El apretón de manos es uno de los gestos más comunes del mundo, pero su origen se remonta a miles de años atrás. Surgió como una señal clara de paz. En las sociedades antiguas, especialmente en Grecia y Roma, extender la mano derecha y estrecharla con otra persona demostraba que no se llevaba ningún arma oculta. Era una forma sencilla de decir: “vengo en son de paz”.
Con el tiempo, este gesto se convirtió en una herramienta de confianza. En la Edad Media, los caballeros se daban la mano para mostrar que no empuñaban espadas o dagas. Incluso algunos movimientos del apretón servían para comprobar que nadie escondía un arma en la manga.
Durante los siglos posteriores, el apretón de manos pasó del campo de batalla a la vida cotidiana. En el comercio, sellaba acuerdos sin necesidad de documentos escritos. En reuniones sociales, marcaba respeto y reconocimiento entre iguales. En muchas culturas occidentales, reemplazó gestos más jerárquicos como las reverencias.
Hoy, aunque ya no tememos armas ocultas, el significado permanece. Dar la mano sigue siendo un símbolo de confianza, igualdad y acuerdo mutuo. Es un gesto tan antiguo que, sin notarlo, seguimos repitiendo una costumbre nacida de la necesidad de demostrar que no éramos una amenaza.


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