28 de diciembre de 1816: Belgrano comunica al Soberano Congreso la victoria de Gregorio Aráoz de La Madrid sobre las tropas insurrectas de Juan Francisco Borges, ordenando su fusilamiento.
Borges preparó en Santiago una segunda revolución separatista para lograr la autonomía con respecto de Tucumán. La misma estalló el 10 de diciembre de 1816 y sublevó nuevamente al pueblo de Santiago del Estero con un número considerable de seguidores. Apresó y destituyó al teniente de gobernador Gabino Ibáñez, a quien envió preso a Loreto. Luego declaró la autonomía absoluta de su provincia y se autoproclamó gobernador en rechazo a medidas anti-autonomistas tomadas por el Congreso. Tras ello se dirigió al interior de la provincia para reclutar milicias.
Bernabé Aráoz, le informó a Belgrano que Borges se había levantado en contra del Ejército, que estaba de acuerdo con el oriental Artigas, que no iba a obedecer al Congreso de Tucumán, que no pagarían las contribuciones y que fomentarían las montoneras. Belgrano creyó que Borges se levantaba contra él y su Ejército, y que su movimiento tenía relación con los realistas del Alto Perú.
Por orden del Soberano Congreso, en que la influencia de los tucumanos fue decisiva, Belgrano envió tres regimientos a reprimir la revolución, buscar a Borges, perseguirlo y detenerlo. Eran 200 infantes, 50 dragones y dos piezas de artillería al mando del coronel Juan Bautista Bustos, el coronel José María Paz y el mayor Gregorio Aráoz de Lamadrid.
Ante el avance de las tropas enviadas por Belgrano y estando en evidente inferioridad numérica, Borges se retiró hacia Loreto, donde pudo reunir unos 500 hombres. El 27 de diciembre de 1816, Lamadrid localizó a Borges y lo derrotó con 100 húsares que formaban la vanguardia de Bustos en el combate de Pitambalá a pesar que los santiagueños eran cinco veces más numerosos. Borges huyó solo hacia el río Salado, con el propósito de pasar a Salta, donde suponía que Güemes iba a prestarle ayuda. Fue perseguido y se refugió en Guaype, cerca de Matará, en casa de Leandro Taboada (padre de Manuel y Antonino, los futuros caudillos de Santiago del Estero), pero éstos lo entregaron a Lamadrid.
El Congreso había decretado el 1 de agosto fuertes castigos y la pena de muerte a los cabecillas de cualquier rebelión armada en contra de su autoridad. Es por ello que en la sesión del 13 de diciembre se votó por aplicar dicha ley en Santiago del Estero, a pesar de que los diputados santiagueños, Pedro Francisco Uriarte y Pedro León Díaz Gallo trataron de explicar a los demás congresales las verdaderas razones de la sublevación santiagueña. A consecuencia de esto, Lamadrid recibió una orden contundente de Belgrano: Borges debía ser inmediatamente fusilado, luego de brindarle auxilios espirituales.
Borges fue detenido en una pequeña chacra del Convento de Santo Domingo, a dos leguas de la ciudad de Santiago del Estero. A Paz le pareció innecesario tomar declaración a Borges, ya que se había ordenado su fusilamiento. Paz regresó a Santiago del Estero, donde el teniente de gobernador depuesto Ibáñez convenció a Bustos de que el prisionero tenía que ser interrogado para capturar a sus cómplices. Bustos ordenó a Paz que regresara a la chacra del convento de los dominicos para interrogar a Borges.
Cuando Paz llegó a la chacra, fray Esteban Ibarzábal ya le había brindado a Borges los auxilios espirituales; además se le había entregado una pluma y papel para que redactara su última voluntad. El lugar de fusilamiento fue descrito por Paz: “bajo un frondoso algarrobo estaba atada una mala silla de cuero, que habría de servir de banquillo”.
Juan Francisco Borges fue fusilado a las nueve de la mañana del 1 de enero de 1817, al pie de un añoso algarrobo en el cementerio de dicho convento. No tuvo juicio ni defensa alguna. El acta de defunción fue firmada por el sacerdote Manuel Frías. La misma indica que sus restos fueron trasladados desde la Capilla de Robles hasta la catedral de Santiago del Estero, donde fueron sepultados y se encuentran actualmente.
El tiempo y los hechos demostraron que Belgrano se había equivocado, ya que el movimiento de Borges perseguía únicamente la autonomía provincial. Pero los tiempos eran duros, y Belgrano era inexorable en materia de disciplina, siendo Borges un militar sujeto a su dura ley.
Se dijo que media hora después le llegó un indulto decretado por el propio Belgrano, ordenando no ejecutarlo.

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