domingo, 11 de enero de 2026

"**Las prácticas más brutales de los faraones con sus harenes**

 "**Las prácticas más brutales de los faraones con sus harenes**


Ramsés II reinó durante 66 años y, durante ese tiempo, los documentos administrativos confirman que tuvo al menos 200 esposas y concubinas oficiales. Los historiadores estiman que el número real llegó a 300. Pero hay algo que nadie cuenta: esas mujeres no eligieron estar allí. El *Per Kenner*, o Harén Real, no era un palacio romántico; era una institución política donde las mujeres vivían bajo control absoluto. Una vez dentro, nunca salían. Nunca volvían a ver a sus familias. Nunca volvían a pisar el mundo fuera de esos muros.
Papiros administrativos de Tebas, catalogados en el Museo de El Cairo, muestran registros de edad. La mayoría de las mujeres ingresaban al harén entre los 12 y 15 años y permanecían allí hasta morir, 40, 50 o 60 años después.
Estas mujeres provenían de tres fuentes: tributos de guerra, en los que los reinos conquistados entregaban a sus hijas como parte de la rendición; alianzas diplomáticas, donde los reyes ofrecían a hijas y hermanas para sellar tratados; y la competencia entre nobles egipcios que luchaban por colocar a sus hijas en el Harén Real. ¿Por qué competían? Porque si esa joven daba a luz un hijo varón del faraón, toda la familia obtenía un poder político inmenso. Ella podía convertirse en la madre del próximo gobernante de Egipto. Pero el precio era alto: esas niñas pasaban a ser propiedad del Estado egipcio para siempre.
Dentro del harén existía una jerarquía brutal. En la cima estaba la Gran Esposa Real, generalmente la madre del heredero elegido. No era solo la primera esposa; tenía autoridad administrativa sobre todas las demás mujeres del complejo, y ese poder era real. El Papiro Judicial de Turín, un documento legal de la XX Dinastía, menciona casos en los que la Gran Esposa Real ordenó castigos severos contra rivales. Algunas eran azotadas, a otras se les retiraban privilegios, y algunas desaparecían por completo de los registros administrativos.
Debajo de ella estaban las Esposas Secundarias: mujeres de familias nobles o princesas extranjeras. Tenían cierto estatus, pero vivían en constante competencia por la atención del faraón. En el nivel medio estaban las concubinas, mujeres cuya única función era satisfacer al faraón cuando eran llamadas. Competían ferozmente por cada visita, porque cada embarazo, cada hijo, significaba un ascenso en la jerarquía. Un papiro médico del período de Amenhotep III, conservado en el Museo Británico, enumera sustancias venenosas que se encontraban con frecuencia en los complejos del harén: arsénico, cicuta y venenos de serpiente, no para las plagas, sino para eliminar rivales.

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