lunes, 29 de diciembre de 2025

Manuela Medina: la mujer indigena que aprendió a mandar en la guerra y se volvió La Capitana.



 Manuela Medina: la mujer indigena que aprendió a mandar en la guerra y se volvió La Capitana. 


No nació para ser obediente.

Nació para resistir.

En los caminos polvorientos del sur de la Nueva España, donde la sangre indígena era despreciada y el silencio impuesto como ley, Manuela Medina alzó la voz cuando otras eran obligadas a bajar la mirada. Era indígena, era mujer hermosa de piel morena y decidió tomar lo único que no podían negarle: el derecho a luchar.

Cuando estalló la Guerra de Independencia, Manuela no pidió permiso. Tomó las armas y caminó hacia el fuego. Su valor no tardó en hacerse leyenda. Peleó como soldado, resistió como guerrera y mandó como capitana.

La Capitana de Morelos

José María Morelos no regalaba títulos.

Y sin embargo, al verla combatir, la nombró Capitana.

No fue un gesto simbólico. Manuela comandó hombres, dirigió ataques y participó en al menos siete batallas. En el campo de guerra no era “una mujer”:

era una líder.

Dicen que luchó herida, que la metralla y las balas la alcanzaron más de una vez. Que el dolor no la detuvo. Que el miedo nunca la hizo retroceder. Manuela Medina seguía avanzando, aun cuando su cuerpo ya no podía más.


La independencia llegó.

Pero para ella, la victoria no trajo gloria.

Manuela Medina murió alrededor de 1822, pobre, herida y olvidada, sin honores, sin pensión, sin reconocimiento. La patria que ayudó a nacer no supo agradecerle.


Y sin embargo…

Cada vez que se habla de Morelos, de la insurgencia del sur, de la sangre que abrió el camino a la libertad, Manuela Medina sigue marchando.

Porque hay nombres que no caben en estatuas.

Porque hay mujeres que hicieron historia aunque la historia intentó borrarlas.

Y porque la independencia de México también se escribió con manos indígenas, con cuerpo herido y con un corazón que jamás se rindió.


¿Por qué importa hoy?

Manuela Medina simboliza:

El papel ocultado de las mujeres en la Independencia

La resistencia indígena armada

El liderazgo femenino en una época que lo prohibía

Recordarla es un acto de justicia.


Fuentes históricas

INEHRM (Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México)

Mujeres insurgentes, de Carlos Pascual

Heroínas olvidadas de la Independencia, UNAM

Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México

N. ZELANDA. PALEOGNATOS – Dinornitiformes

 2) N. ZELANDA. PALEOGNATOS – Dinornitiformes   



La imagen complementa la primera del álbum, que mostraba la avifauna de isla Norte en el holoceno de N. Zelanda, y se centra las moas de isla Sur, parte de la “fauna de los llanos de Canterbury” (mapa en comentario).


Los dinornitiformes (=moas) eran una rama hermana de los tinamúes de Sudamérica, tuvieron origen hace unos 60 millones de años, en el cretácico y sus ancestros podrían haberse extendido desde Sudamérica a Oceanía por vía terrestre, a través de Antártida.

En el inicio de la era de los mamíferos el grupo habría quedado confinado a N. Zelanda, sufriendo ahí una reducción al mínimo de poblaciones cuando el archipiélago quedó casi completamente sumergido, durante el oligoceno.

Debido a esto, solo se conocen unos pocos restos correspondientes al grupo desde el mioceno, cuando N. Zelanda volvió a ampliarse en superficie, y las moas recién pasaron a ocupar un lugar preponderante desde fines del mioceno.


* Dinornis


Dentro de las dinornitiformes, el género dinornis, que comprendía las dos especies gigantes, de isla Norte e isla Sur, se diferenció a partir del género megalapteryx (moa de montaña) hace unos 6 millones de años.

Las dos especies de dinornis estaban distribuidas por todos los ambientes de ambas islas. El género tiene la mayor diferencia de tamaño conocida en aves entre machos y hembras. 


- Moa gigante de isla Sur (dinornis robusta)


En la imagen se ve una pareja de moa gigante de isla Sur en una danza de apareamiento. La escena muestra la diferencia de tamaño entre los dos sexos. Las hembras podían alcanzar los 3,6 m de alto y hasta 240 kg de peso, mientras los machos llegaban solo a unos 2 m de alto y 80 kg de peso.


La posición habitual del cuello no era vertical sino horizontal, pero podían estirarlo hacia arriba para alcanzar los tallos y hojas a mayor altura.


Hasta disponerse de estudios genéticos, se tendió a clasificar los restos de hembras y machos en especies distintas. A esto se agregaron descripciones como especies distintas de restos de moas de diferentes tamaños según época (glaciar o interglaciar) y altitud. Las moas gigantes de isla Sur que vivían en la llanura, como las representadas en la imagen, eran las que alcanzaban el máximo tamaño. Las que vivían en zonas de colinas eran algo más pequeñas, y las que habitaron zonas de montaña, menores aún. En zonas de montaña las hembras alcanzaban como máximo el tamaño de los machos en la llanura. Todo esto llevó a identificar una gran cantidad de especies distintas que finalmente resultaron ser variantes de la misma.


Como en el resto de las moas, la especie se extinguió hacia 1500 o poco antes, debido a la colonización de N. Zelanda por las primeras oleadas maoríes, hacia 1320. Durante unos cien años, entre el siglo XIV y el XV esos grupos desarrollaron una cultura específica, identificada actualmente como “cazadores de moas”. En estos grupos las moas ocupaban un lugar importante en el complejo cultural, además de ser la base de su alimentación. Por ej., los enterramientos humanos suelen tener huevos de moa, que se utilizaban como recipientes. Extinguidas las moas esa fase cultural desapareció, y pudo haber quedado también desconectada de la evolución posterior del pueblo maorí, cuando las oleadas iniciales fueron reemplazadas por nuevos grupos de poblamiento y conquista. De ahí que la cultura maorí actual tiene sus raíces en la época inmediatamente posterior, y no directamente en los “cazadores de moas”.


* Euryapteryx


- Moa costera


Al fondo completa la imagen una pareja de moas costeras (eurypteryx curtus). La variante de isla Sur de esta especie era mucho mayor que la de isla Norte, llegando a 1 m de altura (la población de isla Norte no pasaba de medio metro de alto).


AUSTRALAVES: PASSERIFORMES – Caleídeos


* Callaeas


Los caleídeos comprenden tres géneros de pájaros: callaeas (que comprendía dos especies de kokako), philesturnus (con dos especies de tieke) y heterolacha (con una única especie: huia).

La huia, que era propia de la isla Norte y se extinguió a principios del siglo XX, aparece en la primera imagen del álbum.

En esta, aparece el género callaeas, con el kokako de isla Sur.


- Kokako de isla Sur (callaeas cinereus)


Los dos kokakos, de isla Norte y Sur, eran muy similares. Ambos eran de color gris, con máscara negra y carúnculas debajo del pico. Las carúnculas son totalmente azules en el kokako de isla Norte, mientras en el de isla Sur eran casi totalmente rojas, con azul solo en el borde superior.


En la época contemporánea los kokakos fueron muy afectados por la introducción de predadores exóticos, desde posums (zarigüeyas australianas) a armiños europeos, gatos y ratas. Debido a eso las dos especies se redujeron en número y dispersión. 


El kokako de isla Sur había sido avistado por última vez en 1967 y dado por extinto desde esa época. Más recientemente se produjo un nuevo avistamiento confirmado en 2007, lo que llevó a volver a considerar la especie como en peligro de extinción. Como desde entonces se realizaron muchos intentos de ubicar algún ejemplar y nunca volvió a verse ninguno, actualmente se lo volvió a considerar como probablemente extinto.


Pese a su reducción en número, el kokako de isla Norte mantuvo grupos presentes en bosques densos, de modo que pudo ser comprendido en las políticas de conservación más recientes y no corre riesgo como especie.


AFROAVES: ACCIPITRIFORMES – Accipítridos


Las accipitriformes comprenden a la gran mayoría de las rapaces diurnas, incluyendo águilas y aguiluchos, y son una rama hermana de las rapaces nocturnas (búhos y lechuzas). 


* Circus


Circus es un género de aguiluchos, extendidos por todo el mundo y que por lo general viven en torno a humedales y lagunas. 

Durante el holoceno, en N. Zelanda se desarrolló una especie endémica del género: el aguilucho de Eyles, que es el que aparece en la imagen.


- Aguilucho de Eyles (circus teauteensis)


El aguilucho de Eyles, llamado kérangi por los maoríes, era una especie endémica de N. Zelanda, posiblemente derivada del aguilucho moteado (circus assimilis), de Australia, que es su pariente más cercano.


Era una forma de gigantismo insular, ya que debido a la ausencia de algunas especies mayores, había tendido a crecer. Las hembras, que alcanzaban un tamaño mayor, llegaban a pesar 3 kg.


Como en N. Zelanda no había mamíferos terrestres, el aguilucho de Eyles se especializaba en cazar las especies de pájaros de mayor tamaño (como el propio kokako o palomas grandes), ocupando un nicho similar al de las águilas pequeñas en el continente. 


La especie se extinguió hacia 1400, por lo que debe haber quedado afectada por la caída masiva de aves durante el poblamiento maorí (acompañado de ratas) y por la reducción de las áreas de bosque, debido a quemas para abrir el terreno a cultivos y pastoreo.


Actualmente está extendida a toda N. Zelanda otra especie del género, el aguilucho lagunero del Pacífico (circus approximans). Como los restos de estas aves aparecen en N. Zelanda solo desde 1000 en adelante, es posible que el aguilucho de Eyles, al competir por presas similares, haya evitado la radicación y proliferación de aguiluchos de Australia, hasta que su desaparición facilitó una colonización posterior por circus approximans.


(Imagen: "Prehistoric Australasia", p.218, de Michael Archer et al., con ilustraciones de Peter Schouten)

Antonio Huachaca

 



Desde la región de Huamanga (Ayacucho) , Antonio Huachaca puso en pie de guerra a varios miles de indios, con numerosa caballería pero pocas armas de fuego. En junio de 1825, el ejército de indígenas realistas asaltaron Huachaca y Huantayo, incrementando sus efectivos con la adhesión de los Húsares de Junín . Las fuerzas republicanas del general Andrés de Santa Cruz respondieron con una campaña de ejecuciones, represión y quema de tierras, obligando a los guerrilleros a refugiarse en las montañas. En una carta dirigida al prefecto de Ayacucho , Huachaca critica la brutalidad de los «anticristos» republicanos: «Salgan los señores militares que se hallan en ese depósito robando, forzando a mujeres casadas, doncellas, violando hasta templos, a más los mandones, como son el señor intendente, nos quiere acabar con contribuciones y tributos... [...]».


En noviembre de 1827, Huachaca inició una contraofensiva al grito de «¡Viva el Rey! y ¡Viva España!» , enarbolando una bandera con la cruz de Borgoña con el objeto de liberar Ayacucho, Huamanga y Huancavelica, y conseguir la «restauración del Reino, extirpando a los republicanos, proclamando un ideario contrarrevolucionario y antiliberal». En su reclamación de una restauración monárquica, el peruano calificaba a los criollos republicanos de traidores.


Fuente: 

https://www.abc.es/historia/abci-caudillo-indigena-enfrento-anticristos-independentistas-america-grito-viva-espana-201904040145_noticia.html


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28 de diciembre de 1816: Belgrano comunica al Soberano Congreso la victoria de Gregorio Aráoz de La Madrid




 28 de diciembre de 1816: Belgrano comunica al Soberano Congreso la victoria de Gregorio Aráoz de La Madrid sobre las tropas insurrectas de Juan Francisco Borges, ordenando su fusilamiento.

Borges preparó en Santiago una segunda revolución separatista para lograr la autonomía con respecto de Tucumán. La misma estalló el 10 de diciembre de 1816 y sublevó nuevamente al pueblo de Santiago del Estero con un número considerable de seguidores. Apresó y destituyó al teniente de gobernador Gabino Ibáñez, a quien envió preso a Loreto. Luego declaró la autonomía absoluta de su provincia y se autoproclamó gobernador en rechazo a medidas anti-autonomistas tomadas por el Congreso. Tras ello se dirigió al interior de la provincia para reclutar milicias.
Bernabé Aráoz, le informó a Belgrano que Borges se había levantado en contra del Ejército, que estaba de acuerdo con el oriental Artigas, que no iba a obedecer al Congreso de Tucumán, que no pagarían las contribuciones y que fomentarían las montoneras. Belgrano creyó que Borges se levantaba contra él y su Ejército, y que su movimiento tenía relación con los realistas del Alto Perú.
Por orden del Soberano Congreso, en que la influencia de los tucumanos fue decisiva, Belgrano envió tres regimientos a reprimir la revolución, buscar a Borges, perseguirlo y detenerlo. Eran 200 infantes, 50 dragones y dos piezas de artillería al mando del coronel Juan Bautista Bustos, el coronel José María Paz y el mayor Gregorio Aráoz de Lamadrid.
Ante el avance de las tropas enviadas por Belgrano y estando en evidente inferioridad numérica, Borges se retiró hacia Loreto, donde pudo reunir unos 500 hombres. El 27 de diciembre de 1816, Lamadrid localizó a Borges y lo derrotó con 100 húsares que formaban la vanguardia de Bustos en el combate de Pitambalá a pesar que los santiagueños eran cinco veces más numerosos. Borges huyó solo hacia el río Salado, con el propósito de pasar a Salta, donde suponía que Güemes iba a prestarle ayuda. Fue perseguido y se refugió en Guaype, cerca de Matará, en casa de Leandro Taboada (padre de Manuel y Antonino, los futuros caudillos de Santiago del Estero), pero éstos lo entregaron a Lamadrid.
El Congreso había decretado el 1 de agosto fuertes castigos y la pena de muerte a los cabecillas de cualquier rebelión armada en contra de su autoridad. Es por ello que en la sesión del 13 de diciembre se votó por aplicar dicha ley en Santiago del Estero, a pesar de que los diputados santiagueños, Pedro Francisco Uriarte y Pedro León Díaz Gallo trataron de explicar a los demás congresales las verdaderas razones de la sublevación santiagueña. A consecuencia de esto, Lamadrid recibió una orden contundente de Belgrano: Borges debía ser inmediatamente fusilado, luego de brindarle auxilios espirituales.
Borges fue detenido en una pequeña chacra del Convento de Santo Domingo, a dos leguas de la ciudad de Santiago del Estero. A Paz le pareció innecesario tomar declaración a Borges, ya que se había ordenado su fusilamiento. Paz regresó a Santiago del Estero, donde el teniente de gobernador depuesto Ibáñez convenció a Bustos de que el prisionero tenía que ser interrogado para capturar a sus cómplices. Bustos ordenó a Paz que regresara a la chacra del convento de los dominicos para interrogar a Borges.
Cuando Paz llegó a la chacra, fray Esteban Ibarzábal ya le había brindado a Borges los auxilios espirituales; además se le había entregado una pluma y papel para que redactara su última voluntad. El lugar de fusilamiento fue descrito por Paz: “bajo un frondoso algarrobo estaba atada una mala silla de cuero, que habría de servir de banquillo”.
Juan Francisco Borges fue fusilado a las nueve de la mañana del 1 de enero de 1817, al pie de un añoso algarrobo en el cementerio de dicho convento. No tuvo juicio ni defensa alguna. El acta de defunción fue firmada por el sacerdote Manuel Frías. La misma indica que sus restos fueron trasladados desde la Capilla de Robles hasta la catedral de Santiago del Estero, donde fueron sepultados y se encuentran actualmente.
El tiempo y los hechos demostraron que Belgrano se había equivocado, ya que el movimiento de Borges perseguía únicamente la autonomía provincial. Pero los tiempos eran duros, y Belgrano era inexorable en materia de disciplina, siendo Borges un militar sujeto a su dura ley.
Se dijo que media hora después le llegó un indulto decretado por el propio Belgrano, ordenando no ejecutarlo.
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El 29 de diciembre de 1788 nació Tomás de Zumalacárregui, militar absolutista

 



El 29 de diciembre de 1788 nació Tomás de Zumalacárregui, militar absolutista que llegó a liderar al ejército carlista durante la primera guerra carlista.

Nacido en el caserío Arandi de Ormáiztegui, de familia perteneciente a la clase media-alta, al comienzo de la guerra de la Independencia, en 1808, se alistó en Zaragoza, donde participó en el primer sitio de la ciudad. También tomó parte en la batalla de Tudela y en el segundo sitio de Zaragoza. Durante el segundo Sitio participó en una fallida salida de tropas que trataban de romper el cerco de la ciudad siendo hecho prisionero por los franceses. Consiguió escapar de estos rompiendo sus ligaduras y huyó a su localidad natal.
Tras esto se echó al monte y se unió a la partida de Gaspar de Jáuregui, apodado El Pastor, un guerrillero guipuzcoano de que se convirtió enseguida en su secretario personal. En 1811 las guerrillas vascas, navarras y las de otras regiones cercanas fueron asimiladas como cuerpos regulares en el Séptimo Ejército español, bajo el mando del general Gabriel de Mendizábal. Jáuregui, nombrado coronel, había agrupado bajo su mando a todas las guerrillas guipuzcoanas, que en el nuevo esquema organizativo se convirtieron sobre el papel en el Primer Batallón de Guipúzcoa. Tomás, con el grado de teniente, pasó a ser oficial del Ejército.
Permaneció el resto de la guerra como oficial en este Primer Batallón de Guipúzcoa, primero con el grado de teniente y a partir de 1812 como capitán. Tomó parte en buena parte de las acciones de guerra que tuvieron lugar en Guipúzcoa y el norte de Navarra durante esos años; Zumárraga, Puente de Belascoain, Unzué, Ataun, Urrestilla, Irurzun, Arechavaleta, Vergara, Loyola, Descarga, Sasiola, Mendaro o Salinas. A las órdenes del general Freire tomó parte en la batalla de San Marcial que puso fin a la ocupación francesa y por la cual fue condecorado. Durante esos años también viajó a Cádiz, comisionado por Jauregui, para efectuar diversas gestiones. Allí se reunió con su hermano Miguel Antonio de Zumalacárregui, que era diputado provisional por Guipúzcoa en las Cortes.
Durante los años que estuvo a las órdenes de Jáuregui, Zumalacárregui se convirtió en un experto de la guerra de guerrillas; tanto en el plano táctico como en el logístico, organizativo o de inteligencia. Zumalacárregui se familiarizó asimismo con la vida en la montaña y con la agreste geografía vasco-navarra. Todo este aprendizaje sería años más tarde fundamental cuando asumió la organización del ejército carlista.
Terminada la guerra, Zumalacárregui permaneció en el Ejército, siendo nombrado capitán archivero. Tomás de Zumalacárregui no simpatizaba con los principios liberales que en aquella época se extendían por España, comenzando a significarse como monárquico absolutista. Cuando en 1820 se repuso la Constitución de 1812, aún era capitán. Fue denunciado al nuevo Gobierno por oficiales liberales, que solicitaron su expulsión del ejército. Aunque la denuncia no prosperó, fue apartado del servicio activo. Después se puso a las órdenes de Quesada, ascendiendo a teniente coronel en 1822.
Tras la restauración de Fernando VII en el trono de España y la vuelta del absolutismo en 1823, formó parte de una comisión militar para la represión de delitos políticos, alcanzando el grado de coronel en 1829. En 1832 fue nombrado gobernador militar del Ferrol. Por entonces, Zumalacárregui era ya reconocido como integrante del partido absolutista que pretendía favorecer las opciones sucesorias del hermano del rey, Carlos María Isidro de Borbón (Don Carlos). Cuando se planteó el pleito sucesorio al morir el monarca, Zumalacárregui participó desde Pamplona en el levantamiento de los reaccionarios que apoyaban al infante Carlos María Isidro en defensa del absolutismo monárquico (1833).
Fracasado el pronunciamiento en la ciudad, Zumalacárregui se retiró al interior de la provincia, en donde unificó a las fuerzas carlistas navarras y organizó uno de los contingentes más eficaces del ejército rebelde. Durante la Primera Guerra Carlista que entonces se inició (1833-40), don Carlos le confió el mando de sus fuerzas en Navarra y le ascendió a general. Se resistió a todos los intentos de atraerle hacia el bando de Isabel II, por parte de su propio hermano Miguel y de su antiguo jefe, el general Quesada.
Consciente de su inferioridad numérica y armamentística, Zumalacárregui reprodujo la táctica guerrillera que conocía desde la Guerra de la Independencia, amparándose en lo accidentado del relieve y en el apoyo de gran parte de la población civil. Fue muy popular entre sus tropas (que le apodaban el tío Tomás), pero no dudó en mostrarse cruel en la represión de los liberales ni en emplear el terror para mantener controlado el territorio.
Durante el año 1834 se sucedieron las victorias en pequeñas escaramuzas (como las batallas de Alegría y las Amézcoas), hasta el punto de provocar la dimisión de Rodil en el mando del ejército enemigo. Animado por esos éxitos y por la necesidad de conseguir dinero y apoyos internacionales, don Carlos le ordenó al año siguiente tomar Bilbao, a pesar de la opinión contraria de Zumalacárregui (que hubiera preferido atacar Vitoria).
La operación comenzó con éxito, al abrirse paso la marcha hacia Bilbao venciendo a Espartero en Durango. Luego, ya dueño de la mayor parte de las Provincias Vascongadas, puso sitio a la capital vizcaína; pero, en su empeño por reconocer personalmente las fortificaciones enemigas y las posiciones de sus hombres, resultó alcanzado por un disparo del ejército que defendía Bilbao.
Herido en una pierna, Zumalacárregui se trasladó a su pueblo para ponerse en manos de un curandero de su confianza y murió, probablemente de septicemia. El ejército carlista perdió así a su militar más prestigioso, debilitándose notablemente sus posibilidades de éxito en la contienda y abriéndose en su seno fuertes disensiones políticas. Con él desapareció no sólo el principal ariete por la causa del infante, lo que influiría de modo decisivo en el desarrollo de la Primera Guerra Carlista; lo hizo también un tipo de héroe o caudillo profundamente identificado con el pueblo llano, tal y como lo retrató Galdós en uno de sus más célebres Episodios Nacionales.
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