El 31 de diciembre de 1148 Ramón Berenguer IV, “prínceps” de Aragón y conde de Barcelona, de Gerona, de Osona y de Cerdaña, conquista la ciudad de Tortosa.
La primera gran expedición de Ramón Berenguer contra Al-Ándalus fue su participación en la conquista de Almería campaña a la que acudió en ayuda del rey leonés Alfonso VII, aunque fue una iniciativa de la República de Génova —apoyada por el papa Eugenio III— que quería apoderarse del puerto principal de la piratería y del corso musulmanes que asolaba el Mediterráneo Occidental —«sede de ladrones marineros, nido de piratas», lo denominaba la crónica de Alfonso VII— lo cierto es que era un importante puerto y productor sedero que competía con las repúblicas italianas. Berenguer acudió personalmente con una comitiva y fuerzas terrestres. Almería fue tomada en 17 de octubre de 1147, aunque la conquista cristiana no duraría mucho tiempo (en 1157 fue reconquistada por los almohades). La Gesta comitum barchinonensium le atribuyó la iniciativa y toda la gloria de la conquista.
Pero los logros principales de la política peninsular de Ramón Berenguer fueron las conquistas de Tortosa y las posteriores de Lérida y Fraga. El rey de Aragón Alfonso I el Batallador había fracaso en su intento de conquistar estas dos ciudades andalusíes; de hecho murió en septiembre de 1134 mes y medio después de su derrota por los almorávides en la batalla de Fraga—. De esta forma Ramón Berenguer aseguraba el paso del Bajo Ebro y el traspaís de Tarragona. La conquista de Tortosa, que según el historiador árabe Al-Idrisi estaba defendida por fuertes murallas y por el castillo de la Suda, no hubiera sido posible sin la intervención de la escuadra genovesa —que Ramón Berenguer había pactado antes de la conquista de Almería, a cambio de la tercera parte de todas las conquistas— ya que impidió que la ciudad recibiera auxilio por ningún lado. Ramón Berenguer también pudo contar con la colaboración de señores occitanos, como Guillermo VI de Montpellier. Y el papa Eugenio III le otorgó el carácter de cruzada por los que intervinieran en la conquista tendrían los mismos privilegios que los que iban a luchar a Tierra Santa. Los términos de la capitulación, como pidieron los vencidos, fueron los mismos que los acordados por el rey aragonés Alfonso I el Batallador para Zaragoza: se preservaban la práctica de su religión, los derechos y las propiedades de los andalusíes que decidieran quedarse —se les daba un plazo de un año para instalarse en los arrabales— pero pocos lo hicieron. En noviembre de 1149 Ramón Berenguer otorgó una carta puebla para los nuevos habitantes cristianos de Tortosa y se proclamó uictor Hispaniae ('vencedor de Hispania').
La toma de Tortosa hizo prácticamente imposible que Lérida y Fraga pudieran recibir ningún tipo de auxilio andalusí. Fueron sitiadas al mismo tiempo a partir de abril de 1149 para evitar que una de ellas ayudara a la otra y capitularon. A diferencia de Tortosa, en la conquista de Lérida y de Fraga participó un importante contingente aragonés, y tuvieron también un papel destacado las huestes del conde Ermengol VI de Urgel, a quien Ramón Berenguer le había concedido la posesión de Lérida lo que lo convertía en vasallo suyo, así como las de algunos señores occitanos. En la conquista aparecieron por primera vez los temidos almogávares. Poco tiempo después caería Mequinenza y años más tarde Miravet, las montañas de Prades y el castillo de Siurana, últimos reductos de la Marca Superior de Al-Ándalus. De las conquistas de Tortosa, Lérida y Fraga José María Lacarra ha destacado que «con ello se establecía más cómoda comunicación entre Barcelona y Aragón, que favorecería la más estrecha unión entre los distintos territorios que obedecían al mismo príncipe».
En principio Ramón Berenguer sorteó el problema de asignar al condado de Barcelona o al reino de Aragón los territorios de Tortosa y de Lérida añadiendo a sus títulos Tortose marchio et Ilerde, es decir, considerándolos como dos marquesados diferenciados. Las nuevas conquistas no fueron incorporadas a ninguno de estos dos grandes bloques porque aún no había “cuajado” la unidad interna de Aragón ni la de Cataluña. Sin embargo, Fraga y Mequinenza fueron «repobladas» según los Fueros de Aragón, mientras que Tortosa y Lérida lo fueron mediante sendas cartas pueblas que tomaron como base los Usatges de Barcelona, y esto, desde el punto de vista político, en una época en que el derecho tenía una importancia capital, fue decisivo.
Imagen: Mapa de los condados catalanes entre 1131, año de la muerte Ramón Berenguer III, y 1149, tras las conquistas de Tortosa y Lérida por Ramón Berenguer IV.

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