LA CASUALIDAD QUE MARCÓ LA TRAGEDIA ARGENTINA
Por Revisionismo Historico Argentino
Bartolomé Mitre en la historia política, militar e historiográfica del siglo XIX
Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821, hijo de una familia de origen oriental y de recursos modestos. Su nacimiento en territorio porteño fue circunstancial, producto del desplazamiento familiar, dato que ha sido señalado por diversos autores y utilizado simbólicamente por la historiografía revisionista para reflexionar sobre su posterior relación política con el país que gobernaría. La historiografía académica, en cambio, suele considerar este aspecto como un elemento biográfico secundario, sin carácter determinante.
A los catorce años fue enviado a trabajar a una estancia vinculada al entorno de Juan Manuel de Rosas, administrada por Gervasio Rosas. La experiencia fue breve y fallida. La conocida frase atribuida al Restaurador, dirigida al padre del joven, ha sido conservada por la tradición histórica y citada reiteradamente por autores revisionistas:
> “Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer”.
Más allá de la discusión sobre su literalidad, el episodio revela el contraste entre la disciplina del mundo rural rosista y la temprana vocación intelectual de Mitre, quien desde joven se inclinó por la lectura, el periodismo y la reflexión política.
Durante el período rosista, Mitre desarrolló una intensa actividad literaria y periodística desde Montevideo, defendiendo posiciones unitarias y liberales. No participó como combatiente en los enfrentamientos armados contra la Confederación. En 1845, durante la batalla de la Vuelta de Obligado, fue testigo del combate desde los buques de la escuadra anglo-francesa que forzaba la navegación del Paraná. Años más tarde, el propio Mitre escribiría:
> “La resistencia de Obligado fue heroica, pero inútil frente al empuje de la civilización europea”.
(Historia de Belgrano).
Carlos Saavedra Lamas aludiría irónicamente a su presencia a bordo de las naves extranjeras llamándolo “el grumete”. La interpretación de este episodio ha sido objeto de debate: para la historiografía liberal se trató de una circunstancia personal, mientras que el revisionismo lo leyó como una toma de posición política temprana frente al conflicto por la soberanía nacional.
El clima ideológico de aquella generación quedó expresado con crudeza por Domingo Faustino Sarmiento, quien, refiriéndose al apoyo de sectores ilustrados a la intervención francesa, escribió:
> “Los que cometieron aquel delito de leso americanismo, los que se echaron en brazos de la Francia para salvar la civilización europea, sus instituciones, sus hábitos e ideas en las orillas del Plata, fueron los jóvenes, en una palabra, ¡fuimos nosotros!… Somos traidores a la causa americana… De eso se trata, de ser o no ser salvajes”.
Tras la caída de Rosas en Caseros, Mitre reapareció en Buenos Aires con un discurso liberal, constitucionalista y centralista. Su figura pública combinaba una oratoria eficaz, una imagen austera y una estética asociada a los círculos intelectuales europeos. Justo José de Urquiza lo apodaría despectivamente “el Tísico”, en alusión a su aspecto físico. Para muchos contemporáneos, Mitre encarnaba al joven romántico porteño, admirado por su pluma y sus discursos, aunque aún sin una trayectoria militar victoriosa que respaldara su prestigio.
Desde el punto de vista estrictamente militar, su desempeño fue objeto de críticas tempranas. En 1855, al mando de fuerzas porteñas superiores en número y armamento, fue derrotado en Sierra Chica por contingentes indígenas. La prensa opositora ironizó duramente sobre el episodio. El periódico La Reforma Pacífica escribió:
> “El general Mitre parte con fuerzas completas y regresa sin caballos, sin artillería y sin gloria”.
El oficial porteño D’Amico, citado posteriormente por la historiografía revisionista, dejó una apreciación lapidaria:
> “A Mitre no se le ocurre nada en el campo de batalla”.
Mitre era coronel de artillería y estudioso de las doctrinas militares europeas, particularmente de las estrategias consideradas científicas, inspiradas en los modelos napoleónicos. Sin embargo, varios testimonios contemporáneos señalaron la dificultad de aplicar esos esquemas en la guerra de llanura rioplatense, donde predominaban la movilidad, la caballería y el conocimiento del terreno.
En 1859, como comandante del ejército de Buenos Aires, fue derrotado por las fuerzas de la Confederación en Cepeda. En su parte oficial afirmó:
> “El ejército se replegó en orden, preservando su cohesión y su honor”.
Urquiza, en cambio, informaba al Congreso de Paraná:
> “La victoria ha sido completa; el enemigo ha abandonado el campo y su artillería”.
El 17 de septiembre de 1861, en Pavón, se produjo uno de los episodios más controvertidos de la historia argentina. Militarmente, el enfrentamiento quedó inconcluso, pero la retirada de la caballería de Urquiza permitió a Mitre consolidar su triunfo político. El propio Urquiza explicaría años después, en una carta privada:
> “No quise proseguir una victoria que habría costado sangre argentina para sostener un predominio político”.
Desde la historiografía revisionista, esta decisión fue duramente cuestionada. José María Rosa sostuvo:
> “Pavón no fue una derrota militar de la Confederación, sino una capitulación política de su jefe”.
Jorge Abelardo Ramos coincidió en esa interpretación al afirmar:
> “Urquiza abandonó el campo cuando tenía ganada la batalla, dejando el país en manos de Buenos Aires”.
Mitre, que se había retirado anticipadamente del campo de batalla, fue alcanzado por un subalterno que le comunicó el resultado favorable. El episodio quedó registrado en la tradición oral militar con la frase: “No dispare general, que ha ganado”.
Tras Pavón, Mitre desplegó una intensa actividad política y retórica destinada a neutralizar a sus antiguos adversarios. Sobre Urquiza, a quien buscó integrar simbólicamente al nuevo orden, llegó a decir:
> “Urquiza es el Washington de la América del Sur”.
En 1862 asumió la presidencia de la Nación. En su discurso inaugural afirmó:
> “La República necesita capitales, y esos capitales no pueden provenir sino de las naciones industrializadas”.
En otra intervención, frecuentemente citada, expresó sin ambigüedades:
> “¿Quién impulsa este progreso? El capital inglés, señores”.
Durante un discurso parlamentario en 1863 reforzó esa línea al sostener:
> “La riqueza del país debe orientarse hacia los mercados que la reclaman”.
Para la historiografía liberal, estas afirmaciones reflejan pragmatismo económico; para el revisionismo, evidencian una política de dependencia. Arturo Jauretche interpretó que:
> “Con Mitre se organiza el país para que produzca barato y exporte sin valor agregado”.
Durante su gobierno se consolidó la centralización del Estado, se reprimieron los últimos levantamientos federales y se profundizó el avance sobre territorios indígenas. Estos procesos han sido valorados de manera divergente según las corrientes historiográficas, como construcción del Estado nacional o como eliminación violenta de proyectos alternativos.
En 1865, Mitre asumió el mando del ejército aliado en la Guerra de la Triple Alianza. En una proclama inicial aseguró:
> “La guerra será breve y decisiva”.
Sin embargo, el conflicto se prolongó y alcanzó niveles de violencia inéditos. Tras la derrota aliada en Curupaytí, informó:
> “El valor de las tropas no ha podido compensar las dificultades del terreno y la solidez de las posiciones enemigas”.
El historiador León Pomer analizó posteriormente:
> “Curupaytí fue la demostración más clara de la improvisación y la subestimación del enemigo”.
Finalmente, el Imperio del Brasil asumió el control efectivo de la guerra, y Mitre fue desplazado del mando activo.
En el plano intelectual, Mitre ocupó un lugar central como fundador de la historiografía liberal argentina. Su obra fue decisiva para establecer un relato canónico del pasado nacional. Las críticas posteriores se centraron en las omisiones y selecciones que acompañaron ese relato. Norberto Galasso señaló:
> “Mitre escribió la historia del vencedor, pero la escribió como si fuera la historia de la Nación”.
En una línea similar, Jorge Abelardo Ramos sintetizó:
> “Mitre venció en Pavón y luego venció en los manuales”.
Desde una perspectiva, puede afirmarse que Bartolomé Mitre fue una figura compleja y decisiva del siglo XIX argentino: un dirigente con escasos logros militares directos, notable habilidad política, enorme influencia intelectual y un papel central tanto en la organización del Estado nacional como en la construcción del relato histórico dominante. Las interpretaciones sobre su legado continúan siendo objeto de debate, reflejando tensiones profundas sobre el modelo de país, la soberanía y el sentido de la historia argentina.
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Fuentes;
José María Rosa– Historia Argentina, Tomos V y VI,
Jorge Abelardo Ramos– Revolución y contrarrevolución en la Argentina,
Arturo Jauretche– Los profetas del odio.– Manual de zonceras argentinas.
Norberto Galasso– Mitre, el historiador falsificado.
Fermín Chávez– Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina.
Tulio Halperin Donghi– Proyecto y construcción de una nación.– Una nación para el desierto argentino.
Vicente Fidel López– Historia de la República Argentina.
Ricardo Levene
).

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