LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS: LA OBRA PERDIDA DE VELÁZQUEZ QUE HA RESUCITADO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Las obras pictóricas perdidas para siempre en el incendio que arrasó el Alcázar de Madrid harían llorar a cualquier amante de la pintura: Ribera, Tiziano, El Greco, Giordano, Rafael, Rubens, Leonardo, Tintoretto y, sobre todo, La expulsión de los moriscos (1627) de Velázquez. Sus meninas se salvaron porque la arrojaron por una ventana pero “La expulsión” no, del que solo se conservan bocetos y estaba considerada una de sus obras más valiosas.
Casi 300 años después, el artista Fernando Sánchez Castillo utilizó la inteligencia artificial generativa para reinventar el Velázquez perdido. Pero la IA sin información es inerte. Exige, primero, palabras. Sin embargo, afortunadamente, poco antes de su destrucción, el historiador y artista Antonio Palomino describió el lienzo:
“Vemos al rey Felipe III armado, y con su bastón en la mano señalando a una tropa de hombres, mujeres y niños llorosos, encabezados por unos soldados, ya lo lejos unos coches, y un trozo de marina, con unas embarcaciones, para transportarlos. A la mano derecha del Rey está España, representada en una majestuosa matrona, sentada al pie de un edificio, en su mano derecha tiene un escudo y unos dardos, en su mano izquierda unas espigas de trigo, armadas al estilo romano, y a sus pies hay una inscripción [en latín]”.
Palabras, pero hacía falta otro golpe de fortuna. Algo parecido a una imagen real con la que “alimentar” la inteligencia artificial. Hubo suerte. En 1988, el experto en arte español William B. Jordan, mientras hojeaba el catálogo de la casa de subastas Philips de Londres, encontró una ilustración en blanco y negro de un cuadro que estaba identificado únicamente como Retrato de caballero, de busto, con cuello alto. Tanto el Museo de Arte Kimbell (Fort Worth) como el Prado, una vez restaurado, no tuvieron dudas: se trataba de un boceto de Velázquez para esta obra perdida.
Y así es como Sánchez Castillo recurrió al texto de Palomino, al boceto al óleo que Velázquez pensaba utilizar como punto de partida para el lienzo, a la inteligencia artificial y a la ayuda de Paula García, de 25 años, que prepara, en la Universidad Complutense de Madrid, su tesis sobre la IA aplicada a la escultura contemporánea. Mezclando así tiempo y tecnología. Dedicado más de cien horas a obtener la imagen que ilustra este artículo. El 80% del resultado corresponde a creación artística y el 20% a IA. Nos encontramos al inicio de una nueva era en la que la IA puede ayudarnos a rescatar trozos perdidos de nuestro pasado.


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