¿CRISTÓBAL COLÓN ERA GALLEGO?
«O galego non protesta; emigra», decía el ensayista, dibujante, médico y político Alfonso Daniel Rodríguez Castelao para describir Galicia. Y algo de razón tenía, si se mira por el agujero de una cerradura y se repasan algunas estadísticas que sirven para armar un argumento. Entre las últimas tres décadas del siglo XIX y la primera parte del siglo XX, se calcula que casi un millón y medio de gallegos armaron sus maletas de cartón y emigraron hacia América, partiendo principalmente desde los puertos de A Coruña y Vigo. La cifra puede variar un poco para arriba o un poco para abajo, pero no deja de ser elocuente, ya que la media de la población gallega durante ese periodo era de dos millones de personas. Es decir, en aquellos años, la mitad se iba llorando y la otra mitad se quedaba también llorando. Así funcionó durante lustros la lógica del sufrimiento emigratorio. Los destinos más elegidos fueron Cuba, Argentina, Brasil, Uruguay, México, Venezuela y Estados Unidos.
Esa larga emigración, claro está, contribuye a formar el gen gallego, siendo una parte trascendental de su geografía. Y quizá toda esa genética provocada por las despedidas sea culpa de Cristóbal Colón, el hombre que sembró la semilla para que cosechen miles de sus paisanos, el que diagramó a propósito la ruta para la diáspora gallega, anticipándose a los acontecimientos, facilitando los caminos del futuro para los descendientes de su tierra. Es que no son pocos los historiadores, antropólogos, filólogos y científicos que sostienen la teoría de que el navegante más famoso de la historia nació en Poio, concello de la provincia de Pontevedra.
La versión más oficial indica que nació en Génova, y hay otras versiones que sitúan su nacimiento en Portugal o en Cataluña, buscando coser algunas verdades con hilos falsos. El misterio tiene las patas largas, aunque, como todo enigma, presenta también sus certezas irrefutables. Colón fue el primer inmigrante sin papeles entre América y Europa. Como se explica en los colegios, dicho episodio ilícito sucedió el 12 de octubre de 1492. El indocumentado aventurero llegó al continente americano para quitarle el trabajo a los nativos, y pudo ingresar al territorio extranjero a pesar de no llevar los requisitos necesarios y exigidos por las autoridades del lugar invadido. Está chequeado además que tampoco se informó demasiado bien en la previa del viaje, que de casualidad encontró un destino que lo catapultó a la fama eterna, quedándose con todos los elogios por algo que sería hoy condenado o, al menos, deportado de inmediato. Se le otorgó a su vez el título de «Descubridor de América», reconocimiento que injustamente no le dieron al primer americano que descubrió Europa.
Así comenzó esta extensa historia de la emigración entre los dos continentes. Un comienzo que se bifurca, repleto de metáforas ineptas que se intentaron endulzar. Y tal vez, en este inicio tortuoso, Colón haya sido el primer gallego emigrante que atravesó el Atlántico, el primero de millones. Tendría sentido pensarlo de esa manera, cerraría más de una ecuación, explicando por qué un pueblo del noroeste español se volcó tanto a cruzar un océano en los siglos posteriores: la fantasía y la lógica, después de todo, acostumbran a ir tomadas de la mano, y hasta no haría falta comprobar la veracidad de la anécdota.
Aunque en este caso especial, más allá de artificiales suposiciones, son varios los elementos que hacen imaginar a un Colón tan gallego como el propio Castelao, pero tres llaman poderosamente la atención y son difíciles de soslayar. En su llegada a las Indias, por ejemplo, usó más de 100 topónimos que coinciden exactamente con nombres de la geografía gallega y, sobre todo, con nombres de las Rías Baixas, una acción parecida a la que hicieron luego otros cientos de emigrantes al bautizar un restaurante/club/escuela/hospital en Buenos Aires, en Montevideo o en Caracas, usando los nombres de sus lugares de procedencia, levantando la bandera de la nostalgia. Por otra parte, el navegante jamás escribió en ligur, lengua que se hablaba en Génova, y en sus escritos en castellano se notan algunos giros al idioma gallego, como cualquier abuela en La Habana capaz de decir «a tomar la leite», confundiéndose un poco en su forma de hablar. Y como tercer dato curioso, el 18 de diciembre de 1492, le dio descanso a su tripulación para celebrar la festividad de la Virgen de la O, patrona de Pontevedra.
¡Ay, Cristóbal, cómo se nota esa morriña!

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