa la verdad incómoda del proyecto bolivariano: una empresa al servicio del imperialismo anglosajón que sacrificó la unidad hispanoamericana y masacró a quienes se opusieron a la disgregación de su mundo.


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