25 de diciembre de 1816: Belgrano escribe a Güemes.
“Compañero y amigo querido: Ya supe por el correo que había dejado a U. en la faena de revistar caballada. Buena es esa atención en un tiempo en que todo nos escasea; el movimiento de Borges tan sin pies, ni cabeza me ha obligado a echar mano de la famosa mulada que iba formando para la expedición consabida y todo me lo ha trastornado, causando, unos gastos cuando estamos llorando miserias y cuando los recursos cada vez más se minoran; ha sido muy inconsecuente conmigo y ha atropellado por todo por satisfacer sus venganzas; no creo que salga bien; porque ni el Pueblo, ni la campaña está por él, se ha retirado hasta Mulacorral con un tal Montenegro a conmover a aquellos infelices y U. puede figurarse los perjuicios que se causarán a aquella miserable jurisdicción.
No me gusta la tardanza de los avisos de Uriondo; a no tener una seguridad cierta y ciertísima de la victoria, habrá hecho muy mal de no replegarse y reconcentrarse hacia a U. Tiempo hay para ponerse en estado de arremeter con vigor al enemigo. Es preciso que les haga U. convencer a todos la importancia de la instrucción, del orden y de la subordinación para vencer y que más vale que suframos necesidades que exponernos a perderlo todo por anticiparnos sin tener cuanto es preciso. U. sabe bien el proverbio de que no por mucho madrugar amanece más temprano.
Me alegro de que los del Valle hallan escapado de Tupiza y que lleguen a sus casas, como igualmente los Dragones e Infernales. A los primeros será preciso que pase algún tiempo para emplearlos para que se les olvide un poco el susto que habrán tenido: vinieron dos hasta aquí que se hallan en el Ejército.
¡Qué bien nos haría el que no quedase un Americano con el enemigo! Pero somos tan sin sentimientos por la Patria, estamos tan a oscuras de lo que vale ser parte de una Nación, que me parece que aún ha de haber infinitos que prefieran padecer trabajos entre ellos, a lograr de comodidades entre nosotros, si las hubiera.
Aténgome a la idea de U. de guerra y libertad del País. Sin aquélla nada hemos de conseguir y si Dios, nos protege con la victoria todo se acabará. Estoy al cabo de que sabrá V. cortar las discordias y ello es cierto que mientras subsistan nada hemos de poder ejecutar, como U. lo conoce muy bien.
Doy a U. las gracias por las atenciones a Castro, cuya honradez y conducta con sus buenos talentos me lo han hecho amar y gusto mucho de que todos mis amigos amen lo que Yo. En U. hay además otras relaciones y estoy cierto de que será del número de los suyos.
Iguales gracias por la familia de Estévez: quiero mucho a este clérigo; porque me parece que es de lo poco que hay. Ya se ve, también nos hemos criado juntos y la amistad de la niñez nunca se olvida.
Deseo saber la llegada de Azebey a su destino o al menos que haya pasado el riesgo de enemigos; este mozo siempre me ha inspirado confianza y lo he visto desempeñar sus deberes como un buen militar.
No sé si U. recibió el cuaderno de táctica que le remití; avísemelo U.; al mismo tiempo ordene a su secretario que se me pase oficio dándome noticia del recibo de los tres mil pesos que llevó Sotelo.
Dije a U. ayer acerca de los que vino a buscar Reyna lo ocurrido.
Boedo me escribe y pues que ha de venir, no le contesto. Pero acá para entre los dos solamente ¿será la venida de éste como la del hijo de Chiclana con sus respectivos pasaportes? Observación, compañero; porque estamos rodeados de mil peligros: la entrada de Portugueses a pretexto de sofocar la anarquía de la otra Banda; las sospechas de colusión del Gobernador Francia del Paraguay con ellos, debe tenernos muy alerta.
San Martín me escribe que ya estaba preparándose a salir. Yo voy a enviar armas y oficiales para que se haga un movimiento por el Norte de Chile que favorezca el de aquél. Las guerrillas han tenido ya buen efecto y los ánimos de los chilenos están prontos para ayudar.
El tal Recafort o Rocafort debe ser algún catalán sanguinario y picarón: espero que en nuestras manos ha de ser Rocafeble. Sigamos en nuestro trabajo; logremos que a nuestras espaldas haya tranquilidad, que el día ha de llegar de que los venzamos completamente.
Páselo U. bien compañero y no se olvide de su
MANUEL BELGRANO
Tucumán, 25 de Diciembre de 1816.
P.S. Nos han traído sablecitos de abordaje: los Ingleses y Americanos después de sus guerras marítimas nos vienen a vender lo que no les hace falta y nosotros todo agarramos, cuando con lo que se ha gastado en ellos, podía Yo hacer aquí excelentes espadas.
Barbará y Mallea me han entregado una de U. ¿Por qué lo han dejado? El 1º está aquí muy sindicado por cosas en el Perú; él es casado con una tía mía y deseo que se vindique, como pienso decírselo; pues que también ha habido otros que me han informado bien de él y además la recomendación de U. me es de toda consideración.
Sr. Dn. Martín Güemes.
Salta.”
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