sábado, 3 de enero de 2026

TEUTA, LA REINA PIRATA QUE LLEVO A ROMA A LAS PUERTAS DE GRECIA

 TEUTA, LA REINA PIRATA QUE LLEVO A ROMA A LAS PUERTAS DE GRECIA



Tras el final de la Primera Guerra Púnica (264 - 241 a. C.) la Republica Romana era indiscutiblemente la potencia hegemónica en todo el Mediterráneo occidental. Por ese motivo, los romanos, asumiendo su posición de liderazgo sobre la península italiana, hicieron coincidir sus intereses con los de toda Italia.


Neutralizada la amenaza que representaba Cartago en el Mar Tirreno, Roma puso su atención en los asuntos del Adriático, donde los piratas de Iliria aterrorizaban la navegación y el comercio.


Los ilirios eran una coalición de varias tribus, que generalmente luchaban entre sí, pero que habían conseguido unirse bajo el mando de Agrón, rey de los ardieos. Con su liderazgo, los ilirios ampliaron su dominio a costa de sus vecinos epirotas y los griegos de las ciudades costeras de la región. Equipando una gran flota de naves rápidas llamadas lembi, que utilizaban para realizar rápidos asaltos, los ilirios lanzaron ataques indiscriminadamente sobre toda ciudad o barco que estuviera a su alcance, así, ciudades como Apolonia, Corcira o Epidamnos e incluso colonias romanas como Adria, Firmun y Ariminum se vieron perjudicadas por la expansión iliria.


La repentina muerte del rey en 231 a. C. no detuvo las actividades de sus súbditos, por el contrario, su esposa y sucesora la reina Teuta continuo con la misma política con igual e, incluso, mayor éxito. Sus operaciones se extendieron rápidamente más hacia el sur, hasta otorgar a los ilirios el práctico control de los mares Adriático y Jónico. Envalentonados, los piratas ilirios atacaron las ciudades griegas en el Peloponeso, derrotaron a una fuerza enviada por la Liga Etolia e inclusive, en la cumbre de sus actividades, capturaron y saquearon la ciudad de Fenice, capital de Caonia y considerada, hasta ese momento, la ciudad más fuerte e inaccesible de Epiro. Seria esta la gota que derramo el vaso.


Los romanos consideraron que ya era hora de intervenir. Ante la necesidad de reafirmar su posición de potencia y también para mantener un cierto control sobre sus belicosos vecinos, decidieron enviar en 230 a. C. una embajada ante la reina de Iliria.


La misión diplomática estaba dirigida por los hermanos Cayo y Lucio Coruncano. La reina se hallaba en ese momento al mando de sus fuerzas sitiando la ciudad de Corcira y ahí fueron recibidos. De acuerdo con sus instrucciones, los embajadores exigieron a la reina compensaciones por las perdidas, y el cese inmediato de las expediciones de rapiña. Teuta, “les escuchó de modo desdeñoso y altanero” (Polibio, II, 8, 7); en respuesta les indicó que “de nación a nación procuraría que a los romanos no les sucediera nada injusto de parte de los ilirios, pero que, en lo que se refería a los ciudadanos particulares, no era legal que sus reyes impidieran a los ilirios sacar provecho del mar”, es decir, según las leyes ilirias, la piratería era una actividad legal y que, por lo tanto, no podía interferir en su práctica y, mucho menos aún, impedirla. La respuesta de Lucio sería a un mismo tiempo jactanciosa e imprudente: “Los romanos, oh Teuta, tienen la costumbre de castigar de forma pública los crímenes privados y de socorrer a víctimas de injusticia. De manera que, si un dios lo quiere, intentaremos rápida e inexorablemente obligarte a enderezar las normas reales respecto a tus súbditos” (Polibio, II, 8, 10)


Como es lógico, la velada amenaza no gustó nada a la reina iliria. Según Polibio, por su falta de respeto ordenó dar muerte a Lucio y embarcar de inmediato al otro emisario con el cuerpo de su hermano de regreso a Roma. Dion Casio por su parte menciona que, en efecto, un emisario fue muerto, pero el otro, lejos de regresar, sería encarcelado. Los romanos vieron en esta violación al sagrado derecho a la inmunidad diplomática como un pretexto para la guerra. Aunque los historiadores han dudado de si este acontecimiento realmente tuvo lugar, parece justo suponer que los motivos romanos para la guerra contra los ilirios fueron una combinación de indignación por los ataques piratas en sus barcos y el deseo de extender su influencia, hacia el otro lado del Adriático.


Para el año 229 a. C., el mismo año que los cartagineses con Amilcar Barca expandian su poder en Iberia, y después de grandes preparativos, los romanos equiparon una impresionante flota de unos 200 buques de guerra comandados por el cónsul Cneo Fulvio Centumalo. Su colega Lucio Postumio Albino estaba a cargo del ejército terrestre, una fuerza consular de unos 20.000 infantes y 2.000 de caballería. Debió ser una campaña importante porque se envió a los dos cónsules. Centumalo primero zarpó hacia Corcira y capturó fácilmente la isla. La población griega recibió a los romanos como libertadores y Demetrio de Faros, general griego al servicio de Teuta, desertó al bando romano. Corcira se puso bajo protección romana (Deditio) y firmaron un tratado de amistad. Usando a Demetrio como guía, Centumalo luego navegó a Apolonia, donde se le unió Albino, que había cruzado el Adriático desde Brindisi con su ejército.


Los ilirios no eran rivales para el ejército y la flota romanos. Apolonia y Epidamnos también se pusieron bajo su protección y la flota romana también logró levantar el asedio de Lissa. En operaciones combinadas del ejército y la flota, los romanos comenzaron a atacar las bases costeras de Iliria. Aquí no había grandes ciudades, solo enclaves fortificados. Los romanos lograron varias victorias fáciles. La reina Teuta se retiró a Rizon, que según Polibio estaba muy bien fortificada y bastante lejos del mar (en realidad estaba en la bahía de Kotor en el actual Montenegro). Al final de la temporada de campaña, los romanos establecieron a Demetrio como gobernante títere sobre las ciudades y territorios que habían conquistado. Fue una decisión que lamentarían más tarde. Centumalo se llevó la mayor parte de la flota y el ejército de regreso a Italia, donde celebró un triunfo, mientras Albino pasaba el invierno en Epidamnos.


En la primavera de 228 a. C., la reina Teuta envió una embajada a los romanos para solicitar la paz. Se vio obligada a pagar una indemnización y retirarse de la mayoría de sus territorios ilirios, salvo algunas ciudades. Más importante aún, se prohibió a los barcos ilirios armados navegar más al sur que la ciudad de Lissos (actual Lezhë en Albania), una disposición que sin duda pretendía frenar la piratería. La guerra había terminado. Fue una importante victoria romana. Pero mas importante que todo, Roma había establecido un punto de apoyo en el mundo griego.


Polibio agrega que los romanos enviaron embajadas a las Ligas Aquea y Etolia, así como a las ciudades de Atenas y Corinto para justificar su intervención en Iliria y fomentar los contactos diplomáticos. Los griegos se mostraron mas que satisfechos por la cortesía e incluso a los atletas romanos se les permitió por primera vez participar en los juegos Ístmicos del año 228 a. C., privilegio reservado hasta entonces solo a los helenos.


Mención aparte merece la participación de Macedonia -la potencia en el mundo helénico- en este conflicto, como aliado de Teuta, el rey Demetrio II el Etólico veía con buenos ojos el expansionismo ilirio a expensas de sus rivales de la Liga Etolia y la intervención de “esos barbaros romanos” debieron enojar además de preocupar a la corte en Pella por la interferencia en lo que consideraban un asunto propio en “su patio trasero”, sin embargo la muerte del rey en 229 a. C. impidió una participación activa de los macedonios en el conflicto.


En cuanto a Teuta se desconoce su destino; los datos que se tienen son contradictorios: un retiro definitivo, el matrimonio con el propio Demetrio, y el suicidio, desde una roca en Rizon, son los finales que se le atribuyen a esta reina.


🎨 Impresión artística de Teuta, reina de la tribu iliria Ardiea. Ilustración de Emir Durvicevic, editada con IA.


Gracias por tu lectura y difusión 👍


Historia Universal PND


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