viernes, 28 de noviembre de 2025

El 28 de noviembre de 1936 fue fusilado por milicianos del bando republicano en Paracuellos de Jarama

 



El 28 de noviembre de 1936 fue fusilado por milicianos del bando republicano en Paracuellos de Jarama Pedro Muñoz Seca, escritor y autor de teatro perteneciente a la generación del 14 o novecentismo. Fue considerado por Sainz de Robles como el «fénix de los ingenios del siglo XX», y Valle-Inclán dejó escrita esta definición sobre su obra:

«Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro».
Nacido en el municipio gaditano del Puerto de Santa María, estudió bachillerato en el colegio jesuita de esa localidad junto a Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón. En 1901 concluyó sus estudios de Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Sevilla, ciudad donde conocería el mundo del teatro. Allí estrenó en 1901 una obra cómica de un acto, Las guerreras, y en 1903 el sainete El maestro Canillas en El Puerto de Santa María. Marchó a Madrid en 1904, donde estrenó su primera obra, El contrabando, en el teatro Lara, escrita en colaboración con Sebastián Alonso. Allí trabajó de profesor de griego, latín y hebreo y en 1908 comenzó a trabajar en el Ministerio de Fomento y se casó con la cubana María de la Asunción de Ariza y Díez de Bulnes.
Entre los años 1910 y 1920 su figura como autor teatral se consolidó como la creadora de un nuevo género teatral denominado astracán o astracanada, caracterizado por una búsqueda de la comicidad a todo trance, incluso a costa de la verosimilitud y desfigurando el lenguaje natural. Su obra más célebre dentro de este género fue La venganza de don Mendo, parodia delirante de los dramas medievales. Aunque para algunos críticos es considerado un autor menor, lo cierto es que el teatro de Pedro Muñoz Seca cosechó un éxito popular rotundo, hasta el punto que se hizo costumbre aprender de memoria fragmentos de sus estrenos.
Muñoz Seca alcanzó éxitos resonantes. Entre sus obras más célebres pueden citarse Los extremeños se tocan, zarzuela sin música; Usted es Ortiz (1919), burla de las tendencias superrealistas; Faustina (1919) y Satanelo (1930), visiones jocosas del mito de Fausto; La plasmatoria (1935), con el tema del espiritismo y la reencarnación del Tenorio. También escribió farsas como La caraba (1922), y Calamar (1927), sátira contra el mundo del cine; y La oca (siglas de una imaginaria libre asociación de "obreros cansados y aburridos"), una sátira antiobrera. En El roble de la Jarosa (1915) intentó la comedia seria. Colaboró con frecuencia con Pedro Pérez Fernández. El teatro de Muñoz Seca puede valorarse como un antecedente de la obra humorística audaz, pero inteligente y sólida, de Enrique Jardiel Poncela.
Cuando se inició la guerra civil española, estaba con su esposa en Barcelona por el estreno de La tonta del rizo, que tuvo lugar la noche anterior al estallido, y fue detenido por milicias anarcosindicalistas que dominaban la ciudad condal, en la casa de un actor que le había aconsejado abandonar el hotel en el cual se había alojado. Acusado de albergar ideas monárquicas y católicas, fue trasladado a Madrid y encarcelado en la recién creada cárcel de San Antón (establecida en esos mismos días en el antiguo Convento de San Antón); su esposa fue puesta en libertad, ya que era ciudadana cubana. Fue víctima de una de las sacas de las matanzas de Paracuellos y fusilado en esa localidad junto con otros 112 presos de la cárcel de San Antón. Humorista hasta el final, sus últimas palabras, dirigidas al pelotón de fusilamiento, fueron:
«Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso —como estáis al hacer— mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo ahora mismo!».
Según declaró después de la guerra la persona a la que obligaron a enterrar el cadáver y que presenció su ejecución, las últimas palabras de Muñoz Seca fueron: «Ahí va el último actor de la escena; hasta al morir, con la sonrisa en los labios. Este es el último epílogo de mi vida».
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