El 25 de diciembre de 1553 murió Pedro de Valdivia, militar conquistador de Chile.
Tras participar en diversas campañas militares en Europa, Valdivia viajó a América, formando parte de las huestes de Francisco Pizarro. Más tarde, Valdivia lideró la Conquista de Chile a partir de 1540. En dicho rol, fue el fundador de las ciudades más antiguas del país, incluyendo la capital Santiago en 1541, La Serena (1544), Concepción (1550), Valdivia (1552) y La Imperial (1552). Además, dispuso la fundación de las ciudades de Villarrica y Los Confines (Angol).
En 1541 recibió de sus compañeros conquistadores organizados en un cabildo, el título de gobernador y capitán general del Reino de Chile, siendo el primero en ostentar dichos cargos. Después de contener la resistencia indígena y algunas conspiraciones en su contra, emprendió la llamada Guerra de Arauco contra el pueblo mapuche.
El ataque al fuerte de Tucapel en diciembre de 1553, obligó a la guarnición española a retirarse a Purén, desde donde los españoles solicitaron auxilio. Enterado Valdivia de los sucesos, se dirigió desde Concepción a Quilacoya, donde hizo levantar un fortín. Aquí recibió un mensaje de Juan Gómez de Almagro, quien había conducido con refuerzos desde La Imperial a Purén, avisando que había logrado rechazar un asedio de los indios. Valdivia lo citó para reunirse con un contingente de hombres en Tucapel el día de Navidad para repoblar dicho fuerte, pero advirtiéndole de no desproteger a Purén. Las noticias de un inminente ataque, propaladas por los indios, hicieron que Gómez de Almagro demorara en un día su partida. Así divididas las fuerzas españolas, por estrategia de Lautaro, otrora caballerizo de Valdivia que había huido de los españoles para unirse a su gente, Valdivia acudió a la cita. El gobernador y su gente fueron atacados por sucesivos contingentes de indígenas. La situación se tornó desesperada. Valdivia ante el cansancio y las bajas, reunió a los soldados disponibles y se lanzó a la lucha encarnizada. Ya la mitad de los españoles yacían en el campo y los indios auxiliares mermaban. En un momento del combate, viendo que se les iba la vida, Valdivia se dirige a quienes aún le rodean y les dice:
—«¿Caballeros qué hacemos?»—
A lo que el capitán Altamirano responde:
—«¡Qué quiere vuestra señoría que hagamos sino que peleemos y muramos!»—
Pronto el resultado de la batalla se definió y finalmente el jefe dispuso la retirada, pero el propio Lautaro cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer uno a uno sobre los españoles aislados hasta que, agotados tras horas de combate, sucumbieron a manos de sus enemigos.
Según algunos historiadores, en un acto de represalia por las mutilaciones y masacre a los indígenas que ordenó luego de la batalla de Andalién, Valdivia fue llevado prisionero al campo mapuche donde le dieron muerte después de tres días de torturas, que incluyeron cercenamientos similares a las realizadas por el conquistador para escarmentar a los indios en aquella batalla. De acuerdo a Alonso de Góngora Marmolejo, el martirio continuó con la amputación de sus músculos en vida, usando conchas afiladas de almeja, y comiéndolos ligeramente asados delante de sus ojos. Finalmente extrajeron a carne viva su corazón para devorarlo entre los victoriosos toquis, mientras bebían chicha en su cráneo, que fue conservado como trofeo hasta que el cacique Pelantarú lo devolvió 55 años después, en 1608.
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