Biddy Mason caminó más de 2,700 kilómetros cargando a su bebé, no hacia la libertad, sino hacia una esclavitud que parecía no tener fin 👣. Nacida como propiedad ajena en Georgia en 1818, pasó treinta años de su vida conociendo solo el trabajo forzado y la deshumanización absoluta, hasta que en 1847 fue obligada a marchar detrás de las carretas de su esclavista, Robert Smith, en una travesía de siete meses a través de desiertos ardientes y montañas gélidas hacia California 🏔️. A pesar de que al llegar descubrió que California era un estado libre, Smith la mantuvo encadenada ilegalmente durante ocho años más, hasta que en 1856, ante la amenaza de ser llevada a Texas para ser esclava por siempre, Biddy tomó la decisión más valiente de su vida: luchar por su libertad ante los tribunales ⚖️. Sin saber leer ni escribir y desafiando un sistema diseñado para aplastarla, se presentó ante el juez Benjamin Hayes, quien el 21 de enero de 1856 le otorgó a ella y a sus tres hijas la libertad que les pertenecía por derecho 🔓.
Lejos de conformarse con ser libre, Biddy se convirtió en una experta partera y enfermera en Los Ángeles, ahorrando cada centavo con una disciplina de hierro hasta convertirse en una de las primeras mujeres negras en comprar tierras en el centro de la ciudad en 1866 🏥💰. Su propiedad en Spring Street se valorizó inmensamente, convirtiéndola en una de las mujeres más ricas de la región, pero su verdadera grandeza residió en su mano siempre abierta: alimentó a los hambrientos, fundó escuelas, visitó a presos y ayudó a establecer la Primera Iglesia Metodista Africana de Los Ángeles ⛪✨. Biddy Mason falleció en 1891 como una leyenda de generosidad, dejando un legado que demostró que el éxito no se mide por lo que acumulas, sino por cuánto elevas a los demás; hoy, su memoria vive en el parque memorial que lleva su nombre, recordando a la mujer que caminó miles de kilómetros en cadenas para terminar rompiendo las de toda una comunidad 🌍💫.
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