Ignacio López Rayón: el hombre que sostuvo la Independencia cuando todo parecía perdido
Cuando el eco de los fusilamientos de Hidalgo, Allende y Aldama aún estremecía a la Nueva España, muchos creyeron que la Independencia había muerto. El miedo se extendía, las tropas insurgentes se dispersaban y la esperanza parecía enterrada junto a sus líderes.
Pero Ignacio López Rayón no huyó.
Con la derrota pesando sobre sus hombros, decidió hacer lo más difícil: mantener viva la causa cuando ya no quedaba gloria, solo peligro. No era un caudillo de gritos ni un héroe de caballería; era un hombre de ideas firmes, convencido de que una nación no se construye solo con sangre, sino con leyes.
En Zitácuaro levantó algo más poderoso que un ejército: un gobierno insurgente. La Suprema Junta Nacional Americana fue su respuesta al caos, un acto de rebeldía intelectual frente al imperio. Allí, mientras los realistas avanzaban y la muerte rondaba, Rayón escribió palabras que soñaban futuro: los Elementos Constitucionales, semillas del México libre.
No buscó fama. No tuvo estatuas en vida. Terminó olvidado por muchos, pero sin él, la Independencia quizá se habría apagado en 1811.
Ignacio López Rayón no encendió el primer grito…
pero fue quien evitó que se extinguiera.


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