Nada de pacífica conquista islámica de España ni la convivencia "
jueves, 22 de enero de 2026
Nada de pacífica conquista islámica de España ni la convivencia "
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El 19 de enero de 1493 se firmó el tratado de Barcelona,
El 19 de enero de 1493 se firmó el tratado de Barcelona, también conocido en la historiografía francesa como tratado de Narbona, un acuerdo entre Carlos VIII de Francia y los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, en el que estos se comprometían a no intervenir en la primera guerra italiana (1494-1498) que Francia pensaba llevar a cabo. El acuerdo quedó roto dos años después debido a las desavenencias entre ambas partes firmantes.
El acuerdo fue firmado por los Reyes Católicos y por el enviado de Carlos VIII, Louis d'Amboise. Los términos del tratado incluían:
Francia restituía a la Corona de Aragón el Rosellón y la Cerdaña, entregados mediante el tratado de Bayona de 1462 por Juan II de Aragón a Luis XI de Francia en garantía del apoyo militar y económico que el rey francés prestó al aragonés en la guerra civil catalana. Además, Francia pagaría una indemnización económica. A cambio, España (Castilla y Aragón) se comprometía a no intervenir en la campaña militar que Francia pensaba llevar a cabo en la península italiana. Los Reyes Católicos se comprometían a no establecer alianzas matrimoniales con Inglaterra ni Borgoña sin el consentimiento del rey francés, y a no prestar ayuda a los enemigos (reales o potenciales) de Carlos VIII, exceptuando el papa.
Con la neutralidad de España asegurada por medio de este acuerdo, y con la firma de los tratados de Étaples y Senlis, en los que Francia sellaba acuerdos de paz respectivamente con el reino de Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VIII quedaba en disposición de iniciar su campaña militar en la península italiana, dando inicio a la primera guerra italiana.
A pesar del acuerdo, el 28 de enero de 1495 los embajadores de Fernando el Católico, Juan de Albión y Antonio de Fonseca se entrevistaron en Roma con Carlos VIII, a quien expusieron las quejas que el rey católico tenía de su conducta: la ocupación por la fuerza de las posesiones del papa Alejandro VI y los planes franceses de conquistar el reino de Nápoles, que según el punto de vista del rey Fernando era un asunto que debía someterse al arbitraje papal. Carlos VIII se negó a ello, y el acuerdo entre ambas partes quedó roto. Sabiendo de las verdaderas intenciones del francés, Fernando coló en el acuerdo el tema referido a la protección de las posesiones papales, que Carlos VIII tenía que invadir si o si para llegar Nápoles. Por lo que sabiendo que sería la parte francesa quien incumpliría el tratado, Fernando se preparó para cuando llegara el momento. Lo que unido a la tan ansiada recuperación del Rosellón y la Cerdaña, entregadas por su padre en un momento de debilidad máxima de la corona aragonesa, demuestran el gran genio político y estratégico de Fernando.
Ese mismo año los Reyes Católicos entrarían en la guerra de Italia acudiendo en ayuda de Fernando II de Nápoles contra Francia. A cambio de la cesión de las plazas italianas de Amantea, Crotona, Regio de Calabria, Squillace y Tropea.
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Ella Fiji no
En 1943, el gobierno de los Estados Unidos se dio cuenta de que estaba a punto de perder una batalla legal humillante contra una joven mecanógrafa de 22 años. Para evitarlo, le ofrecieron lo único que todos en su posición deseaban desesperadamente: su libertad inmediata.
Ella dijo que no.
Su nombre era Mitsuye Endo de origen Japones, ella no era una activista. Era una joven que trabajaba como mecanógrafa para el estado de California. No hablaba japonés, no tenía conexiones políticas y su hermano estaba en el ejército luchando por los Estados Unidos. Era, en todos los sentidos, una ciudadana estadounidense promedio.
Pero en 1942, nada de eso importó. Tras el ataque a Pearl Harbor, su gobierno la miró por su origen japonés y solo vio "al enemigo". Fue despedida de su trabajo, sacada de su casa y enviada al campo de internamiento de Tule Lake y luego a Topaz, en el desierto de Utah.
Allí, rodeada de alambres de púas y guardias armados, Mitsuye fue seleccionada por un abogado llamado James Purcell. Él no la eligió por su carisma, sino porque su expediente era "perfecto" para ganar un juicio contra los campos de concentración. Pero para esto, Purcell necesitaba demostrar que el gobierno estaba encerrando a personas inocentes sin causa. Y Mitsuye era la prueba viviente de que era imposible acusarla de deslealtad.
El caso comenzó a subir por el sistema judicial que, al enterarse, encendieron las alarmas en Washington quienes se enfrentaban con una situación embarazosa.
Los abogados del gobierno se dieron cuenta que iban a perder la no tener ninguna prueba contra ella. Sabían que, si el caso llegaba a la Corte Suprema, los jueces declararían que encerrar a ciudadanos leales al país era inconstitucional, y tendrían que liberar a todo el mundo.
Entonces, el gobierno ideó una estrategia para evitar un escándalo. Fueron a ver a Mitsuye al campo y le ofrecieron la libertad inmediata. Le dijeron que podía hacer las maletas, salir del desierto y volver a una vida normal, pero aquel acuerdo solo sería para ella.
La trampa era sutil, si Mitsuye aceptaba y salía libre, su demanda legal moriría. Los jueces dirían:
-"No hay caso que juzgar, la demandante ya no está detenida". El juicio se cancelaría, no habría sentencia de la Corte Suprema y las otras 120.000 personas seguirían atrapadas en los campos indefinidamente.
Mitsuye miró en la propuesta y entendió que su libertad personal era el precio de tener a su gente atrapada sin libertad. Así que tomó la decisión de quedarse en prisión junto a todos, negando la propuesta.
Soportó dos años más de encierro voluntario, rechazando una y otra vez la oferta del gobierno, forzándolos a mantener el caso abierto hasta llegar a la instancia final.
El 18 de diciembre de 1944, su resistencia silenciosa rompió el sistema. La Corte Suprema falló unánimemente a su favor. Decretaron que el gobierno no tenía autoridad para detener a ciudadanos que eran leales a los Estados Unidos.
El gobierno, acorralado por una mecanógrafa, anunció apresuradamente que los campos se cerrarían. Ella salió de Topaz sin dar discursos ni buscar fama. Se mudó a Chicago, volvió a trabajar como secretaria y vivió el resto de su vida en el anonimato. Falleció en 2006, y ni siquiera muchos de sus conocidos sabían que esa mujer tranquila había sido la llave que abrió las jaulas de miles de personas.
Mientras que otros casos famosos como el de Fred Korematsu se estudian en las escuelas (a pesar de que él perdió su juicio), Mitsuye Endo, la mujer que ganó, permanece en las sombras. Quizás porque nos cuesta entender que el poder real no siempre necesita un micrófono.
Fuentes de verificación: Washington Post. Artículo detallado sobre la estrategia legal y la negativa de Endo en abandonar el campo. La información presentada en este post está basada en archivos históricos y periodísticos verificados. Universo Sorprendente comparte estas historias con fines educativos y de memoria histórica.
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La hipocresía de Melchor Ocampo
La hipocresía de Melchor Ocampo
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MALVINAS: EL PACTO SECRETO QUE MARCÓ LA SOBERANÍA.
MALVINAS: EL PACTO SECRETO QUE MARCÓ LA SOBERANÍA.
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El 22 de enero de 1809 la Junta Suprema Central dictó un decreto “considerando que los vastos y preciosos dominios que España
El 22 de enero de 1809 la Junta Suprema Central dictó un decreto “considerando que los vastos y preciosos dominios que España posee en las Indias no son propiamente colonias o factorías como los de otras naciones, sino una parte esencial e integrante de la monarquía española”, por lo que manda que los reinos y provincias españoles en América envíen diputados que los representen en un proceso constituyente que se llevará a cabo en Cádiz.
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