sábado, 3 de enero de 2026

La caballería de la peninsula

 La caballería de la península ibérica contaba con un renombre especial en la Antigüedad. Las crónicas ensalzan continuamente los caballos ibéricos, a los que describen como rápidos, resistentes y bien domados, y en todo punto superiores a los corceles itálicos o africanos. Se les atribuía una gran facilidad para escalar terrenos montañosos y dejar atrás a perseguidores, y estaban adiestrados para esperar a sus jinetes si éstos desmontaban en el campo de batalla. Ésta táctica, la de apearse y luchar a pie cuando convenía, relegando así el caballo a un método de escape cuando este último se hiciera necesario, era una costumbre especial de los ilergetes y celtíberos. También era frecuente que cada jinete llevase en la grupa a un segundo guerrero, al cual insertaban en el campo de batalla para formar pequeños grupos de infantería, y que posteriormente extraían de nuevo a uña de caballo a la hora de emprender la retirada. Predominaban tanto la caballería hostigadora, dedicada a lanzar jabalinas y armas arrojadizas, como la pesada, armada con escudo pesado y lanza.



Aníbal utilizó fuerzas de caballería lusitana, celtíbera y vetona en sus guerras contra Roma, particularmente durante la batalla de Cannas, donde se desempeñaron con gran efectividad. Livio llegaría a afirmar que gran parte de las victorias cartaginesas, como las de Trebia y Cannas, se debieron principalmente a que sus contingentes disponían de la mejor caballería. Los jinetes de Hispania llegaron a ser valorados incluso por encima de la legendaria caballería númida, como Tito Livio constató al escribir que los hispanos eran "sus rivales en velocidad y sus superiores en fuerza y coraje". A causa de esto, Roma solicitaría a sus ciudades aliadas en la Celtiberia el envío a Italia de algunos sus propios jinetes, que utilizaron para contrarrestar a sus homólogos púnicos y negociar con ellos con miras a hacerles desertar.


Esta costumbre continuó después de la guerra, como prueban los episodios en los que, tras la toma o conquista de una ciudad hispana, se les exigía a sus ciudadanos cierto número de jinetes de guerra para que se integrasen en el ejército romano en calidad de auxiliares rehenes. Ejemplos particularmente conocidos fueron las Alae Asturum, las Alae Arevacorum y un famoso contingente vetón llamado Ala Hispanorum Vettonum. Además, ciertas formaciones de caballería usadas por los cántabros, los llamados círculus cantábricus y cantábricus ímpetus, fueron adoptadas por el resto de équites romanos. Especiales despliegues de caballería hispana a las órdenes de Roma se harían en la guerra de las Galias, las guerras civiles romanas y la campaña pártica de Marco Antonio.

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