NADIE IMAGINA LO QUE CANTINFLAS ENTREGÓ PARA SALVARLO
Octubre de 1963. Cantinflas recibió una llamada a las 2 de la mañana. Era del hospital español. Su hijo de 8 años, Mario Jr. Necesitaba cirugía de emergencia. El costo 300,000 pesos. Cantinflas solo tenía 50,000. El doctor le dio 6 horas antes de que fuera demasiado tarde. Desesperado, Cantinflas hizo algo que nunca pensó que haría.
fue a un casino clandestino y apostó todo. Pero lo que pasó en esa mesa de póker no solo salvó a su hijo, expuso la red de corrupción médica más grande de México y todo comenzó con una mano de cartas y un padre dispuesto a venderle su alma al Octubre 18, 1963, 2:17 de la madrugada. El teléfono sonó como sirena de alarma en la oscuridad.
Mario Moreno despertó con el corazón acelerado. Llamadas a esa hora nunca traían buenas noticias. Bueno, su voz temblaba. Señor Moreno, habla el Dr. Gutiérrez del Hospital español. Es sobre su hijo. El mundo se detuvo. ¿Qué pasó con Mario Junior? Está aquí. Lo trajeron hace una hora. Apendicitis aguda con perforación.
Necesita cirugía de emergencia inmediata. Señor Moreno, no tenemos mucho tiempo. Cantinflas ya estaba vistiéndose. Voy para allá 5 minutos. Señor Moreno, hay algo más. La cirugía es complicada. Necesitamos un cirujano especialista. El doctor Ramírez es el único que puede hacerla, pero él Él no está de guardia. Tendríamos que llamarlo y él cobra aparte.
No me importa cuánto cueste, llámelo. Son 300,000 pesos más los costos del hospital, en total 350,000 pesos. Y necesita pagarse por adelantado. Cantinflas sintió que el piso desaparecía bajo sus pies. Por adelantado. ¿Por qué? Política del hospital, señor. Para cirugías de emergencia con especialistas externos. Pero yo soy Cantinflas.
Todo México me conoce. No pueden confiar en que les pagaré. Lo siento, señor Moreno. Sin el pago no podemos proceder. Tengo órdenes del director. Mi hijo se está muriendo y me habla de órdenes. Lo entiendo, señor, pero no puedo hacer nada. Tiene hasta las 8 de la mañana después de eso. Lo siento mucho. Cantinflas colgó temblando. Miró el reloj.
2:21 de la noche. Tenía 5 horas 39 minutos. Despertó a Valentina. Vale. Mario Junior está en el hospital apendicitis. Necesita cirugía urgente. Dios mío, ¿cuándo? Ya, pero piden 350,000 pesos por adelantado. ¿Cuánto tenemos en casa? Tengo como 50.000. En el banco tal vez otros 100,000. Pero los bancos no abren hasta las 9.
Mario Junior no puede esperar hasta las 9. Lo sé. Valentina se vistió rápidamente. Llama a tus amigos, a productores, a empresarios. Alguien tiene que poder prestarnos. Cantinflas comenzó a llamar, pero eran las 2:30 de la mañana. Nadie contestaba. O si contestaban era con excusas. Mario, hermano, me encantaría ayudar, pero todo mi dinero está invertido.
Cantinflas, sabes que te quiero, pero 200,000 pesos no los tengo líquidos. A las 3 de la mañana me pides un préstamo, llámame mañana. Llamada tras llamada, rechazo tras rechazo. A las 4 de la mañana había reunido otros 75,000 pesos en promesas. Total 125,000 pesos. Necesitaba 225,000 más. Le quedaban 4 horas.
Entonces su asistente Paco, que había llegado al enterarse dijo algo. Jefe, conozco un lugar donde puedes conseguir dinero rápido. ¿Qué lugar es? Es un casino. Candestino en Polanco. Apuestas altas, gente con mucho dinero. Si ganas algunas manos, un casino. Pacoma, ¿estás loco? Jefe, son las 4 de la mañana. Los bancos no abren. Sus amigos no tienen efectivo.
¿Qué otra opción tiene? Cantinflas miró a Valentina. Ella tenía lágrimas en los ojos. Mario, nuestro hijo. Lo sé. Se volteó hacia Paco. Llévame. El casino estaba en el sótano de una mansión en Polanco. Desde afuera parecía una casa normal, pero adentro era un mundo diferente. Mesas de póker, ruleta, dados, humo de cigarro espeso, hombres en trajes caros, mujeres hermosas, dinero por todas partes.
Un guardia los detuvo en la entrada. Membresía. No tenemos, dijo Cantinflas. Entonces no entran. Paco se inclinó y susurró algo al guardia. El guardia miró a Cantinflas, sus ojos se agrandaron. Cantinflas. Sí. Esperen aquí. Dos minutos después, un hombre elegante apareció. Traje de 10,000 pesos. Reloj Rolex. Anillo de oro. Cantinflas. Qué honor.
Soy Rodrigo Salazar, dueño de este establecimiento. Necesito jugar ahora, por supuesto, pero hay reglas. Apuesta mínima 10,000 por mano y solo aceptamos efectivo. Tengo 125,000. Perfecto. ¿Qué juego prefiere? Póker. Excelente. Lo llevo a nuestra mesa VIP. La mesa VIP estaba en un salón privado. Cinco jugadores ya sentados, todos hombres mayores, ricos, con pilas enormes de fichas. Cantinflas se sentó.
cambió sus 125,000 pesos por fichas. Respiró hondo. Nunca había sido buen jugador, pero no tenía opción. La primera mano perdió 15,000. pensó. Segunda mano ganó 20,000. Tercera mano perdió 30,000. Estaba bajando. Le quedaban 100,000. Necesitaba 250,000 más y solo tenía 3 horas. Cuarta mano. Teníapar de reyes. Buena mano inicial.
El flop mostró rey 73. Trío de reyes. Excelente. Apostó 50,000. Dos jugadores se retiraron. Uno igualó. El turno. Nada que lo amenazara. Su trío seguía siendo fuerte. Apostó otros 50.000. Todo lo que le quedaba. El otro jugador sonríó. Voy. El River. Un siete cartas sobre la mesa. El otro jugador tenía 77 47. Cantinflas acababa de perder todo.
Se quedó inmóvil en shock, todo el dinero. Gon miró el reloj. 5:30 de la mañana. Le quedaban 2 horas y media. Salió de la mesa tambaleándose. Paco lo sostuvo. Jefe, lo siento mucho. Cantinflas no podía hablar. Lágrimas silenciosas corrían por su rostro. Su hijo iba a morir y era su culpa. Entonces Rodrigo Salazar se acercó.


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