LOS CARROS ANTIELEFANTES DE ROMA
En la primavera del año 279 a. C. el rey Pirro de Epiro reanudó sus operaciones militares en el sur de Italia, con miras a terminar con la hegemonía romana en el corazón de la península. Los romanos por su parte movilizaron todos sus recursos para detener al monarca helenístico y cobrarse la revancha de su derrota el año anterior en Heraclea.
Para ambos rivales había quedado claro que en su primer enfrentamiento la suerte del combate entre legiones y falanges había sido pareja, con una leve ventaja para los primeros, hasta el contraataque efectuado por los elefantes del rey. Animales que eran desconocidos para los romanos, que sorprendieron a sus infantes y pusieron en fuga a su caballería.
Para esta nueva campaña los romanos no querían ser tomados nuevamente por sorpresa e idearon una manera de neutralizar a los “bueyes lucanos” de los epirotas.
Sería en Asculo dónde tendrían la oportunidad de ser ellos ahora los que sorprendan a las fuerzas de Pirro. O al menos esa era su intención.
Cuenta el historiador Dionisio de Halicarnaso que los romanos habían preparado unos “trescientos carromatos” tirados por bueyes, erizados de picas, y postes como antorchas (dirigidos hacia la cara de los elefantes), y los habían destinado a la retaguardia, a la espera de la aparición de los elefantes. Dentro y fuera de estos carros, se acumulaba la tropa de proyectiles. Al parecer, toda la tropa ligera con la que contaban los romanos, habían sido destinada a retaguardia para operar en conjunto con los carromatos.
En la batalla que se libró en Asculo, el de Halicarnaso cuenta que, los macedonios del flanco derecho hicieron retroceder a la legión que los enfrentaba, y ésta arrastró a los aliados latinos que estaban a su lado. En contrapartida, en el flanco izquierdo, los romanos se imponían a los samnitas y los hacían retroceder.
En respuesta a la ventaja romana en ese flanco, Pirro ordena a los elefantes de la izquierda cargar contra los romanos que ganaban terreno, a fin de poder equilibrar el combate. La aparición de los elefantes por el flanco de la legión debió ser abrumador. Los legionarios pararon en seco su avance. Y fue ahí cuando los cónsules decidieron sacar su as bajo la manga.
Lanzaron los carromatos tirados por bueyes, erizados de picas encendidas en fuego para contrarrestar a los elefantes. Pero demás está decir que sus artilugios no surtieron el efecto esperado. Pesados y con poca movilidad, amén de no precaver su protección con suficiente infantería, fueron presa fácil de los epirotas.
A la sorpresa inicial, sobrevino el coraje. Desde las “torres” de los elefantes, los infantes epirotas acribillaban a los romanos que estaban dentro de los carros. Mientras la infantería ligera rompía las pantallas de madera que rodeaba los carromatos y mataban a los bueyes.
En definitiva, la acción de los carromatos dio un poco de aire a los romanos de la legión, pero su avance había sido frenado. Los combates en aquel sector se equilibraron.
Al final, la batalla fue ganada, aunque angustiosamente, por los epirotas y de los carros antielefantes no se supo más.
Gracias por su lectura.


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