El 13 de enero de 1493 en la isla de La Española tuvo lugar el primer enfrentamiento bélico entre españoles e indígenas.
Colón estableció contacto a través de diversos enviados con uno de los caciques indígenas de La Española, Guacanagari. En la Nochebuena de 1492, en la isla de La Española, la nao Santa María encalla en un banco de arena y naufraga y Colón recibió ayuda del cacique indígena para rescatar a la tripulación y la carga.
Posteriormente, Colón se entrevista con él personalmente, el cual le otorgó regalos entre los que está una caja con oro, y acordaron ambos que los españoles protegerían el cacicazgo de Maraná de Guacanagari del cacique caníbal de la isla llamado Caonabo, del cacicazgo de Maguana, y, para esto, antes de marcharse dejaría un asentamiento en la isla con 39 hombres en una empalizada; el Fuerte Navidad, construido con los restos de la Santa María en unas obras que comenzaron el día 26 de diciembre de 1492.
Entretanto, la Pinta había llegado también a la costa norte de La Española, más al este de donde se encontraba Colón. Descubrieron un puerto en la desembocadura de un río al que llamaron de Martín Alonso (posteriormente rebautizado Río de Gracia por Colón; actual bahía de Luperón). Según Las Casas, consiguieron allí mucho oro mediante trueque con los nativos. Las noticias de la llegada de Pinzón llegaron el 27 de diciembre hasta Guacanagari, que se las comunicó a Colón. El cacique envió una canoa a investigar, en la cual Colón embarcó a uno de sus hombres, pero no localizaron a la Pinta.
Pinzón, por su parte, se enteró también por los nativos del naufragio de Colón unos días atrás y decidió navegar hacia allí. El 6 de enero llegó por fin a donde se encontraba la Niña de Colón. Los dos capitanes dialogaron y parece ser que Colón perdonó la separación de Pinzón con su nave; aunque según el Diario este perdón solo fue aparente; en cualquier caso, la noticia del oro alegró a Colón, que luego les comentaría a los reyes lo oportuno de Dios en haber hecho naufragar la Santa María en ese lugar. Una de las cosas más interesantes del viaje para el Almirante fue el descubrir que en la isla existía una región que los indígenas llamaban Cibao, que a Colón le sonaba similar a Cipango, que era como se conocía a Japón.
Hasta entonces, las relaciones con los indígenas fueron eminentemente pacíficas, de curiosidad, regalos mutuos y colaboración. Sin embargo, el 13 de enero de 1493 se produce en el golfo de las Flechas, en La Española, una escaramuza.
Unos siete españoles bajaron de las barcas a tierra y comenzaron a comprar a los indios flechas, arcos y otras armas, pero llegó un momento en que los indios no quisieron dar más y fueron corriendo a la zona donde tenían apartados sus arcos y volvieron con cuerdas para atar a los cristianos y por esto los españoles se echaron sobre ellos y dieron a un indio una puñalada en las nalgas y a otro un flechazo en el pecho y, los indios, aunque eran cincuenta y tantos y los cristianos siete, vieron que las armas de los españoles eran más efectivas y salieron corriendo de allí, mientras los marineros volvieron montados en las barcas hasta el buque y contaron lo sucedido al Almirante, que ya les había advertido de que eso podía pasar.
Dos día después Colón tomó la decisión de partir, y el 16 las carabelas Pinta y Niña abandonaron La Española con rumbo a España. Según Las Casas, Colón ordenó a los castellanos que se quedaron en la isla que acatasen lo que dijera el cacique Guacanagari y no saliesen de sus dominios. En la Niña se embarcaron varios objetos recogidos en la expedición así como 10 indios, dos de ellos hijos de Guacanagari.


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