domingo, 21 de diciembre de 2025

AJUSTICIADOS POR TRAIDORES

 




AJUSTICIADOS POR TRAIDORES

Cuando la educación se convirtió en traición a la patria
Durante más de seis décadas, el poder en Cuba impuso un relato único sobre la Campaña de Alfabetización de 1961. Toda pregunta fue censurada. Sin embargo, existe un debate histórico silenciado que no glorifica la violencia, pero sí denuncia el uso político de la educación y la manipulación posterior de muertes para blindar una narrativa.
Educación con ideología obligatoria
No se trató únicamente de enseñar a leer y escribir. Manuales, consignas y testimonios de la época muestran contenido ideológico obligatorio, exaltación del nuevo poder y lealtad política exigida en un país inmerso en guerra interna. Para amplios sectores rurales, aquello no fue neutral: fue imposición del nuevo régimen y culto al líder.
Traición a la patria: el núcleo del debate
Aquí está el punto incómodo que el relato oficial evita: usar la escuela para adoctrinar en favor de un régimen criminal —que luego produciría represión sistemática, exilio masivo y censura— constituye una forma de traición a la nación.
No se trata de opiniones retrospectivas: es la responsabilidad política de convertir la educación en propaganda y de pedir amor al líder como requisito cívico.
Nombres y contexto
En ese clima murieron Conrado Benítez García, Manuel Ascunce Domenech y Pedro Lantigua Ortega.
Las muertes fueron reales y trágicas. Nada justifica la violencia contra civiles.
Pero el debate histórico no se agota ahí: la participación activa en el adoctrinamiento comunista, en medio del conflicto, es una responsabilidad política que debe ser nombrada.
La tesis polémica (y por qué existe)
Existe una corriente crítica que sostiene que presentar esos hechos como “gesta educativa” fue una coartada para legitimar el poder y cerrar el debate. Exponer esta tesis no es celebrarla; es explicar cómo el régimen intentó moralizar la propaganda y acallar cualquier examen de responsabilidades.
La instrumentalización del Estado
Lo indiscutible vino después: canonización del relato, silencio del contexto, prohibición de preguntas. Mientras se elevaban símbolos, se ocultaba el saldo humano del sistema:
• fusilamientos y presos políticos,
• millones de exiliados,
• familias separadas durante décadas,
• generaciones marcadas por el miedo y la censura.
Conclusión
Alfabetizar es liberar; adoctrinar es someter.
Se puede —y se debe— denunciar el adoctrinamiento como traición a la patria, exigir responsabilidades políticas y condenar toda violencia al mismo tiempo.
Nombrar la traición ideológica es el primer paso para recuperar la verdad histórica.
📲 LinkCubano — Historia sin consignas. Debate sin miedo.
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